IR A INFORMEDIGITAL.COM.AR
Debuta en cine

Natalie Pérez, una artista todoterreno: "Mi mayor miedo y lo que más feliz me hace es poder ser auténtica".  

Natalie Pérez
Natalie Pérez
Natalie Pérez
Natalie Pérez
Natalie Pérez

Lejos de los escenarios, los sets de grabación y los personajes de ficción, Natalie Pérez (33) transita por la vida con sencillez, desenfado y autenticidad. La sensualidad, algo innato en la magnética personalidad de la multifacética artista. Este desafiante año, tras las grabaciones de Pequeña Victoria y el tour musical de Un té de tilo por favor, más la movilizante separación de su novio, Ramiro, la actriz y cantante desembarca en los cines con su primer protagónico en Amor de película, comedia romántica en la que trabajó con Nicolás Furtado. "La experiencia de filmar una peli fue increíble. El director, Sebastián Mega Díaz, tuvo una paciencia enorme y una dulzura para dirigirnos, tanto a Nico (Furtado) como a mí. Supo generar un vínculo porque a Nico no lo conocía. Además, acostumbrada a la tele, hacer cine es otro ritmo, totalmente distinto. Una escena la grabé 17 veces y en la tele la grabás una. Pero bueno, esta era mi primera vez en cine. Fue todo un aprendizaje y el equipo fue increíble", aseguró la actriz, adentrándose en la charla…

-¿Sentías que, en estos más de 20 años de carrera, hacer cine era una cuenta pendiente?

-Sí, obvio. Yo había hecho algo muy chiquito en Ay, Juancito, con Inés Estévez y Adrián Navarro. Pero sí, hacer cine era una cuenta re pendiente, y lo sigue siendo. No me quiero quedar solo con esto. Igual, empezar así ya es espectacular, con un protagónico y con una comedia romántica.

-Siendo la protagonista junto a Furtado, ¿es una presión extra el tema de la convocatoria, que las salas se llenen?

-Si bien uno tiene la presión de que te tiene que ir bien, ya no depende de mí que el cine se llene. Yo ya hice mi trabajo y sí, sería lindo. ¿A quién no le gusta que a su trabajo le vaya bien? La entrega de cuerpo y alma fue durante el rodaje. Con Nico lo dimos todo y creemos que tenemos una peli que está buenísima, pero después la gente elegirá. Yo creo que van a ir a verla.

-¿Vos ya viste la peli? ¿Sos crítica con tu trabajo?

-Sí, la vi, y claro que soy crítica con mi trabajo. Varias escenas las hubiera grabado de nuevo, pero hay una frase que dice: 'Verse es un cementerio de oportunidades desperdiciadas'. No sé quién la dijo, pero me parece espectacular porque cuando vos te ves decís: '¿¡Cómo no hice eso!? ¿¡Cómo no hice aquello!?'. Y es tremendo porque hoy, un año después, veo la película y digo: 'Podría haber hecho otra cosa'. Pero bueno, eso está bueno para guardarlo para los próximos proyectos. Además, verse en pantalla gigante es heavy. Es como que no querés verte. Me daba vergüenza.

-La película traza diferentes ejes: una pareja que se separa, las primeras impresiones y las segundas oportunidades. ¿Qué importancia le das vos a las primeras impresiones cuando estás conociendo a alguien en el plano amoroso?

-Las primeras impresiones son importantes hasta que aparecen las segundas. ¿En qué me fijo? Si nos miramos y hay chispa, ya está, hay algo que sucede en esa mirada.

-Y si la primera impresión falla, ¿das una segunda oportunidad?

-¡Obvio! Hay que dar segundas oportunidades. Uno puede tener un mal día o equivocarse.

-Hablando de segundas oportunidades, vos te separaste de Ramiro, con quien estuviste en pareja 6 años. ¿Es una relación a la que se le puede dar una segunda oportunidad?

-Como dije recién, hay que dar oportunidades.

-¿Hoy la puerta de la reconciliación está abierta?

-Hoy, ahora mismo, no. Pero lo veo y hablamos. Está todo bien.

-En el programa de Susana Giménez dijiste que la gota que rebalsó el vaso fue una mañana que empezaron a discutir muy temprano y te fuiste. Ustedes convivían, ¿además de separarte te tuviste que mudar?

-Fue lo que pasó y fue una decisión. Sí, también me mudé.

-Te separaste, cambiaste de casa ¿y de amor?

-No, de amor no, todavía. Cambié de lugar, nomás. Estoy sola.

-¿Cómo te estás reencontrando? ¿Ya no pensás en dos personas? ¿Estás pensando en vos?

-Todavía no estoy pensando en mí, no me reencontré. Estuve trabajando un montón, estaba con las grabaciones de Pequeña Victoria, armando el show para el Vorterix (que fue en septiembre) y estoy viviendo en lo de mis padres. No tuve mucho tiempo de pensar. Ahora que estoy más armada y más fuerte se viene el proceso del duelo.

-¿Te cuesta soltar los vínculos que quisiste mucho?

-Cada vínculo es particular, distinto. Siempre cuesta soltar algo a lo que estabas muy aferrado, algo en lo que confiabas y tenías deseos puestos ahí. Pero bueno, como digo que pueden haber segundas oportunidades, yo suelto para que cada uno pueda ser libre. Uno planea, planea y después la vida te da una cachetada y te dice: 'No, vení para acá. Ahora, para allá'.

-Cuando estás tan acostumbrada a algo o a alguien es difícil salir de la zona de confort...

