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Viernes 07 de febrero de 2020
La distancia entre lo que cambia y lo que permanece (mención al poeta entrerriano Juan L. Ortiz)
DanielPelegrina

Este libro de poemas de Mariana Spada podría leerse, también, como una novela. Una novela contemporánea, hecha de fragmentos, saltos temporales, transformaciones y retrocesos, identidades alteradas, momentos de abulia, pequeños destellos de epifanía ordinaria. En medio de toda esa diferencia, está lo que permanece: la voz narrativa, la protagonista de los versos que por más que mire hacia afuera siempre está buscándose.

Esa identidad evanescente es uno de los grandes hallazgos del libro, y uno de los grandes temas de la literatura contemporánea, que la considera un problema, algo que se construye a lo largo del tiempo, más que la unidad incólume a la que estamos acostumbrados. La protagonista del libro cambia, y narra lo que cambia, pero también lo que se arrastra a partir de la memoria, de las marcas en el cuerpo.

Podríamos pensar ese movimiento doble como el eje sobre el cual pivotean los poemas: la distancia entre lo que cambia y lo que permanece. La protagonista del libro es una mujer transgénero, y esa transformación en el plano de lo sexual es la marca con la que cual se abre y se cierra el libro: En “La primera descarga”, la protagonista es “el muchacho que una vez / salió a la caza de pájaros silvestres” y termina con “la culata se sintió / por fin a gusto entre mis / huesos / dejándome lista para sacudir la costa”. En este sentido, muchos poemas funcionan también como una interrogación acerca de las versiones estereotipadas de lo masculino, versus la imagen de lo femenino como la zona idílica a la que nunca termina de arribarse del todo.

La idea de lo uno como múltiple, o mínimamente como dos, recuerdan también al viejo tema del doble. Hay una insistencia entre esta sexualidad cambiante, entre los poemas de viajes y los poemas de la infancia, entre el paso del tiempo y lo que resiste, al fin, eso que llamamos memoria a falta de una palabra mejor. También el padre es una de las constantes en los poemas. Un fantasma, más bien, del mandato y la decepción de ese mandato. Marca de clase, gigante terrible, pájaro enfermo.

Spada desarrolla todos estos temas, o estas aristas de un único tema incandescente, con un estilo propio, que mezcla imágenes faulknerianas quizás autobiográficas, el espíritu siempre presente para un entrerriano (y para cualquier poeta) de Juaenele Ortiz, el desenfado de la poesía de los 90, la oscilación entre la imagen y la reflexión que caracteriza a Sharon Olds (cuyo epígrafe abre el libro) y la libertad que es capaz de abrevar en el discurso científico, en referencias griegas, en la experiencia más contemporánea. Ley de conservación es un libro, a la vez, delicado y potente, que exhibe las vísceras pero con belleza.

Ley de conservación, Mariana Spada. Gog y Magog, 80 págs.