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Domingo 09 de febrero de 2020
Alerta en los hospitales bonaerenses por ola de robos de equipamientos médicos (como ya ocurrió en Entre Ríos)
AutosUsados

Si bien no es algo nuevo, en los últimos meses creció en el país el número de ilícitos dentro de hospitales y centros de salud, y lo que parecen sucesos menores, ya que la mayoría de las veces ni siquiera son caratulados de manera judicial como “robo” sino como “hurto” (debido a que los delincuentes cometen el hecho en ausencia de testigos), esconden una problemática mucho mayor de fondo, porque varios de los equipos sustraídos, que terminan en el mercado negro de la medicina, no solo cuestan millones sino que sirven, básicamente, para salvar vidas.

PERFIL tuvo acceso a varias de las denuncias, donde se destaca un sinnúmero de incidentes en diferentes nosocomios, principalmente ubicados en La Plata. Claro que los ladrones no se conforman con ingresar a los hospitales, sino que también marcan a las víctimas, las reconocen como profesionales de la salud y las persiguen  hasta encontrar el momento perfecto para abordarlas.

Uno de los casos más graves, debido al precio del instrumental y a la importancia a la hora de atender a cientos de pacientes, lo sufrió el cirujano Pablo Iriarte. Oriundo de Tres Arroyos pero vecino de La Plata, le contó a este diario que dejó su camioneta en la puerta de su casa, emplazada en la residencial zona de 53 entre 21 y 22, y olvidó dentro un costoso aparato que utiliza a diario. “Es un equipo de cirugía laparoscópica que consta de dos videocámaras, una fuente de luz y un compresor”, detalló la víctima, calculando el precio en aproximadamente un millón de pesos. Los delincuentes –se desconoce cuántos– habrían utilizado un inhibidor para abrir las puertas del vehículo, ya que no fueron forzadas ni había ventanillas rotas.

Poco después, dos desconocidos irrumpieron en el hospital de Niños Sor María Ludovica, también en la capital provincial. Sin importarles las cámaras de seguridad, uno de ellos se apoderó de un ecógrafo, mientras el otro fue hacia un pasillo y comenzó a mirar hacia todos lados, actuando de campana. Antes de irse con el botín, uno se persignó varias veces, se tomó la cabeza y hasta miró directamente a la cámara que registraba sus movimientos.

Réplicas.

“Hay dos tipos de delincuentes que se dedican a estos hechos: personal de centros médicos que conocen los precios de los aparatos y los sustraen para ingresarlos al mercado negro, y oportunistas que ven la ocasión de robarse un elemento que consideran caro del interior de un vehículo, por citar un ejemplo”, le contó a PERFIL un comisario de vasta experiencia en la Policía Bonaerense, quien incluso logró desbaratar una banda dedicada a estas maniobras a inicios de este siglo. En ese sentido, en diciembre (paradójicamente justo en el Día del Médico) se llevaron del interior de un auto estacionado en las calles 14 y 44 del centro platense un equipo de electroencefalograma. El hijo del damnificado informó que “es principalmente el medio para poder hacer los estudios en clínicas y terapias de niños”.  

Si bien hoy en día es más sencillo detectar ciertos equipos médicos dando vueltas por diferentes páginas de internet, sigue siendo dificultoso dar con todos ellos y, más aún, con los responsables. “No es sencillo, aunque por suerte ahora contamos con más herramientas y peritos tecnológicos que están capacitados para rastrear en distintas áreas dentro del mundo digital. Ahí hay grupos que están vinculados a la comercialización de este tipo de suministros en el mercado negro, donde los costos caen”, amplió el vocero, quien explicó que no necesariamente son médicos o enfermeros quienes se apoderan de los aparatos, sino también personal ajeno, como “integrantes de seguridad y hasta residentes”.

Las sospechas, sin embargo, recaen en los profesionales porque “por lo general no son máquinas fáciles de desconectar. Para hacerlo hay que tener algún conocimiento del tema”, declaró un pesquisa, y añadió: “En el Hospital Español (de La Plata) robaron los transductores de un ecógrafo, que para sacarlos hay que saber cómo desconectarlos, y también ver si pueden usarse en otro ecógrafo”.  Fuentes médicas detallaron que un aparato de estos, nuevo, puede costar entre $ 600 mil y $ 800 mil.

Esta metodología de robos no se reduce a una sola ciudad. En Concordia, Entre Ríos, se perpetraron tres delitos con pocas horas de diferencia, y si bien las autoridades policiales estuvieron detrás de una pista fuerte, nunca se logró dar con los causantes, aparentemente una banda de cinco colombianos –tres hombres– que en otros países de Sudamérica como Brasil, Chile, Perú y Ecuador materializaron el mismo delito. Esta organización se adueñó de un paquímetro del Centro de Ojos Esteves-Esteves, mientras que del sanatorio Garat se fueron con cinco transductores.

Si bien el valor de esos instrumentos supera los 100 mil dólares, no se conformaron y atacaron en el Centro Ambulatorio, donde se apoderaron de cuatro transductores de un ecógrafo. De ahí se fueron hacia Colón, otra localidad entrerriana, y del Sanatorio Médico Quirúrgico robaron un ecógrafo portátil y partes de otro. Por último, siempre la misma banda, sustrajo del hospital Centenario de Gualeguaychú un ecógrafo, bajo la misma modalidad: el hurto, sin que nadie se diera cuenta.

Hubo más hechos en Rosario y la localidad bonaerense de Tres de Febrero, pero nunca se pudo establecer si se debía a la misma organización. El alto costo de los instrumentos médicos siempre tentó a los delincuentes, quienes buscan la manera de apoderarse de ellos. “Hace muchos años participé en una causa de robo en el Hospital de Niños (de La Plata), donde habían sustraído elementos quirúrgicos de alta complejidad”, le contó a este diario un comisario de alto rango en la Policía Bonaerense. Y dijo que los responsables fueron “dos personas que trabajaban en el centro médico se llevaron del mismo material quirúrgico y fibra óptica”.

La sorpresa fue cuando allanaron la casa de dos médicos matriculados en los hospitales Italiano y Rossi, de la capital provincial, y encontraron parte del botín –el resto estaba diseminado en diferentes clínicas–. “No fueron ellos los ladrones, sino que compraron las máquinas a un precio mucho más económico, conociendo que eran robados”, amplió. El grave suceso, materializado en agosto de 2003, culminó con la detención de un neurocirujano, un cirujano (por los delitos de “encubrimiento agravado”) y una becaria de 31 años del sector de esterilizaciones, que debía cuidar y manejar el instrumental, valuado en más de 50 mil dólares. A ella la condenaron por “fraude contra la administración pública”. 

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