-Es cien por ciento difícil salir de la zona de confort, en cualquier caso, pero está bueno correrse de ese lugar, si no es aburrido. Y esta fue una decisión. No es fácil tomar decisiones, más cuando tiene que ver con un amor y cuando hay amor todavía en el medio. En este momento estamos para esta distancia.

-Dijiste que él era el amor de tu vida, aún estando separada.

-Lo conozco desde los 3 años, es mi amigo de toda la vida y va a ser el amor de mi vida para siempre. Uno puede tener varios, distintos, amores.

-También puede aparecer alguien que te cambie el esquema.

-No importa, yo lo voy a seguir amando a él porque lo amo como persona.

-¿Sos difícil de enamorar o sos enamoradiza?

-Me di cuenta de que soy bastante enamoradiza. A mí me enamoran con lo más simple. Igual, cada uno puede enamorar de distintas maneras, no hay una receta.

-Imagino que desde que dijiste que estás soltera Instagram te habrá estallado con piropos o invitaciones a salir.

-No te creas. No es tanto.

-¿No? En el recital que diste en Vorterix te piropeaban mucho. Las chicas iban más al frente y te gritaban desde un 'hermosa' hasta un 'me caso con vos'. ¿Cómo tomás lo que generás en el público femenino?

-Eso es algo que dicen y después no hacen. No es que me bajo del escenario y me dicen lo mismo.

-¿Y si te lo dicen, tendrías una historia?

-Con una chica nunca lo pensé. El amor es amor, pero no está en mis planes para nada. Me gustan los hombres. Pero uno nunca sabe las vueltas de la vida. El amor es amor.

-¿Qué sentís cuando salís al escenario y ves un teatro lleno que quiere disfrutar tu show?

-Cuando entré sentí un cagazo tremendo y cuando me fui, que me pedían una canción más, me quería quedar ahí para siempre. Dije: 'Quiero tener 20 discos para que mi show dure tres horas'. Me da mucho placer estar arriba del escenario, me encanta, como me encanta estar delante de una cámara.

-¿Hoy qué te hace vibrar más: estar arriba del escenario cantando o actuando?

-No sé si es algo que me haga vibrar más. Es un poco lo que hablamos antes de la zona de confort, hace 22 años que trabajo en la televisión, ahora estoy teniendo mis primeras experiencias en cine y en teatro ya laburé. La música es la novedad. Y me encuentro en un terreno donde tengo muchísimo para aprender porque la música es inmensa, pero es de un disfrute que nunca me había pasado.

-¿Es difícil no estar detrás de un personaje y ser Natalie Pérez frente a las personas que te van a ver a un show?

-Ese es el mayor miedo que tengo y es, a fin de cuentas, lo que más feliz me hace: poder ser auténtica. Aunque parezca raro, porque a mí también me parece raro, a veces lo necesito, porque al estar siempre detrás de un personaje, vistiéndome como ese personaje, peinándome como ese personaje o diciendo lo que dice ese personaje, digo: '¿Y mi voz dónde está?'. Y acá empieza a aparecer después de muchos años. Ahí no hay personajes.

-¿Te imaginabas a un año de lanzar tu primer disco que ibas a tener tanta aceptación del público y el reconocimiento de tus pares? (Cantó con Fabiana Cantilo, Coti y Lisandro Aristimuño, entre otros)

-No me lo imaginaba y estoy feliz. Puede compartir con gente muy zarpada de la música y que me hayan dado la mano se siente bien, está bueno. Ahora tengo que buscar ideas nuevas, me tengo que poner a crear. En estos días, me voy de viaje a México y quiero escuchar otras cosas, ver qué pasa. Después hay un plan de viajar a España. Necesito conectar, desconectar. Los momentos de ocio son necesarios para la creatividad y necesito estar un poco al pedo para que suceda la magia, después de un año intenso.

-En septiembre empezó Pequeña Victoria, ¿cuál es la devolución que te hace la gente en las redes y en la calle, de esta historia que habla de una forma diferente de ser mamá?

-No estuve mucho en la calle y en Instagram trato de no leer tanto porque entrás como en una locura. Siempre hay variedad en los mensajes, pero me sorprendí porque me decían: 'Estoy modo fan'. Esto me lo decían amigas o gente del trabajo que no conozco, pero que ven la novela. Me decían: 'Está buenísimo lo que están haciendo'. Y me parece bueno que en las redes se genere debate, porque es lo mismo que les pasa a los personajes, que dicen: '¿Qué onda? Estamos tres personas desconocidas en la casa de una desconocida criando una beba. Es cualquiera'. Esto no estaba en los planes de los personajes y, de repente, decís: 'Che, yo me quiero ir de acá'. Pero el amor es tan fuerte que te querés quedar. Los personajes mismos pasan por esas crisis que siente el espectador, que ama, odia y no sabe para dónde va... Pero creo que la repercusión de la novela es buenísima y la idea es potente. Ya que la novela tenga bebés hace que el proyecto esté angelado.

-¿Estar tanto tiempo con bebés te conectó con la maternidad?

-La lucecita de la maternidad siempre está prendida para mí. Amo a los nenes. En este caso porque estaba trabajando, pero siempre hay amigas o primas con hijos cerca.

 -Julieta Díaz dijo que vos tenés una conexión especial con los bebés, que por ahí estaban llorando o molestos en el set y vos los calmabas con facilidad. ¿Es así?

-Iba predispuesta a esa situación. No es que tengo un don. Pero es verdad. Una vez una mamá que me crucé en un avión, a la que le pedí permiso para sentarme con su hija porque estaba llorando, gritando y tenía un retraso madurativo, me dijo: 'Gracias, no puedo creer que se haya calmado'. Pero yo no hice nada, simplemente le presté atención. Por ahí es buscar la conexión.