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Lunes 07 de octubre de 2019
River-Patronato: una victoria sin discusión, con un Borré brillante en una función corta y letal (derrota del club entrerriano)
PatronatoRiver

El fútbol es un juego de contagio que, cuando se transitan momentos positivos, exacerba las virtudes y minimiza los defectos. Este River, que le ganó sin discusión a Patronato por 2-0 en el Monumental con dos tantos de Rafael Borré y sube en la tabla de la Superliga, vive rentabilizando un estadío único: está empeñado en extender esta época feliz, la mejor de su historia. Incluso en triunfos como este, gestionado en un rush de 15 minutos potentes, se advierte ese halo de competitividad que lo mantiene voraz. Porque el equipo no fue esa trituradora ofensiva que deglute al oponente cuando hay algo pesado en juego, ni cosechó la goleada que por un instante amagó. Pero demostró que tiene una jerarquía de conjunto muy difícil de emparejar en el fútbol argentino. Y, visto el tránsito de estos años, también en América.

En el amanecer del partido, River amagó con imponer las condiciones que marcan el pulso de todos sus partidos a partir de jugar con sus líneas adelantadas y presionando enseguida ante cada pérdida. En esa idea, la movilidad de los volantes se torna imprescindible para crear espacios, los pocos que iba a ofrecer Patronato en su defensa. Es un ejercicio que River tiene bien aceitado, y no por repetido resulta fácil de neutralizar para sus rivales. Pero, claro, para que las asociaciones en ataque deriven en acciones reales de peligro hace falta disponer de una dinámica que, de a poco, River fue extraviando en el primer tiempo.

La tarde de sol, una fiesta para los sentidos, le daban un marco inmejorable a lo que el equipo de Gallardo podía imaginar como una continuidad de la celebración de hace cinco días, cuando aquí mismo estableció claras diferencias sobre Boca en la semifinal de ida de la Copa Libertadores. Pero Patronato no estaba dispuesto a ser un partenaire amable y despreocupado por su destino. Aquí mismo, en enero, había ganado 3-1 con armas modestas y efectivas. Las mismas que trajo este domingo de octubre: repliegue, persecuciones y salidas en contraataque cuando se pudiera.

River necesitaba un revulsivo, estaba visto. Al entretiempo llegaron envueltos en una paridad llamativa. Pero el comienzo de la segunda parte entregó señales de lo que vendría, con el equipo local más enchufado, como si algo en el vestuario los hubiera activado. Vino lo mejor del partido, lo más atractivo a la vista, con combinaciones en velocidad que ya Patronato no pudo defender. La ráfaga de los dos goles de Borré en dos minutos le dio brillo a ese pasaje eléctrico. En las dos jugadas resultó decisiva la implicación de Matías Suárez: en la primera al tirar ese centro atrás que tan bien ejecuta y en la segunda al devolver de espalda y a un toque la pelota para que luego De la Cruz habilitara al coloimbiano. Detalles, al cabo, que exudan la jerarquía y crean la diferencia.

Después, en una cadena de pases ininterrumpidos que duró un minuto y medio, la gente -que a esa altura disfrutaba- se puso de pie para aplaudir al mentor de esta época, una que River celebra y extiende. El "¡Muñeco, Muñeco!" pareció bajarle el telón a una función cortita y letal, la que decidió el resultado. Faltaban 20 minutos de partido, pero ya era lo de menos. Quedaba, en todo caso, el salto en el calendario que el público hizo al final, remitiendo a la vuelta contra Boca en la Bombonera. Allá irá River el 22 de octubre, munido de argumentos que no por conocidos resultan sencillos de desactivar.