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Viernes, 10 de Septiembre de 2010
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Jueves, 29 de Julio de 2010
Habrá monitoreo conjunto de Botnia y del río Uruguay ("Esto no es lo que nos prometió Timerman", cuestionan asambleístas). Quejas de De Angeli
La presidenta Cristina Kirchner y su par de Uruguay, José Mujica, firmaron ayer un acuerdo que establece el monitoreo conjunto de la planta de UPM (ex Botnia) y del río Uruguay para controlar una posible contaminación ambiental.
Mariano Obarrio
El trabajo estará a cargo de una comisión de científicos que podrán ingresar en la pastera ubicada en Fray Bentos y en otras plantas de producción agropecuaria en suelo argentino.

Ese paso, clave para superar el largo conflicto entre los dos países, fue anunciado por los cancilleres Héctor Timerman y Luis Almagro en la residencia presidencial de Olivos tras el encuentro entre ambos presidentes.

Por la noche, en la Casa Rosada, Cristina Kirchner calificó de "muy bueno" el entendimiento. "Con Mujica siempre hay muy buena onda. La verdad es que le encontramos la respuesta a un problema de años que teníamos que superar", dijo.

Sin embargo, la asamblea de Gualeguay- chú, que protestó durante tres años y medio con un corte del puente que une esa ciudad con Fray Bentos, del lado uruguayo, no se mostró conforme. Ratificó ayer que respetará el levantamiento del bloqueo, pero confirmó que marchará hoy al mediodía en protesta ante la embajada de Finlandia. Según los asambleístas, el acuerdo "favorece la postura uruguaya".

"Es un acuerdo ejemplar en el marco del tratado y de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU)", señaló la mandataria, que se mostró exultante, también, por el anuncio que hizo al mediodía sobre el aumento de las jubilaciones, como se informa en la página 5.

"Cuando estoy en Montevideo, parece que estoy en una calle de Buenos Aires. Nada puede separarnos", dijo la Presidenta, al destacar su cercanía con Mujica.

Cristina Kirchner explicó que el monitoreo se hará "de acuerdo con las normas de la CARU: dos científicos argentinos y dos uruguayos". Y añadió que "se forma un comité científico que funciona dentro de la citada comisión administradora".

Ante una pregunta sobre si el entendimiento firmado ayer iba a satisfacer a los asambleístas, Timerman se mostró molesto y evitó opinar: "Yo no creo, yo trabajo, mi tarea no es adivinar el futuro", dijo el canciller ante su par uruguayo.

El convenio comprende la conformación, en el plazo de 30 días y en el seno de la CARU, de "un comité científico integrado por dos científicos uruguayos y dos argentinos a elección de cada país". Su función radicará en "monitorear el río Uruguay y todos los establecimientos industriales, agrícolas y centros urbanos que vuelcan sus efluentes al río Uruguay y sus áreas de influencia", incluidas las que se ubican en la margen argentina del río.

El primer paso será comenzar con la planta de UPM (ex Botnia) y seguirá en la Argentina con un establecimiento, que será seleccionado por la parte uruguaya.

Luego continuará en forma alternativa en uno y otro país. El acuerdo prevé que cuando "se trate de un monitoreo en la margen izquierda del río, las acciones estarán a cargo de la Dinama (Uruguay), acompañada por el comité científico de la CARU y se usarán para todos los monitoreos la normativa de este organismo y la uruguaya que sea de aplicación".

En tanto, cuando se trate de la margen argentina del río, estará a cargo de la autoridad de aplicación de nuestro país y del comité y "se usarán para todos los monitoreos la normativa de la CARU y la argentina que sea de aplicación".

Se tomarán muestras por duplicado, agrega el convenio, "una de las cuales será entregada en el acto al comité científico". Las partes podrán ingresar hasta 12 veces por año a cada planta investigada.

Se utilizarán censores y todas las innovaciones científicas y tecnológicas que las partes acuerden. La información del monitoreo, dice, "será pública, respetando los tiempos científicos". Con la satisfacción de la firma, Timerman aventuró que "con esto se cierra un capítulo y comienza otro".


