| Entre Ríos EN LOS MEDIOS NACIONALES |
Jueves 02 de agosto de 2018
Sesenta minutos de historia (entrerriano preside comisión en Senado)
DondaPichettoGuastavinoLospennato

Desde la calle llegaba el cantito de “aborto legal, en el hospital”, que coreaban manifestantes reunidas en la plaza. Dentro, pasaban los minutos y se debatían consideraciones reglamentarias sobre la cantidad de firmas necesarias para un dictamen, la discusión que llevó gran parte del último plenario desde el comienzo, cuando lo planteó el rionegrino Miguel Ángel Pichetto. Eran poco más de las 3 de la tarde y recién comenzaba la reunión, tras una hora de postergación. Federico Pinedo, que ayer lideró la posición antiderechos junto con la tucumana Silvia Elías de Pérez, detallaba su interpretación del funcionamiento de la Cámara. “Típicamente las comisiones del Senado son asesoras del cuerpo, y se reúnen para discutir los temas. Y típicamente...”, dijo y no pudo soslayar cierto desconcierto fastidiado. “¿Qué es ese baile?”, preguntó, y despertó risas en el Salón Illia, repleto de senadoras y senadores, asesores, periodistas y también diputadas del grupo de Las Sororas y diputados antiderechos. “La calle”, respondió alguien, y el plenario continuó en un clima que esas risas apenas pudieron distender. Media hora después, comenzaba a circular una versión del proyecto de legalización sobre el que senadoras y senadores estampaban sus firmas. La discusión no cejó ni siquiera pasadas las 16.01, cuando el presidente del plenario anunció que “no hay firma de dictamen. El debate será en el pleno, el 8 de agosto” y otro senador replicó, mientras todos se ponían en pie: “¡el dictamen existe!”. Tan sujeto a interpretaciones políticas había sido el resultado de la reunión que la sala no se vaciaba; ni de legisladores, ni de periodistas, y mucho menos de asesores legislativos, que no tan por lo bajo barruntaban que hay por delante otra semana eterna.

La última reunión conjunta de las comisiones de Salud, Justicia y Asuntos constitucionales terminó tal como se había desarrollado a lo largo de, apenas, una hora: con intensidad y cierto revuelo. Apenas pasadas las 15, el presidente del plenario, Mario Fiad, pasó lista comisión por comisión; enumeró cantidad de presentes, que se iba modificando por la llegada de senadoras y senadores que, todavía, estaban en camino, como Cristina Fernández de Kirchner o Ernesto Martínez. Eran 12 en Asuntos constitucionales; 15 en Justicia; 14 en Salud; “hay quórum necesario”, dijo Fiad, y el plenario tuvo comienzo formal. 

“Queremos hacer un análisis de las reglas y cómo se conforma mayoría para emitir dictamen en el plenario”, dijo Pichetto en el arranque, y marcó la tónica de un debate que articuló el encuentro, a tal punto que, durante la hora y minutos que duró, la salteña Cristina Fiore, una de las líderes del sector antiderechos, trajinó sin cesar una edición impresa del reglamento de la Cámara y chats de whatsapp. “Hay algo de chicana porque la Cámara ha votado el tratamiento de esta cuestión en recinto con o sin despacho de dictamen”, azuzaba Pinedo a medida que se debatía cómo considerar firmas y sin subrayar, como hizo Pichetto sobre el cierre del plenario, que quienes se oponen a la legalización no presentaban ninguna propuesta de dictamen. El entrerriano Pedro Guastavino acababa de anunciar que quienes avalan el proyecto pasarían a firmar una propuesta de dictamen (mejor, sugirió, “este debate dejarlo para recinto”) cuando Pinedo reparó en las canciones callejeras y preguntó por ellas. Arguyó, luego, Pinedo, durante su deriva, que la Constitución y “la ley de los enfermeros” contrarían la legalización (añadió referencias al Código Civil, “porque lo votamos hace poco”, dijo, y Pichetto aclaró fuera de micrófono: “usted no lo votó”); definió al texto con media sanción como “proyecto de terminación de la vida del niño por nacer”.

A la sala, a medida que pasaban los minutos, iban llegando diputadas del grupo que lideró la aprobación del proyecto en la Cámara Baja. Llegaron, también, representantes de sectores antiderechos.

Pasados 25 minutos del inicio, el neuquino Marcelo Fuentes se acercó al escritorio de los presidentes de comisión y firmó el dictamen. Le siguieron Martínez, el chubutense Mario Pais, el catamarqueño Oscar Castillo. Poco después, mientras el formoseño José Mayans requería, otra vez, que el secretario de la reunión leyera en voz alta un artículo del reglamento, el texto comenzó a recorrer el salón mano en mano: en esa recorrida lo firmaron Cristina Fernández de Kirchner, Inés Pilatti Vergara, Laura Rodríguez Machado (impulsora del proyecto con modificaciones), Magdalena Odarda, entre otras. La carpeta circulaba mientras seguían los discursos.

La tucumana Elías de Pérez había retomado una vieja argumentación, la de la necesidad de girar el proyecto a la comisión de Presupuesto, y Pichetto protestaba, pero no por lo bajo. “Qué capacidad de no poder escuchar al que piensa distinto. No se quiere escuchar. Le da tanto drama escuchar a una mujer y si piensa distinto, peor”, azuzó Elías, y despertó risas de sus colegas. Minutos después, Pais insistía en que el debate debía reservarse para la sesión, y que varios de sus compañeros de Cámara habían manipulado palabras de expositores para afirmar lo contrario a lo que habían asegurado los expertos, como con la intervención de la jurista Aída Kemelmajer de Carlucci. Poco después Pichetto subrayaba: “acá hay un solo dictamen puesto en el escenario, el otro sector no tiene dictamen. Lo que quieren es mantener únicamente el debate sobre la media sanción. Nosotros hemos expresado un número importante de senadores (...) hay dictamen, voluntad política, expresada ante la sociedad. Del otro lado no hay nada. Solamente la negativa, el rechazo. Terminemos con esta discusión. No nos subestimen la inteligencia”. Al cabo de su intervención, se retiró; Pichetto pidió el recuento de firmas; con el anuncio de las 26 firmas empezaba, otra vez, el revuelo.