Lunes 20 de septiembre de 2004
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Política
La UCR tendrá su Convención Nacional
Este viernes, la UCR tendrá su Convención Nacional y deberá enfrentar un momento de crisis pocas veces visto. Luis “Changui” Cáceres vuelve a escena y quiere presidir su partido...

E

s abogado, militante político, polemista, radical. En 1968 fue uno de los cofundadores de la Junta Coordinadora Nacional. Fue uno de los creadores del Movimiento de Renovación y Cambio. Después de muchos años de bajo perfil, Luis “Changui” Cáceres vuelve a las ligas mayores. Cuando la mayoría se vuelve loco por un cargo electivo, este santafesino aparece como uno de los más firmes candidatos a ser el nuevo presidente de la Convención Nacional de la UCR, que el próximo viernes reunirá a sus 347 convencionales en el local partidario de la calle Tucumán al 1600. “Lo único que permanece en el tiempo son las ideas. Y éstas se proyectan desde los partidos políticos”, dice en esta entrevista con Página/12. Defensor del debate y la autocrítica, no duda en sostener que los radicales, a veces, repiten en la interna partidaria las actitudes autoritarias que le critican al gobierno nacional. Aunque no lo identifique, el observador sabrá que ese palo fue para el gallinero del chaqueño Angel Rozas, titular del radicalismo.

–¿Cuáles son las características que tendría que tener el radicalismo?
–Estamos muy diluidos. La falta de discusión nos llevó a no tener en claro para donde vamos. Por eso tampoco se sabe cómo vamos y quiénes vamos. Todo esto forma parte del esfuerzo. Tenemos que recuperar el respeto a las leyes. Los argentinos somos proclives a pedir el respeto a la ley de los otros, pero en lo personal somos incapaces de cumplir con una ordenanza de tránsito. Algo similar pasa también dentro del partido. No debe haber cosa más violada que la carta orgánica partidaria y, sin embargo, exigimos el respeto a la Constitución y las leyes. A veces cuestionamos actitudes autoritarias del gobierno nacional, provinciales y repetimos en lo interno los mismos comportamientos. Tenemos que recuperar el valor de la palabra, el valor de la historia y la capacidad de pensar que la década del menemismo terminó de destruir. No puede ser que la historia comience cuando uno llega.

–¿Por qué se resiste a los cargos electivos y se postula para presidir la Convención Nacional de la UCR?
–Porque las cosas no andan bien en el país y andan peor en el partido. Yo vivo en este país y soy radical. Por lo tanto, no puedo hacer otra cosa que tomar cuenta de lo que ha sido mi propio discurso. No hay soluciones a los problemas de los individuos por fuera del contexto. La tranquilidad, el vivir en paz, en libertad y armonía, lo da el contexto y el contexto lo ayudamos a construir todos. Esas son las cosas que me ayudaron a ponerle el oído a algunos amigos y aceptar este desafío. Soy uno de los que viene señalando que la mala situación que atravesamos tiene que ver con las malas ideas y con las malas políticas. Para los radicales, el ámbito en el que se deben discutir las ideas y las políticas es la Convención Nacional. Así como no hay democracia sin partidos políticos fuertes, no hay democracia estable sin un oficialismo y una oposición que pueda ser alternativa de poder ante cualquier zozobra. Las alternativas pueden salir de los partidos. Los candidatos pueden salir de lo mediático. Pueden tener un crecimiento espectacular en pocos días y apagarse en pocos días. Así también son las frustraciones. Lo único que permanece en el tiempo es la idea y lo único que puede proyectar ideas es el partido. Si el partido está sin ideas, en crisis, desorientado, se debe a la falta de debate interno, la falta de líneas directrices. Yo sé que la presidencia de la Convención no fija la línea, sé que la fija la mesa, pero me convencieron que esto puede funcionar desde la militancia y a partir de la conducción.

–¿Qué política tendrían que llevar adelante en este momento?
–El radicalismo se tiene que sacar los complejos. El radicalismo es un partido que está dispuesto a pagar cualquier precio para defender la estabilidad institucional. La posibilidad de despegue de este país tiene que ver con la definición de políticas de Estado. Creo que no tenemos que tener ningún tipo de prurito en esto. Hay infinidad de cosas en las que tenemos diferencias y todo esto hace al libre juego de la democracia.

–¿Cuáles considera que son los puntos fuertes del gobierno de Néstor Kirchner y cuáles los débiles?
–En general ha tenido actitudes dignas en materia internacional. Se ha hecho eco del reclamo de terminar con la mayoría automática en la Corte Suprema. Reclamo que los radicales veníamos haciendo desde la época del menemismo. Creo que tiene en su haber una serie de cosas. En contra también tiene las suyas. Por ejemplo, una suerte de autismo. Como botón de muestra, cuando aparece sobre la mesa el reclamo de reforma política, el Ejecutivo consulta a las ONGs y no a los partidos políticos, lo que no resiste el menor análisis. Los que tienen experiencia en este tema son los partidos políticos. Reforma política es la discusión entre un régimen presidencialista y uno parlamentario. La reforma política no tiene nada que ver con la existencia de la lista sábana y, sin embargo, apareció como emblema de la reforma política. Tema que como todos puede ser discutido, pero desde la honestidad. Se habla de reforma política y se mantienen bolsones de electorado cautivo a partir de planes asistenciales. Se les tendría que advertir a los partidos minoritarios que esto podría atentar contra el sistema proporcional y dejarlos afuera de la representación parlamentaria. Habría que advertirles a las mujeres que sería imposible implementar la ley de cupos. Se tendría que precisar si hablamos de listas sábanas horizontales o verticales. Por ejemplo, habría que deslindar las elecciones nacionales y legislativas de las municipales. La lista sábana vertical es un problema solamente de la provincia de Buenos Aires y de la Capital. Se bastardean y se confunden una serie de reclamos.

–¿Qué significa para usted Elisa Carrió y qué López Murphy?
–Son personas que están tratando de armar una estructura política. López Murphy comenzó un proceso de cambios que terminó dejándolo fuera del partido. Tuvo una larga militancia radical. En el caso de Carrió su paso por el partido fue efímero. En una época en la que el menemismo recurría a figuras de la farándula o del deporte para competir electoralmente, los radicales hicimos lo mismo, pero con un poco de pudor, recurrimos a personajes de la cultura o del mundo académico. La doctora Carrió llegó al radicalismo más por lo familiar que por lo personal.

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