"Esto no es lo que nos prometió Timerman"
Marcelo Veneranda
A medio camino entre la preocupación y la desconfianza, la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú analizaba al cierre de esta edición los términos del acuerdo firmado por los presidentes de la Argentina y Uruguay para monitorear la pastera UPM (ex Botnia). Mientras esperaban la opinión de sus técnicos y especialistas, sólo una cosa parecía cierta en el Club Frigorífico, donde se daba el cónclave: lejos está el convenio de cerrar el conflicto.

A la incertidumbre por los alcances del breve documento leído ayer por el canciller Héctor Timerman se sumó, además, la ansiedad por una noticia llegada desde el juzgado federal de Concepción del Uruguay, que volvió a citar a los diez asambleístas denunciados penalmente por el Gobierno para que presenten a sus abogados.

"No quiero ser apresurado, pero ¿vos entendiste lo mismo que yo?", preguntaba el abogado y ex intendente de Gualeguaychú, Luis Leissa, luego de escuchar con sorpresa que el acuerdo fijaba un máximo de doce controles anuales a Botnia. "Nosotros propusimos un seguimiento permanente y mucho más riguroso que esta versión light y permisiva", agregó. Y concluyó: "Esto, así como está, de ninguna manera cierra el conflicto".

La misma sensación de incertidumbre invadía al coordinador de la Asamblea, Roberto Marchesini. "Estoy muy preocupado, esto no es lo que nos prometió Timerman", dijo a LA NACION, para insistir en el límite de doce controles anuales: "No me quiero apurar, pero nosotros le propusimos al Gobierno un control de 365 días al año y esto [por el acuerdo] se parece más a entrar en la pastera una vez por mes para sacar una foto, mientras Botnia posa".

El 6 de julio, Timerman recibió una propuesta de monitoreo de parte de los asambleístas, a quienes les prometió que el Gobierno aspiraba a ir más allá del control planteado inicialmente por el fallo de la corte de La Haya. En ese documento, los vecinos de Gualeguaychú proponían un control constante de por lo menos tres meses en la planta y de un año fuera de ella, con análisis diarios, semanales y quincenales de los efluentes líquidos y emisiones gaseosas. También detallaron con precisión los elementos contaminantes por relevar y sus máximos tolerables.

El convenio difundido ayer, si bien establece un control científico de ambos países sobre Botnia y fija la publicidad de los resultados de los análisis científicos, tal como requerían los ambientalistas, deja abiertos al "acuerdo de las partes" el tipo de seguimiento y la tecnología que se empleará en el monitoreo del agua y el aire.

Esa indeterminación, pero sobre todo el límite de doce controles anuales a Botnia, fue lo que despertó la desconfianza de la Asamblea.

El asambleísta José Pouler tampoco se mostró satisfecho por el acuerdo suscripto ayer entre los presidentes de ambos países. "Habrá que leerlo bien y después contestaremos", aclaró, antes de dar su opinión: "Si trabajaron tanto para este triste acuerdo, es lamentable". Similar postura tomó Jorge Fritzler: "No hay que apresurarse, pero hay cosas del acuerdo que no cierran, principalmente que no haya un monitoreo continuo".
Alerta desde la Justicia

Lo que también inquietaba anoche a los asambleístas era la citación que cursó el juez federal de Concepción del Uruguay, Gustavo Pimentel, a los diez asambleístas denunciados penalmente por el Gobierno por liderar el corte sobre la ruta internacional 136. Pimentel había rechazado originalmente el decreto firmado por la Presidenta, al afirmar que el corte no constituía delito.

Pero, tras la apelación de la fiscal Daniela Neyra y la confirmación de la Cámara Federal de Paraná, el magistrado les dio tres días a los dirigentes para que presenten sus abogados. "O es una garantía de un buen juez preocupado por la defensa de los acusados o es una amenaza para quienes ni siquiera figuran como imputados en la causa", señaló un asambleísta a LA NACION, sin perder de vista que la citación llegó el mismo día en que el Gobierno daba a conocer el acuerdo con Uruguay.

