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Martes 26 de junio de 2018
Franco Armani, en el arco que quema: el sueño de toda la vida y el desafío de jugar con los pies (tras el fallido del entrerriano Caballero)
Armani

Se buscan casi con desesperación argumentos para creerle a esta Selección que habrá una reinvención mágica aquí, en esta ciudad con tanta historia como encantos, en esta San Petersburgo que en el 1700 inventó Pedro el Grande y que se llamó Leningrado después de la muerte de Lenin y hasta la caída de la Unión Soviética en 1991, en este rincón que saluda casi a cada paso con un palacio, con un museo, con un puentecito que cruza cada uno de los tantos canales que invitan a ser navegados y que explican por qué también se la conoce como "La Venecia del Norte". Más allá de las caricias de los hinchas a los jugadores en esa fiesta que montaron en la puerta del hotel de la concentración celeste y blanca, dejando a un lado el costado emocional que Jorge Sampaoli quiso reforzar en la conferencia de prensa, apareció una señal que no sea Lionel Messi para confiar al menos en algún otro aspecto: el arquero.

Por primera vez como titular de la Selección, se sentó Franco Armani delante de todos los periodistas. Es cierto: no habló como si fuese a atajar contra Nigeria porque no confirmó el equipo Jorge Sampaoli, el mismo técnico que lo dirigió en la sexta de su Alumni natal. Entonces, el casildense nacido en Barrio Centro que vuela de palo a palo debió acomodar cada respuesta aclarando que no sabe aún si debutará en Argentina como reemplazante de Wilfredo Caballero, el dueño de la desgracia contra Croacia que rompió el resultado y desató goleada y el caos. 

De todas maneras, a pesar de ese contexto singular que debió enfrentar, Armani regaló seguridad atajando preguntas. Hubo un tema sensible que resolvió con absoluta solvencia: el juego con los pies, el ítem que terminó condenando a Caballero y que a él suele marcársele como una debilidad, aunque igual el reconocimiento es unánime porque en apenas seis meses supo hacerse gigante achicando el arco de River al extremo, tanto que acabó con un problema en ese puesto que llevaba años sin que nadie pudiera resolverlo.  

Ubaldo Fillol, una leyenda del arco de la Selección, había dicho que el arquero tiene que atajar antes que jugar con los pies. Lo había declarado en referencia a Armani. Era un elogio, en definitiva. El Pato quería representar que el Chili (así le dicen en Casilda al ahora "1" de River) debía ser el titular en el arco argentino.

"Yo me siento un arquero capacitado. No es nada nuevo para mí jugar con los pies. Este tiempo que llevo en la Selección hemos trabajado el inicio de juego, la salida del equipo. Tengo esa información, ese conocimiento, para poder resolverlo cuando me llegue la oportunidad de jugar", devolvió Armani. Y completó con un toque repleto de contundencia: "El arquero tiene que tener un poco de cada cosa. Y me siento un arquero que tengo un poco de cada cosa y que está capacitado para jugar con los pies". Fueron definiciones que sonaron desbordadas de convicción, un factor clave para hacerse cargo de un rol tan caliente.

También estacionó en el equipo y en el partido: "El equipo se siente muy bien. Tenemos esta oportunidad que nos ha dado Dios de pelear la clasificación. Estamos todos mentalizados de que la podemos conseguir, con mucha fe". De nuevo, no dudó: "Vamos a ganar. Vamos a sacar un buen resultado y a obtener la clasificación Tenemos que saber que nos jugamos cosas muy importantes". 

No podían faltar palabras de Armani para Caballero, el arquero que perdió su lugar, el que sufrió ese blooper que jamás se olvidará: "Eso nos puede pasar a todos los arqueros. Es una situación normal de partido. Le di palabras de apoyo, de aliento. Me demostró que es una gran persona, con un corazón inmenso, humilde, muy profesional".

Con cierta nostalgia, Franco Armani contó: "Es cierto que mi carrera fue un proceso, pero ya me imaginaba desde chiquito atajando para la Selección en un Mundial". A los 31 años, ahí lo tiene. Ahí está el sueño celeste y blanco. A mano. Listo para ser atajado.

No estará sólo hoy Armani frente a Nigeria. Contará con aliento exclusivo desde la tribuna: su mujer Daniela, mamá Analía, la suegra llamada Idalia y, por supuesto, su hermano Leandro, aquel centrodelantero ex Newell's a quien justamente Jorge Sampaoli hizo debutar en Primera en el club de Aprendices de Casilda.