| Entre Ríos EN LOS MEDIOS NACIONALES |
Domingo 17 de febrero de 2019
El gobierno reconoce que hay dos alas que compiten (frente en Entre Ríos)
macri

Los intentos de amortiguar el comienzo del año con algún código de convivencia entre el oficialismo y la oposición chocan con las necesidades electorales. Salvo el proyecto para que a fines de marzo el Congreso haya aprobado una reforma del sistema para que las empresas puedan blanquear el aporte de dinero a las campañas —una necesidad de todos por la sequía que siguió al escándalo de los cuadernos—, lo demás es sólo rispidez.

Apenas se sentaron Rogelio Frigerio y Emilio Monzó en el comedor de Miguel Pichetto el martes, los peronistas les afearon a los invitados la firma del DNU de extinción de dominio: “Eso no es de nosotros – se disculparon – es de la otra ala del Gobierno”. Es la primera vez que se reconoce en esos niveles la existencia de “alas” en la administración. La firma de ese decretazo fue una idea de Elisa Carrió, que se guardaron entre setiembre y febrero con dos objetivos: 1) impedir que el peronismo de Diputados dejase sin votos al proyecto de esa cámara y quedase convalidado el del Senado, considerado menos rígido y 2) arrinconar al peronismo, en plena campaña, para hacerlo aparecer como defensor de los malos de la película.

Ese DNU tiene nueva fecha de tratamiento en la bicameral esta semana, pero la oposición no tiene aún los votos para voltearlo. En el repaso que hizo la mesa de temas conocidos, Pichetto les previno de la inconveniencia de presentar el proyecto de nuevo Código Penal. El senador argumenta que una norma de esa importancia no tiene que discutirse en un año electoral, porque la búsqueda de votos desnaturaliza todo. Además, advirtió sonriendo, ese proyecto va a reabrir el debate sobre el aborto, porque tiene cláusulas que los antiabortistas consideran permisivas. “Si ustedes quieren reabrir el tema, allá ustedes”, dijo Pichetto, que es uno de los proabortistas del Senado.

Los representantes del oficialismo recordaron que hay dos proyectos laborales que no tienen rechazo frontal del peronismo: blanqueo del empleo en negro y agenda de control de los gastos de salud. Los peronistas de la mesa que eran, además de Pichetto, Rodolfo Urtubey y “Camau” Espínola, respondieron: Eso háblenlo con los sindicatos y vuelvan. En eso está Dante Sica, fue la réplica. Para cerrar las rispideces, Pichetto defendió su proyecto de declaración de una emergencia fiscal para las empresas, con retoque de intereses por mora y suspensión de juicios. “¿Ustedes quieren ser competitivos electoralmente? Miren la situación de las pymes”, dijo el senador. Se quejó de la resolución de la AFIP del viernes anterior que había aumentado las multas por mora.

A esa altura ya el Gobierno había hecho una promesa de retoque a la baja, pero la mesa no se apartó del argumento de Hacienda: 1) que los empresarios se financien con la AFIP porque la tasa por mora sea más baja que la financiera es una irregularidad que se puede entender, pero no justificar; 2) la resolución se firmó después de que la tasa había bajado casi 30 puntos, no cuando estaba más alta. Pero no se podía esperar más. Transmitieron la idea de que Nicolás Dujovne no admitirá que la resolución, que aumentó las tasas por deudas a la AFIP, se modifique. Con ese clima los enviados de Olivos ni tocaron otros costados quizás decorativos de las relaciones con el Congreso, como la demora en el envío del proyecto de ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Una de las condiciones del acuerdo con el FMI es el envío de ese proyecto, aunque no su aprobación. Ese proyecto es en realidad una herencia de la era de Federico Sturzenegger, y endurece los requisitos para la destitución del presidente de la entidad y le pone restricciones al financiamiento al Tesoro, en los mismos términos que hoy cumple el Gobierno, aun sin esa ley. Pero en el Congreso y con los peronistas, ni hablar del Banco Central, que tiene todos sus directores en comisión. Hasta Sturzenegger, el presidente tenía acuerdo. Pero el pliego de Guido Sandleris está en el limbo. El peronismo entiende que darle acuerdo por cinco años, en medio de la crisis y sobre el final del Gobierno no es viable. Si Cambiemos gana las elecciones, recién revisarán este temperamento. El peronismo reclama que por lo menos dos de los directores deberían representar a la oposición, pero en ese plano no hay atisbo de acuerdos.

La enfermedad del internismo asusta a todos

La mesa política del oficialismo no ha dejado de actuar en los meses del receso, lo cual demuestra el formato de los partidos que lo integran: son formaciones que resuelven de abajo hacia arriba, a diferencia del método caciquil que se generalizó en los últimos 20 años en todas tribus. Este lunes el grupo del Pro sesionará en los cuarteles de la calle Balcarce, para atender las últimas costuritas en distritos de voto adelantado. Estarán Marcos Peña, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Rogelio Frigerio, Humberto Schiavoni, Federico Salvai, Francisco Quintana y Fernando De Andreis, que sale cada día más de su rol de camarlengo —un secretario general de la presidencia— y ejerce en esas mesas el papel de transmisor del sentido común de Macri, con quien habla de política como no lo hacen otros. En mesas de este tipo suelen aparecer los portadores de sentido común, el rol que ha ejercido en algunos momentos José Scioli en los armados de su hermano Daniel.

