| Entre Ríos EN LOS MEDIOS NACIONALES |
Domingo 17 de noviembre de 2019
Los arándanos argentinos buscan su nicho entre gigantes (hay producción en Entre Ríos)
Arandanos

El arándano argentino es como ese jugador de talla más chica (supongamos en un deporte como el rugby o en el básquet), que tiene que desarrollar habilidades diferenciales para distinguirse entre “gigantes”. Con apenas 15.000 toneladas, debe buscar calidad y diferenciación para estar a la altura de Chile (100.000 toneladas) y Perú (alcanzaría este año las 100.000).

Como casi todos los frutales, el del arándano es un negocio de mediano plazo y con una inversión inicial de entre 40.000 y 50.000 dólares por hectárea. La producción se consolida recién al quinto.

Sudamérica se ha transformado en referente para las exportaciones en contraestación y viene creciendo los últimos años. En la temporada 2018/19 se alcanzaron las 210.000 toneladas, esto es un 30% más que 2017/18 y un 45% más que el promedio de los últimos 3 años.

Sin embargo, en este contexto de crecimiento de oferta y demanda, en el que Perú creció vertiginosamente y Chile sigue creciendo (aunque no compite con Argentina por época de cosecha, Perú sí), Argentina viene reduciendo superficie y está estancado en producción.

Mientras que en el mundo la superficie con arándanos se duplicó, en Argentina, los últimos 8 años cayó de 4.700 a 2.700 hectáreas (57% menos). La campaña pasada concluyó con un total de 15.280 toneladas. Esto es un 2% menos que en el 2017/18 y un 10% menos que en el 2016/17. Esta campaña, se espera otra caída, a 12.000 toneladas.

De los 2.700 hectáreas sembradas unas 1.400 hectáreas están implantadas en el NOA (Tucumán, Salta y Catamarca); 1.100 hectáreas en NEA (Entre Ríos y Corrientes), y el resto en Buenos Aires (apenas unas 300 hectáreas en la provincia donde empezó a sembrarse arándanos en Argentina hace casi tres décadas).

Clarín Rural consultó a productores de diferentes tamaños para conocer mejor cómo está el negocio, pero también cómo ha evolucionado la producción en el campo para lograr el producto que los consumidores quieren en cada góndola del mundo.

La campaña

“Estábamos asustados porque la campaña pasada fue muy mala (bajos precios y 12 días de lluvias en el NOA), Perú rompió el mercado, llegó con cajas de dos kilos a 10 dólares, un precio que nosotros es imposible competir y éste pintaba para lo mismo, pero por suerte el mercado se está sosteniendo y por ahora nos trata bien”, repasó Federico Bayá, presidente del Comité Argentino de Arándanos ABC que nuclea el 85% de la producción y exportación del fruto (no sólo representan la exportación también están dentro las asociaciones Apratuc -de Tucumán-, Apama -de Mesopotamia- y Capab -de Buenos Aires-).

Al ser una demanda inelástica, a veces tener precios muy altos “amedrenta” a los compradores. Por eso, a veces es mejor que no haya precios tan altos. “Los 10 dólares por caja nos liquidan, pero tampoco son tan buenos los 28 dólares, porque la demanda se retrae, aumenta el inventario (stock) que en algún momento se vuelca al mercado y derrumba los precios de un día para el otro”, explicó Bayá. Y agregó: “Por eso, los 18 dólares que se están logrando ahora están ajustados de rentabilidad, pero nos permiten vender, que la mercaderíaya”.

Diferente es para Pedro Freixas, un productor de 8 hectáreas en Entre Ríos, para quien los precios están muy complicados. “Este año, producto de una nueva oleada de Perú que está saturando el mercado norteamericano, como se preveía, arrancó la cosecha a precios muy bajos, cuando por ser primicia debería tener mejor precio”, dijo Freixas.

El productor está vendiendo a 3,50 dólares por kilo, pero a eso hay que descontarle 2,70 de costos de proceso, de cosecha y costo de producción durante el año. “Si nos quedaran esos 80 centavos con rendimientos de 9.000 a 10.000 kilos por hectárea suman 8.000 dólares por hectárea, pero a eso hay que sacarle los 3 pesos por dólar exportado que tenemos de retención, el estado es un socio que se queda con lo mismo que nosotros que ponemos el riesgo”, lamentó Freixas.

Además de las retenciones, como otras regionales, los arandaneros sufren por la reducción del reintegro de exportación del 5% al 2,7%, “y el IVA -10,5% del FOB- lo liquidás al mes siguiente de facturado y lo cobrás no antes de seis meses”.

Revolución peruana

Durante 20 años, la Argentina había logrado meterse en un nicho de primicia para complementar los envíos del arándano chileno. Para ello, la producción que había empezado en Buenos Aires se había trasladado al norte adelantando las cosechas de octubre a agosto.

Sin embargo, en un lustro, Perú plantó 6.000 hectáreas logrando un crecimiento exponencial que inundó el mercado de arándanos primicia en contraestación. “Además lograron una productividad interesante por cuestiones climáticas, dado que casi no tienen frío, y generaron un boom de oferta”, contó Bayá.

Así, mientras Argentina sigue “clavada” en las 15.000 tonelada hace 10 años, Perú llegó a 45.000 toneladas en 2017, 75.000 en 2018 (66% más) y este año apunta firme a las 100.000. “A diferencia de Chile, Perú desembarca en la misma época que nosotros, con tratados de libre comercio, sin retenciones y menores costos, por eso tuvimos que redefinir variedades que se puedan cosechar antes y puedan resistir el viaje en barco para abaratar costos”, explicó Bayá, para quien, no se puede seguir con una matriz de logística 95% por avión porque “el negocio no da para eso”.

