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Jueves 13 de febrero de 2020
Marcos Rojo, el primer varón trans en el fútbol argentino: "Antes de hablar, la gente tiene que conocer a las personas" (es de Entre Ríos)
MarcosRojo

Marcos Rojo se para en el área pelada del Cementerio de los Elefantes, como le dicen a la cancha de Unión del Suburbio, ahí donde el pasto dejó de crecer y sólo hay tierra. Acaba de sumarse a este club en Gualeguaychú, donde nació y se crió, y va a patear. En realidad, no importa si será gol o no. El delantero de 20 años decidió afirmarse y levantar la cabeza en el corazón mismo del machismo: es el primer varón trans en ser parte de un equipo masculino de fútbol. Entre o no la pelota al arco, su batalla ya está en curso.

Es miércoles 22 de enero y a la tarde será su primera práctica. Marcos está ansioso en su casa del barrio La Cuchilla, mientras Norma, su mamá, le prepara milanesas con papas fritas. Marcos es Marcos desde que tramitó su DNI gracias a la Ley de Identidad de Género, hace dos años. El fútbol había aparecido en su vida mucho antes.

Hijo mayor de una familia de cinco hermanas y hermanos, eligió el área por vocación, desde que era chico. Se había probado como número 5 y como enganche, pero hacer goles lo entusiasmó. A los 15 empezó a jugar en un equipo de mujeres, Las Toritas, al que llegó por la invitación de un conocido de su tía. También jugaría con mujeres en Pueblo Nuevo y Xeneize. En 2016, con Las Toritas, fue goleadora y se llevó el premio a la mejor de la temporada. Pero todavía no había podido hablar con su familia para contarles quién era.

"Desde que tengo uso de razón yo sabía lo que quería. Pasa que pensé que mis viejos no me iban a apoyar. A los 17, cuando estaba en cuarto año, pude hacerlo. Les dije que era varón. Antes había algunas personas que hacían comentarios, en el colegio o en la calle. Cuando lo dije estuvo todo bien. Mi mamá me insistió con lo del DNI porque decía que así nadie me podía decir nada", le cuenta Marcos por teléfono a LA NACION.

El impulso de Norma fue clave. Fue ella quien se acercó a la escuela para hablar con la directora y establecer un diálogo. Ahí, por ejemplo, eligió a qué baño iría. Juan, su papá, que trabaja en una gomería, también acompañó. Marcos los iba a necesitar cuando diera el salto y empezara a jugar al fútbol con varones, poco tiempo después.

"Eso fue complicado -cuenta-, yo recién empezaba. Me mandé de una y la verdad que la mayoría de los jugadores no entendía. Tampoco querían entender. 'El fútbol está hecho para hombres', me decían. No aguanté ni un mes". El paso de Marcos por el club Juvenil del Norte duró menos de 30 días: la discriminación, el bullying y la transfobia hicieron que se recluyera. Ahí dejó el fútbol.

Un 9 "con condiciones" y de Boca como su papá

La diversidad parece no tener lugar en el fútbol practicado por varones. En la Argentina nunca en la historia, por ejemplo, hubo un jugador que se asumiera homosexual públicamente. En ninguna categoría. En un mundo en el que la diversidad está presente, la estadística llama la atención. Las canciones de cancha tienen letras machistas, homofóbicas y racistas.

En el fútbol masculino, si alguien se lesiona seguido es tildado de "nena", si pierde es "puto", si no se pelea a trompadas es "cagón". El sistema que rodea a la pelota construye "machos de verdad": un tipo de masculinidad que necesita ser repensada. Por historias como la de Mara Gómez, que quiere convertirse en la primera futbolista trans del fútbol femenino de Primera de AFA, con Villa San Carlos. Y también por la de Marcos Rojo.

"Me gusta que se conozca mi historia porque quizá sirve para demostrar que se puede. El mundo tiene que darse cuenta de que todas las personas somos iguales y que tenemos derechos. Pensá que yo estuve un año sin jugar después de pasarla mal en aquel club y acá estoy", dice el delantero.

Anabella Sarza, periodista deportiva y jugadora de fútbol, fue una de las integrantes de una red que acompañó y contuvo a Marcos Rojo. Lo conoció en una charla que había organizado Juguemos por la Equidad de Género, un programa coordinado por la psicóloga platense Irina Videla, que funciona en conjunto con el Área de género y diversidad de la Municipalidad (un espacio coordinado por Belén Bire y Manuela González, primera funcionaria trans de la provincia de Entre Ríos).