La mesa tendrá que escuchar los resultados de las negociaciones del fin de semana en Córdoba, porque cierra la inscripción para una interna que nadie quiere, entre Mario Negri y Ramón Mestre, por la gobernación. Peña y Frigerio atendieron en persona a Mestre y a Nicolás Massot, bastonero del Pro, en ese esfuerzo por impedir una interna. Estas confrontaciones son hoy, en la Argentina de los políticos débiles, una experiencia venenosa. Lo demuestra el caso en 2015 del PJ de Buenos Aires, cuando la confrontación entre Julián Domínguez y Aníbal Fernández por la candidatura a la gobernación dinamitó las chances del peronismo de ganar ese cargo, y el efecto se arrastró a la derrota nacional. En la Argentina el que pierde una interna se pone furioso, y se pasa a la oposición más destructiva.

El viaje a la India, iniciático para dos diputados

En el oficialismo siguen de cerca la suerte de la oposición en varias provincias, en donde el cristinismo puede armar candidaturas que debiliten a gobernadores y mejoren las chances de Cambiemos. Esperaban que ocurriese eso en Entre Ríos, pero el gobernador Gustavo Bordet se abrazó a esos contradictores internos, para mejorar su posición hacia una reelección. A Cambiemos le conviene que el cristinismo presente listas propias en otras provincias en las que sueña con ganar, como Misiones o Chaco, adonde persiste la división en el peronismo.

La orden del Instituto Patria fue hace casi un año, que sus personeros en las provincias debían evitar romper a los peronismos locales. Pero esa idea va, muchas veces, contra el proyecto de cristinistas que prefieren perder en 2019, pero consolidar posiciones para 2023. Aunque estará Larreta, no hablarán de la Capital, en donde hay un nonato Cambiemos que se limita hoy al Pro y a la Coalición.

Martín Lousteau partió el jueves por la noche junto a Emilio Monzó rumbo a la India, en donde acompañarán la gira oriental de Macri. El hombre de los rulos es el principal damnificado de la unificación de fechas electorales en la Capital, porque lo fuerza a jugar fuerte en internas contra Macri o Larreta por la candidatura presidencial o la jefatura de Gobierno. O a rendirse para ocupar la lista de senador nacional. Su presencia en el viaje presidencial obedece a la oportunidad de conversar esto con Macri, que promueve el formato de debate de abajo hacia arriba, sin su intervención draconiana. Arréglenlo ustedes, suele repetir. Tampoco suele hablar de política con los entornistas, salvo en contadas ocasiones para escuchar algún deseo personal. ¿Qué querés hacer?, pregunta cuanto más. Mejor que intervenga poco, porque tiene una frialdad florentina que demuele cualquier ánimo. A Emilio Monzó le viene oyendo las cuitas de la decepción hace dos años, y nada. “¿Sabés lo que se siente cuando decís que te querés ir y nadie te dice: ‘quedate’?”.

Puerta giratoria en la embajada en Madrid

Igual propósito tiene la presencia de Monzó en el viaje. El diputado está en una situación difícil porque le han asegurado la embajada de España, que tiene aún dueño, pero para un mandato que nadie sabe si Macri renovará. Oye que Ramón Puerta quiere volverse cuanto antes, por razones personales —familia y negocios particulares que desatiende cuando está en la función pública— y políticas —cree tener un rol importante en la construcción del peronismo “republicano”, que no termina de consolidarse ni adentro ni afuera de Cambiemos—.

Como fuera, es el peronista del Gobierno que mejor diálogo tiene con las otras tribus, salvo el cristinismo. Si fuera por él, dejaría la embajada cuanto antes. Lo habló con Macri en Buenos Aires en estos días. Viaja este lunes de regreso a Madrid; se ha comprometido a atender a Gabriela Michetti, que andará por allá en las fechas de Carnaval. Su último compromiso formal es estar a fines de marzo en Córdoba, para acompañar a los reyes de España en el Congreso de la Lengua, y en la visita de Estado que seguirá.

Monzó partió hacia a India con los nombres de tres colegios a los que inscribiría a sus hijos en edad escolar en Madrid. ¿Se irá antes de las elecciones? ¿Se arriesgará a asumir un cargo que puede terminar pocos meses más tarde, si Macri no reelige? Si esto ocurre, obligará al oficialismo a una negociación por la presidencia de la Cámara de Diputados. Monzó ejerce ese cargo, pese a que su partido no tiene la mayoría, por un entendimiento con el peronismo. Es fruto, diría el propio Monzó, de su capacidad para el rosqueo. El peronismo alternativo lo apoyó porque es peronista, y tiene un trato horizontal con todos, pero cuando lo eligieron para un nuevo mandato en la presidencia dijeron que, si no era Monzó el candidato del oficialismo, ellos se considerarían libres para elegir a un peronista del PJ. Esa música explica el irresistible ascenso de Cristian Ritondo a una lista de diputados por Buenos Aires y, en caso de reelegir Macri, ser el presidente de la Cámara, cargo que siempre ejerce un representante de Buenos Aires. La excepción fue Eduardo Fellner entre 2007 y 2011, pero fue otra de las extravagancias del peronismo kirchnerista, que se explica por las tensiones eternas entre los santacruceños de entonces y el peronismo de Buenos Aires.

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