Hoy, un grupo de asambleístas se trasladará a la Capital Federal para protestar, a partir de las 11, frente a la embajada de Finlandia, país de origen de la pastera.


Opinión
Solución política, más que científica
Vicente Palermo
Hace muy poco tiempo la relación entre los gobiernos uruguayo y argentino estaba en su nadir y las posiciones parecían inconciliables. Del lado argentino, entre la metralla de declaraciones, recuerdo una perla: "No vamos a hacer un monitoreo conjunto para ver cómo Botnia contamina".

Haber recurrido a la Corte Internacional de Justicia fue el lamentable resultado de un extenso período de mala política. Pero ese elevado precio no fue en vano: el fallo fue recibido como correspondía y la situación comenzó a destrabarse. En el nuevo escenario, los sectores más duros del asambleísmo de Gualeguaychú se quedaron sin política; ganó terreno en la opinión pública un ánimo de hartazgo con el obcecado bloqueo y a favor de un acuerdo; y el nuevo presidente uruguayo mostró destreza y buena voluntad e hizo su parte para despejar de obstáculos el camino hacia este entendimiento.

El acuerdo por el monitoreo del río Uruguay consiste en la integración de un comité científico, en el seno de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU), con funciones de monitorear "todos los establecimientos industriales, agrícolas, y centros urbanos que vuelcan sus efluentes". La autoridad de aplicación de cada país (Dinama, para Uruguay; aún por determinar, en el caso de la Argentina) tomará muestras del río. El monitoreo consistirá en el examen de las muestras, así como de las emisiones gaseosas. El acuerdo tiene implicaciones muy importantes.

Nadie ignora que, sobre todo en la margen argentina del río, pululan fuentes de contaminación de todo tipo. La creación de una apropiada autoridad de aplicación -no significa crear un nuevo organismo, pero sí reunir los recursos humanos y financieros necesarios- tendrá urgencia. Que se establezca, taxativamente, que se trata de tomar muestras excluye ideas fantasiosas sobre formas de control lindantes con la inspección policíaca.

En vísperas del acuerdo, entre mucho Twitter y declaraciones confusas, alguien expresó que había que "dejar la cuestión en manos de la ciencia". Mejor abandonar rápidamente esta ilusión. La buena política estuvo detrás de este éxito y deberá estar detrás del buen funcionamiento del dispositivo previsto. No se trata de arrasar con los técnicos, al contrario; pero ningún técnico podrá establecer, a partir de criterios puramente técnicos, la línea de corte entre lo que es ambientalmente sostenible y lo que no. Es improbable que el acuerdo satisfaga a los asambleístas recalcitrantes, pero también lo es que recuperen la capacidad de acción de otrora. "Volver al corte" es fácil de decir, no de hacer, y su base vecinal está disgregada.

Quedan temas pendientes; un gran amigo de la Argentina, el ex embajador Alberto Volonté, observó que son casi tres decenas. Recuerdo uno de ellos: el dragado de los canales. Ojalá aprovechemos el impulso y dejemos atrás tanta querella inútil.
El autor es investigador del Conicet y miembro del Club Político Argentino.


El escenario
La urgencia es de Mujica
Jorge Elías
Desde abril, cuando la Corte Internacional de Justicia de La Haya concluyó que la planta UPM (ex Botnia) no contamina y ordenó a ambos gobiernos el control conjunto del río Uruguay para prevenir daños en el medio ambiente, José Mujica parece tener más apuro que Cristina Kirchner en resolver el entuerto. El gobierno de Uruguay debe acordar el monitoreo con el argentino, pero el argentino, a su vez, debe aplicar en Gualeguaychú la teoría de las ventanas rotas.

¿De qué se trata esa teoría? En 1969, Philip Zimbardo deja abandonado un coche con las placas arrancadas y las puertas abiertas en las peligrosas calles del Bronx, en Nueva York. Lo desmantelan en menos de 10 minutos. En un par de días pierde todos los objetos de valor. Termina destruido. En forma simultánea, el psicólogo de la Universidad de Stanford deja abandonado otro coche en condiciones parecidas en las calles de un lujoso barrio de la ciudad de Palo Alto, en California. No pasa nada durante la primera semana. Permanece intacto.