“El mercado mundial está muy competitivo y Argentina tiene costos altos para hacerle frente y, encima, cada vez nos complica más el clima”, argumentó Juan Scordia, gerente de BlueBerries, una empresa entrerriana que cosecha 800 a 1.000 hectáreas desde 2001 y cuenta con una planta de empaque con capacidad para procesar 1,8 millones de kilos por temporada. A título personal, Scordia también es productor en 4 hectáreas.

“Perú tiene costos mas bajos, libre comercio y Estados Unidos les queda a 8 días en barco, competimos en dos ligas distintas, pero vamos al mismo comprador, Argentina está en un cambio que no se termina de consolidar y nos deja al límite de la rentabilidad”, opinó Scordia.

El mundo y Argentina

Los compradores, pero también los principales productores están en el hemisferio norte. El 60% de la demanda mundial es de Estados Unidos (que, además, produce 250.000 toneladas), un 30% Europa continental e Inglaterra (producen también 100.000 toneladas) y entre Canadá y Asia otro 10% (estiman que Asia llegaría a producir 100.000 toneladas en breve). “Los conocedores del negocio mundial consideran que el futuro está en Asia, que pasaría de demandar un 10% a un 30%”, adelantó Bayá.

Para Argentina, en 2019 se reabrió el mercado de Israel, que había cerrado por cuestiones sanitarias. “Representa sólo 1 o 2% de las ventas, pero es importante para productores pequeños que quieren llegar con un producto de calidad en pocas cantidades”, dijo Bayá, para quien “2019 es el año más competitivo de los últimos cinco”.

¿Cómo redefinir la estrategia desde lo productivo, industrial y logístico para seguir manteniéndose competitivo? “Los últimos años es verdad que no crecimos en superficie, pero si ponés la lupa dentro de cada plantación ha cambiado mucho”, resumió Bayá.

Una de las claves fue el cambio de variedades para que puedan viajar esos 30 días en barco sin perder calidad. Argentina necesita un cambio de matriz logística porque el costo del avión lo hace inviable. Para Freixas, es cierto lo de las variedades, pero “para encarar ese cambio se necesitan créditos que hoy no hay, porque hay que invertir 40.000 dólares por hectárea que los pequeños productores no tenemos”.

Otro de los ajustes fue en la mejora de podas y raleos, “buscando frutas más expuestas y grandes, otra exigencia de los mercados”. “También se mejoró y aún queda por mejorar la postcosecha, para achicar los tiempos entre que se saca la fruta del árbol y llega a enfriado, eso alarga el tiempo en que se mantiene la calidad”, explicó Bayá.

Para Scordia, el secreto es no mandar “cualquier arándano”, tiene que ser alta calidad: buen calibre, fineza, con mayor vida útil post cosecha, “sin calidad, afuera, no existís”.

Otra estrategia fue la transformación de parte de la producción a orgánica. “Es un nicho que no puede explotar Perú por clima y nosotros hemos sabido aprovechar”, contó Bayá. Actualmente el 25% de la exportación es orgánica.

Pero sin dudas, el sabor del fruto argentino es lo que le permite abrir puertas en los mercados que priorizan esa cualidad, una ventaja natural que hay que saber aprovechar. “Es algo que nosotros logramos por latitud y horas de frío que Perú no puede lograr, ellos sí pueden producir mas kilos, pero no el sabor dulce y agradable que logramos nosotros”, reflexionó el presidente del ABC.

Argentina tiene áreas cultivables para crecer si la producción de arándanos tuviera condiciones de juego más estables en el tiempo. No hay que olvidar que implantar una hectárea ronda los 40.000 a 50.000 dólares.

Desafíos

“El principal desafío es contar un plantel varietal que nos asegure que podemos llegar con calidad en barco, porque el avión es un costo que ya no podemos afrontar más”, sentenció Bayá. Y agregó: “Hay decisiones que son difíciles de asumir hoy, con este contexto macro, pero una opción para asegurarse la producción serían coberturas anti-lluvia”. Según Scordia, esa cubierta cuesta alrededor de 30.000 a 40.000 dólares por hectárea “sólo los plásticos”.

En esa búsqueda por garantizar una cantidad de producto de calidad, Bayá contó que con la firma de la cual es gerente general, Early Crop, plantaron 50 hectáreas en Catamarca, una zona más seca, donde hay riesgos de heladas, pero es un buffer si en Tucumán salen mal las cosas.

“El productor argentino está haciendo los deberes y ha mejorado el empaque”, opinó Scordia, aunque pidió un poco de “acompañamiento” por parte del Estado, para “abaratar los costos”. Contó que están exportando por Chile “porque los puertos están más preparados que los argentinos”. “Tenemos que aprender a mandar fletes marítimos porque el año pasado tuve una experiencia pésima”, advirtió Freixas.

Entre los desafíos, también se trabaja para llegar al mercado interno con buena calidad de producto. “Es complejo por la cadena de frío, pero se está empezando a consumir un poco más”, dijo Scordia. De hecho, días atrás se llevó a cabo por tercer año la semana del arándano que buscó dar a conocer las bondades nutricionales de este producto entre consumidores argentinos.

“Para mí, este año es una campaña testigo para ver si me quedo o no en la actividad, porque el número está muy pero muy justo y la rentabilidad se gana de a centavos, hay que estar en todo, imagínate cómo impactaría que nos saquen las retenciones”, cerró Freixas.

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