Sarza habló con el presidente de Unión del Suburbio, Sebastián Rajoy, y con el director técnico, Osvaldo Fernández. No tuvo que trabajar mucho para convencerlos. El 22 de enero de este año y después de una temporada sin jugar, Marcos Rojo se sumó al plantel. Se entrena con la Sub 20, la Reserva de la Primera.

"Lo vamos a tener en esta categoría hasta que veamos que puede estar en Primera. Tiene condiciones, eh", se entusiasma Fernández, que tiene una larga trayectoria en el fútbol. Jugó en Mandiyú (Corrientes) y Chaco For Ever (Resistencia), trabajó en el cuerpo técnico del serbio Bora Milutinovic en la selección de Jamaica y en el de Haití con el argentino Jorge Castelli. Allí fundó un orfanato. Actualmente además de su tarea en el club trabaja en la Dirección de Tránsito de la Municipalidad.

"Este chico se las trae -dice-. Mete, corre, pone, va para adelante. El otro día jugamos un partido de entrenamiento con otro equipo, lo golpearon un poquito, pero aguantó. Es un 9 de área, no le pidas mucho que recupere. Corre, tiene buen dominio de pelota, es rápido. Le pega bien, es diestro. Va a andar bien".

Sarza, que es parte de Juguemos por la Igualdad y lo sigue a todos lados, también lo define: "Es un 9 clásico. Tiene buena visión, buena definición, es limpio. Se toma unos segundos para acomodarse y patear. Es del área chica, aunque ojo, si tiene que bajar a buscarla, tiene buen pie".

Marcos, que es de Boca como su papá, tiene como referencia a Darío Benedetto: "Siempre me gustó copiarlo, así que trato de imitarlo".

"Está bueno hacer lo que uno siente"

Irina Videla llegó a Gualeguaychú desde La Plata, donde había sido jugadora y delegada de Villa San Carlos, presentó el programa y se encontró con una ciudad abierta a las cuestiones de género. Cuenta que en la 43ª Fiesta del Deporte, una celebración típica allí, el año pasado se reconoció por primera vez a deportistas trans: la futbolista Brigitte Barrios -que también juega en Unión del Suburbio- y la jugadora de voley Victoria Cepeda -que es parte de La Garra y tuvo que pelear para que le permitieran ser profesional-.

Juguemos por la Equidad de Género fue clave para Marcos y para el club: el Estado estuvo presente para promover las mismas oportunidades. Siguen trabajando. Dictan talleres de nuevas masculinidades a planteles, organizaron una Copa de fútbol femenino en convenio con el Sindicato Argentino de Televisión (SAT) que fue televisada por TNT Sports y hacen distintas capacitaciones de género en articulación con entidades deportivas.

En ese año sin jugar, Marcos Rojo inició el proceso de hormonización, una forma de adecuar el cuerpo a la identidad y género autopercibidos mediante la administración de hormonas. El día que lo presentaron en Unión del Suburbio sus compañeros lo recibieron bien: hay un video en las redes sociales en la que le hacen el "puentecito" a modo de bienvenida. Por fuera del fútbol, está terminando el secundario en la modalidad de adultos y hace changas: a veces trabajos de pintura, a veces de mozo, otras veces lo que surja.

"Está bueno hacer lo que uno siente", dice. Su deseo es jugar en la Primera: "En principio quiero eso y si sigo soñando me gustaría jugar alguna vez en la Primera de AFA o en la de Boca, por qué no".

-¿Qué es el fútbol para vos?

-Es pasarla bien, hacer lo que me gusta. En la cancha me distraigo, sólo pienso en eso y además soy yo. Por eso creo que si alguien lee o conoce mi historia esto que estoy haciendo puede ayudarle. La gente tiene que conocer a las personas antes de hablar.

Unión, "el mandamás del barrio estación"

Unión del Suburbio es un club humilde. Fundado el 1 de agosto de 1954 su historia germina en un rancho de paja, la sede donde se hicieron las primeras reuniones. Por entonces, la zona era un auténtico suburbio. El diario El Día describió el recorrido: "Con calles de barro, sin el suministro de energía eléctrica, tampoco contaba con el suministro de agua corriente. Ni hablar del servicio de cloacas. Pozo negro y gracias. El progreso se había detenido en la estación de ferrocarril y a Unión se lo conocía como el 'mandamás del barrio estación'".