Entonces ¿los ricos respetan más la propiedad privada que los pobres? Zimbardo quiere averiguarlo. Le hace un par de abollones y, con un martillo, le rompe una ventanilla del coche de Palo Alto. En cuestión de horas queda como el coche del Bronx.

Moraleja: una vez que comienzan a desobedecerse las normas que procuran fijar el orden de una comunidad, la mala conducta se contagia con sorprendente facilidad. Del experimento de Zimbardo surge la teoría de las ventanas rotas, publicada en 1982 por James Q. Wilson y George L. Kelling en The Atlantic Monthly .

"Consideren un edificio con una ventana rota -explican-. Si la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas ventanas más. Finalmente, quizás hasta irrumpan en el edificio, y si está abandonado, es posible que sea ocupado por ellos o que prendan fuego adentro."

La gente actúa de ese modo no sólo porque puede ser divertido romper ventanas, sino, también, porque las ventanas rotas permiten inferir que nadie se preocupa por el deterioro del edificio. No aplica esta teoría el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, en 1994, con su política de tolerancia cero para combatir el delito. ¿Habría servido para atenuar los reclamos de los asambleístas de Gualeguaychú, antes alentados por Néstor Kirchner?
Acuerdo

El acuerdo fogoneado ahora por los cancilleres Héctor Timerman y Luis Almagro prevé la creación de un comité científico que hará el monitoreo del río con la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU). ¿Desactivarán ambos gobiernos, sobre todo el argentino, la protesta de los asambleístas, centrada durante tres años y medio en mantener cortado el puente internacional San Martín hacia la ciudad uruguaya de Fray Bentos?

Los autores de la teoría de las ventanas rotas aconsejan arreglar el problema cuando aún es pequeño. En Gualeguaychú, Néstor Kirchner ha justificado el bloqueo del puente como un apéndice de la libertad de expresión. La intención de Cristina Kirchner de aceptar el veredicto de La Haya y volver todo a foja cero ¿significaría, acaso, una violación de ese derecho?

En algún momento, más allá del acuerdo con Mujica, el gobierno argentino debe prestar atención a las ventanas rotas. Los asambleístas de Gualeguaychú pueden creer que es normal el estado en el quedan los coches en el Bronx y Palo Alto. Sería insistir en el error y, a su vez, intentar justificarlo, como el bloqueo de cualquier puente hacia la legalidad.


"No es histórico, sino un día de historieta"
Nelson Fernández
MONTEVIDEO.- Sólo un gobierno que está convencido de que la planta no genera contaminación acepta firmar lo que ayer suscribió el presidente uruguayo, José Mujica, con su colega argentina, Cristina Kirchner, aseguraban ayer en el entorno del mandatario oriental. No hubo ánimo festivo por el acuerdo, que aparece como punto final de un largo conflicto binacional.

En la coalición de izquierda gobernante hubo dos tipos de sensaciones. Los más cercanos al ex presidente Tabaré Vázquez lamentaban que se hubiera perdido tanto tiempo y se hubiera sufrido hasta un bloqueo de paso fronterizo para terminar con un monitoreo compartido, como se había planteado en 2004 y acordado en principio. Los más cercanos a Mujica se mostraban satisfechos, pero con cautela.

Al regresar a Montevideo, el propio presidente uruguayo dijo que se termina un diferendo, pero "seguramente van a surgir otros", y fue prudente al definir la jornada: "No es un día histórico; es de historieta", dijo.

Luego de sellar el acuerdo con la Argentina, el canciller oriental, Luis Almagro, convocó a los líderes de la oposición para explicar los detalles. Pero Mujica optó por ir al Palacio Legislativo a presenciar la interpelación que un opositor realizaba a su ministro del Interior, Eduardo Bonomi, por la tragedia de una cárcel del interior, donde por un incendio murieron ocho reclusos.

