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Domingo 24 de noviembre de 2019
La nueva vida de Vitette, protagonista del “robo del siglo” (robó y estuvo preso en Entre Ríos)
LuisVitetteSellanes

El joven que en 33 años se convertirá en el "Hombre del traje gris" tiene que apoyarse en un bastón para no perder el equilibrio. Es agosto de 1973 en San José, una ciudad uruguaya ubicada a 110 kilómetros de Montevideo, y Luis Mario Vitette? Sellanes, que ya cumplió los 18, está pasado por el alcohol y los sedantes. Lo acompaña un amigo, en igual estado. En la cuadra por la que caminan está por inaugurarse un teatro. Y como distintas personalidades de la política caerán en minutos, la zona está custodiada. La tranquilidad desaparece cuando suenan sirenas de patrulleros y motos de la Policía. Mario, sin entender casi nada, pregunta quién es el hombre que baja de un auto y se lleva todas las miradas.

“Es el presidente Juan María Bordaberry”, le explica su compañero. “Que se vaya a la puta que los parió”, responde Mario a los gritos. El presidente de facto lo escucha, mientras le abre la puerta del auto a su mujer. Segundos después un par de hombres lo reducen, lo encapuchan, lo golpean y lo trasladan a la comisaría más cercana.

“Nuestra Constitución Nacional dice que la bandera, el escudo y el presidente son símbolos sagrados de una Nación, y usted le faltó el respeto a uno de nuestros símbolos”, le dice un militar de alto grado, en el sexto día de detención. “Pero ahora se va... Quiero que sepa que se va porque su padre es una persona reconocida en la ciudad, y ahora sabemos que lo suyo fue cuestión de una borrachera”.

Esa fue la primera detención del "Hombre del traje gris". Y es una de las tantas historias que el mismísimo Luis Mario Vitette Sellanes, hoy de 64 años, cuenta en el libro que saldrá a la venta en breve. Se llama “El ladrón del siglo” (Planeta).

“Me entrevistaron para revistas francesas y españolas. Rodrigo de La Serna contó que se inspiró en mí para su papel en la película ‘Cien años de perdón’. En Argentina se publicaron notas en los medios que te puedas imaginar. Hasta se escribieron canciones y se grabaron video clips. Tengo 20 mil seguidores en mis redes y en enero se estrena la película del Robo al Banco Río (NdelaR: ocurrido en enero de 2006 en Acassuso, donde se robaron 145 cajas de seguridad). Me interpreta Guillermo Francella”, enumera Vitette desde Uruguay, donde vive con su mujer y su hijo más chico, luego de ser expulsado por la Justicia argentina en 2013.

Trabaja en el taller de joyería y relojería antigua que montó, y atiende personalmente. Y concluye la respuesta al por qué del libro con una de sus tantas frases: “Todos tomaban naranjada. Pero el pobre naranjo, nada… hasta que dije: aprovecho, cuento una historia y me gano unos pesitos. Y se vienen más cosas, eh”.

El primer ingreso a la cárcel del futuro y lejano "Hombre del traje gris" sería en 1976. Fue acusado por un robo y homicidio y terminó en la Unidad Punta Carretas. Desde ese día, reflexiona, nada sería igual.

“Nadie que conozca el penal de Punta Carretas se retira del delito. Nadie lo deja. Siempre se ha dicho, hasta el cansancio, que las cárceles no son una escuela, que la cárcel no es una universidad del delito, pero, entre vos y yo, sí lo es”, afirma en el libro.

“Cualquiera que esté preso tantos años sale convertido en un delincuente, aunque sea por escuchar. Aprende modalidades, formas de hacer las cosas, o cómo las hicieron otros, y uno después empieza a razonar cómo es mejor, cómo mejorar en el ocio. Y nadie que vaya preso puede salir sin quedar contaminado por todo lo que allí ve. Quien conozca la cárcel en profundidad, como yo, que estuve muchísimos años detenido, es muy difícil que no salga manchado. Algunos juzgan, sobre todo el periodismo amarillo, diciendo: ‘Escuela de delincuentes’, y yo siempre públicamente digo: ‘No, no, no, no’. Pero ahora, entre ustedes y yo, se lo reconozco. Evidentemente, uno allí aprende. Es lo que mama todos los días, es lo que escucha, es lo que ve: otro montón de perdedores iguales que uno, que han dejado la vida detenidos”.

Durante esa condena comenzó con salidas transitorias a su taller de relojería, oficio que había estudiado en la Universidad del Trabajo de Uruguay. El 22 de febrero de 1986 se cansó de la cárcel y en una de las salidas decidió no reintegrarse. A la hora que debía estar en el pabellón, viajaba a Argentina por primera vez. Seguía padeciendo las adicciones y consecuencia de eso se la pasaba detenido. Aunque salía rápido. Fingía llorar, pedía por su papá y daba un domicilio falso. Como las huellas se comparaban con una lente de aumento en lugar de una computadora, zafaba. Hasta que llegó el primer gran golpe de su vida delictiva. O, al menos, el primero que se puede contar.