Sebastián Rajoy tiene 42 años y desde hace siete es el presidente: en medio de su trabajo como empleado de Obras Sanitarias cuenta que, pese a que el barrio creció y cambió, la austeridad sigue. "Acá hay 400 socios, en su mayoría familias de trabajadores. Hay algunos que no pueden estar al día con la cuota. Nosotros no sacamos a nadie, vamos en contra de nuestro estatuto. Los esperamos a que se pongan al día. Tendremos miles de carencias y cosas que no faltan, pero algo es seguro: acá no se le prohíbe la entrada a nadie".

Rajoy está orgulloso de que su club, que juega la Liga de Gualeguaychú desde 1962, sea pionero en equidad. En 2012, cuando la Liga de fútbol femenino todavía no existía, le abrieron la puerta a la jugadora trans Brigitte Barrios y este año a Marcos Rojo, el primer varón trans en integrar un equipo de fútbol.

"El club Unión era muy machista -cuenta-. Es así, hay que decirlo. Nosotros como Comisión Directiva tomamos el gran desafío de romper el hielo. Empezamos con el femenino, después con la llegada de Brigitte, que era un plan bravo, eh, por la discriminación y los prejuicios. Y ahora con este chico. Pero bueno, se hicieron los trámites correspondientes, la Federación de Entre Ríos preguntó a la AFA y nos dijeron que sí. Así que bueno, Dios dirá, hasta el día de hoy está todo bien".

Capataz de cuadrilla de calle, de lunes a viernes Rajoy sale con sus compañeros a reparar caños de agua y cloacas. Es padre de dos varones y una mujer; y repite una y otra vez que Unión del Suburbio es un club con las puertas abiertas: "Acá no discriminamos. Juega el flaco, el gordo, el mediano, jugamos todos. Somos gente humilde. Las gurisas jugadoras del club son en su mayoría amas de casa y algunas no tienen trabajo. Los jugadores, igual, muchos trabajan en la construcción. Lo que pensamos es que hay que ser humanos antes que leer reglamentos".

Según sus cálculos, los partidos del fútbol masculino en el Cementerio de los Elefantes, como llama a la cancha donde "a los grandes se les hace difícil", cuentan con mil espectadores. Dice que hay mucha pasión. Y cuenta con satisfacción que el equipo de fútbol femenino fue campeón de la Liga de Gualeguaychú en 2019 y que los varones terminaron quintos en el campeonato provincial y finalizaron entre los cuatro mejores en la Copa de la ciudad. Todo, sin presupuesto: "No le pagamos a ningún jugador ni jugadora ni a los cuerpos técnicos. Acá es todo a pulmón y somos pocos los que remamos todos los días".

-¿De dónde surge tu compromiso para igualar la cancha?

-Yo estuve mucho tiempo en la Iglesia Carismática. Hoy ya no participo. Pero de esa época me quedó mucho de humanidad. Por eso a las personas primero las voy a asistir, después veré qué exige el reglamento. A mí no me importa qué elijan ser, todos tenemos derechos a ser incluidos. Y si queremos jugar, como quiere Marcos, y bueno. Que juegue, nomás.

-No importa quién ni cómo sea...

-Lo primero que queremos es que la gente del club sean personas de bien. Después viene el jugador de fútbol. Porque donde hay una buena persona hay un buen jugador, un buen dirigente, un buen colaborador, lo que sea.

-¿Qué pensás de los que afirman que las jugadoras trans sacan ventaja o de quienes no pueden pensar un fútbol diverso?

-Y. No deberían pensar así. Yo no entiendo mucho el tema de género, honestamente. Pero sí de la parte humana. Y qué quiere que le diga, pienso que todos tenemos que tener una oportunidad en la vida. Cada cual decidió cómo ser, nadie le puede impedir jugar a nadie un campeonato. Yo me voy a sentir orgulloso si esta chica Mara Gómez, que quiere jugar en Villa San Carlos, llega a la selección. Porque está para jugar y nadie es quien para juzgar al otro. Eso es lo que pienso y lo que siento. Acá en Unión las puertas están abiertas. Marcos ya es parte, está contento y eso es lo importante.

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