Sobre el acuerdo de ayer, Mujica dijo que fue fruto de una "paciente negociación" y advirtió que venía trabajando desde hace "mucho tiempo", incluso desde antes de asumir como presidente, en "tratar de crear un clima que ayudara, porque no se puede negociar en un clima de reproches". Recordó, además, una de sus clásicas frases para mostrar la importancia de tener buena relación con la Argentina: "Los países no se mudan".

En Uruguay consideran que el ingreso en la planta de UPM (ex Botnia) debe realizarse con las garantías de que el interés será científico y de control ambiental, y que en los hechos se hará lo mismo que se efectúa ahora, pero con una representación técnica de la Argentina.

Al volver al país, Mujica dijo que siempre confía en el "cultivo de las relaciones personales" y destacó que eso se basa en la "subjetividad humana" porque "los expedientes no negocian, los diccionarios no negocian". Finalmente, destacó su tarea: "La relación no cayó del cielo".

El ex presidente Jorge Batlle, en cuya gestión se dio el aval para la instalación de Botnia, le había deseado por la mañana "suerte" a Mujica para este final de la negociación.


Duhalde apoyó una baja de las retenciones a la soja (Quejas de De Angeli)
La Exposición Rural de Palermo volvió ayer a ser una caja de resonancia política. Un día después del debate por el futuro de las retenciones que protagonizaron los bloques opositores en la exposición, el ex presidente Eduardo Duhalde visitó el predio de Palermo de la Sociedad Rural Argentina (SRA) y fustigó al Gobierno por la política oficial hacia el campo. Además, apoyó una eliminación de las retenciones para algunos productos, como es el caso del trigo y el maíz, y una reducción de las retenciones a la soja una vez que venzan las facultades delegadas del Congreso al Poder Ejecutivo, el 24 del mes próximo. Duhalde también criticó la política sobre la producción de carne.

"Estoy de acuerdo con quitar las retenciones de determinados tipos de productos y, en el caso de la soja, reducirlas paulatinamente", afirmó el ex presidente. En 2002, después de haber impulsado la devaluación del peso, Duhalde reimplantó las retenciones. En esa oportunidad, dispuso un 10% para la soja. En la muestra de ese año, Duhalde no concurrió a la inauguración oficial y su secretario de Agricultura, Rafael Delpech, que leyó un discurso, fue abucheado desde las tribunas.

Ayer, al recorrer la exposición, Duhalde criticó a la administración Kirchner porque, según afirmó, "éste es un gobierno que no entiende de desarrollo". El ex presidente añadió: "Un país puede tener un gran crecimiento, pero el desarrollo es otra cosa. El crecimiento puede ser casual: un país encuentra petróleo y crece. El desarrollo siempre es causal. Siempre es el Estado el que ayuda a que se puedan desarrollar las potencialidades". Según Duhalde, "la Argentina todavía no ha desplegado ni el 40% de su potencial productivo". En este sentido, consideró que el país posee "el mayor potencial productivo de América del Sur". Pidió imitar el trabajo que están realizando países como Brasil y Uruguay.

Tras haber sido recibido por el presidente de la SRA, Hugo Luis Biolcati, Duhalde también calificó de "situación incomprensible" lo que está ocurriendo con la carne.

"Estamos en el peor momento de stock de carne, de consumo por habitante y de exportaciones", apuntó. El ex presidente aseveró que esto sucede por la "falta de previsibilidad".

Quejas de De Angeli
Además del ex presidente, Alfredo De Angeli, presidente de la Federación Agraria de Entre Ríos, también visitó la muestra e incluso almorzó con Duhalde. Del encuentro también participó el secretario general de la Uatre (trabajadores rurales), Gerónimo Venegas.

Respecto de la situación del campo, De Angeli se quejó de la suba de costos a los productores y dijo que "hay una inflación encubierta". "Pagamos un gasoil de casi un dólar por litro, cuando hace dos años pagábamos a razón de 60 centavos de dólar por litro", señaló el dirigente.

Entre otros temas, el ruralista también se pronunció sobre el debate por el 82% móvil para los jubilados. En este punto, sostuvo que el Estado "tiene que devolver a los jubilados la plata que aportaron".
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