Fue en Entre Ríos. La víctima, el prestamista de un Casino. Le robó cerca de 500 mil dólares. Pero caería detenido en la persecución. Vitette no se imaginaba, a esa altura, que vendrían "más y mejores" golpes para él.

De la cárcel de Gualeguaychú se fugó en enero de 1987. Cruzó a Uruguay. Los detalles están en el libro, y son de película. Volvió a Buenos Aires con un documento falso. Emprendió el viaje sin un peso. Pero en el Buquebus sumaría una nueva modalidad de robo: el escape. Se llevó la cartera de la azafata que vendía whiskys y perfumes. Aunque Vitette dice sentirse “escruchante”, a pesar de todas las especialidades del delito que practicó. Es decir, un ladrón que entra a casas o departamentos cuando sus dueños no están, y los desvalija. “El ‘escruchante’ trabaja con habilidad y destreza. Y yo tengo esas características”, explica.

“Sin esos elementos hubiese sido uno de esos ladrones que roban con armas, sin planificar nada. A mi me gusta pensar los robos: analizarlos, concretarlos, prevenir posibles imprevistos. Imaginen que un ‘escruchante’ puede voltear una puerta que pesa más de cien kilos con una herramienta de 8 o 10 gramos de metal. Es puro ingenio”.

Sus buenas épocas comenzarían en 2003, luego de pagar otra condena. Allí, después de un robo en pleno centro, compró un departamento en Rodríguez Peña al 100. Cada vez se iba emparentando más al "Hombre del traje gris" que interrumpiría en el Banco Río: se movía en una buena camioneta, contaba con unos cuántos ahorros en dólares y hasta se dio el lujo de invertir en productos importados desde China. Ya llevaba más de una década sin sufrir las adicciones del alcohol y las drogas. Pero había otra que lo podía. Dice que es la adrenalina. Esa que solo se la generaban los robos. “Yo siempre robé por ser, no por tener”, es una de las frases que tanto repitió ante los periodistas.

“Entraba a un edificio, encontraba una caja de esos relojes carísimos y eso ya me generaba adrenalina. Ahora, si adentro había un reloj que valía 50 mil dólares, mucho mejor. Pero la adrenalina no depende de un botín. Igual, ya no la necesito más para vivir”, le argumenta a Clarín, por teléfono. Robaba varias veces al día. Podía volverse a su casa con miles de dólares antes del mediodía. Y por la tarde, después de la siesta, salía otra vez a ver a qué edificio podía ingresar.

El comienzo del "Hombre del traje gris" fue de casualidad. Vitette caminaba por el centro porteño cuando se cruzó con un ex compañero de pabellón, ahora abogado, recibido en el Centro Universitario de la cárcel de Devoto. “¿Querés participar en un ilícito? Nos falta una persona capaz y dinero para invertir”, le preguntó.

Mario se sorprendió, aunque sabía que su respuesta iba a ser un “sí”. “Después del laburo que te dio luchar con las cárceles, estudiar en Devoto, convivir entre el peligro de la prisión y la liberación del estudio hasta recibirte, ¿ahora vas a cometer un ilícito? Dejate de joder. Nosotros proclamamos que estudiar en la cárcel, además de enriquecedor, es modificador de conductas, ¿y ahora?”, le planteó. El argumento era válido. Pero, para Vitette, la propuesta era irresistible.

Entonces, durante meses, el Hombre del traje gris" empezó a forjarse: compró el libro “Situaciones de crisis con toma de rehenes”, de Héctor Luis Yrimia y aprendió cada detalle. También se anotó en las clases de Teatro y Expresión corporal de una reconocida profesional. Y robó, siguió robando. Pero la adrenalina ya no estaba en los departamentos o casas de cambio a los que entraba. Estaba en lo que se venía. En el que podía ser el último robo de su vida.

Una buena parte de sus botines se destinaban a la inversión que requería lo que tanto tramaban, y lo que lo haría reconocido como el "Hombre del traje gris". Atrás, muy atrás, había quedado ese joven que pasado de alcohol y drogas insultó al presidente y conoció una celda por primera vez. Todo lo anterior y lo posterior a la preparación para el gran golpe, está en el libro.

“Hice mucha terapia y aun así no puedo encontrar una respuesta a mi oficio de ladrón. Nací y me crié en un hogar de buenas costumbres: mi mamá era ama de casa y mi papá tenía campos y comercios gastronómicos, donde lo ayudaba. No tengo bien en claro por qué elegí ese camino”, dice. Tal vez lo mejor sea que el lector saque sus propias conclusiones. Mientras tanto, del otro lado del charco, Vitette cuenta que su principal proyecto es darle una buena niñez y educación a su hijo de 4 años. Y llegar, al menos, a su cumpleaños de 18.