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Martes 11 de diciembre de 2018
El PRO puso en marcha su campaña con la ilusión del repunte económico en 2019 (el entrerriano De Angeli fue la voz más áspera del encuentro)
DeAngeli

- Cuando tomamos el timbre no sabemos si va a salir un vecino o un bulldog.

Hombre rudo, Alfredo De Angeli astilló el clima zen de la cumbre del PRO. El entrerriano pidió el micrófono que Marcos Peña había ofrecido y reprodujo del malestar de aquellos a los "no les llegó el cambio".

El bulldog, en su metáfora primaria, son los enojados con Cambiemos, los que como Jorge, un conocido suyo que tenía un aserradero, escuchó una promesa de Mauricio Macri pero acaba de quebrar.

El entrerriano, emergente de la 125, fue la voz más áspera en la convención del PRO que repasó los tres años de gestión y desplegó el speach electoral con promesas de repunte económico y convicción cultural."Un diferencial en este año duro fue nunca dejar de tocar el timbre" dijo Peña y martilló con la idea de "conversación" donde el protagonista debe ser el vecino no el dirigente.

"No hay que volverse locos: hay mucho para mostrar, y mucho para hacer en los próximos cuatro años" apuntó el jefe de Gabinete en una "lección" para los delegados provinciales.

Escuchar al otro, trasmitir convicción y repetir la idea de cambio y, sobre todo, del camino correcto. Sobre la  campaña sembró intriga: lo que hicimos en 2015 y 2017 sirve de poco para el 2019, avisó.

"Esta en nosotros revalidar a los convencidos y convencer a los que dudan o están enojados", apuntó y pareció reprochar a De Angeli cuando pidió estudiar para saber "porqué las cosas andan mal".

Escoltado por Humberto Schiavoni, Gabriela Michetti y Patricia Bullrich, Peña anotó las quejas -hubo otras, más diplomáticas- y cerró: "la gente nos va a reconocer y en los próximos diez mas vamos a generar el circulo virtuoso".

Antes y después hablaron Guillermo Dietrich y Dante Sica: el primero detalló "los logros" de los tres años pasados; el segundo pronosticó para el 2019 bondades económicas que demandó De Angeli.

Para su cumbre partidaria, el macrismo se congregó -entre café, brownies y ensalada de fruta- en el salón Araucaria de Parque Norte, complejo de gremio de Comercio que controla hace más de tres décadas, Armado Cavalieri.

Sin nombrarlo, Sica y Bullrich hablaron del "Gitano". El ministro lamentó que fracasó la reforma laboral y proyectó para "el segundo mandato" de Macri un proyecto donde la OIT oficiará de árbitro.

"Un gremio con 1,2 millones trabajadores, con 35 años de edad promedio, lo conduce alguien de 84 años" citó Sica. Bullrich habló de empresarios que negocian con gremios porque "arreglan siempre".

La ministra fue un imán de selfies, menos demandada que María Eugenia Vidal que estuvo en la apertura con Horacio Rodríguez Larreta. Hace poco fusionó su partido con el PRO y escaló a figura central.

Fue la más aguerrida. Habló de "los Moyanos de la vida" en referencia a empresarios y gremios que no quieren el cambio y dijo que desde 1930 por primera vez un "gobierno sin características mafiosas va a terminar su mandato".

Le apuntó a "la dinastía" Kirchner: dijo que querían turnarse en el poder "Néstor, Cristina, Néstor, Máximo y Florencia", y que al dejar el poder, el Kirchnerismo agitó el fantasma del helicóptero. Hizo ?una revelación: "En un momento, nosotros tuvimos un cierto miedo por una situación de crisis que pasamos, pero la remontamos?".

MIchetti quedó a cargo del mensaje final: dijo que el gobierno de Macri es el mejor al menos desde que "yo estoy en el Estado, desde 1988" y auguró que el 2019 "vamos a transitar la senda de los buenos resultados y el crecimiento".

El PRO limitó la reelección de autoridades partidaria e incorporó la paridad de género en una jornada repleta de voces femeninas: Vidal con la vindicación de la gestión bonaerense, Michetti, Bullrich y, entre otras, Carmen Polledo que pidió por Mauricio 2019.