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Domingo 05 de abril de 2020
Instinto y oficio: las recetas empresariales para zafar de la crisis (iniciativa de pyme entrerriana)
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Mantener el músculo activo y amortiguar el impacto de la parálisis económica. Con olfato, algo de oportunismo y una cuota de ingenio y mucho oficio, empresas de diversos rubros y tamaños buscan el modo de amortizar los costos fijos y sobrevivir a la crisis del coronavirus. Una fórmula es usar la capacidad ociosa de las plantas para proveer de insumos básicos para contener la pandemia: alcohol, barbijos, máscaras protectoras, respiradores y hasta tubos de oxígeno. También crece la modalidad de la venta a futuro en muchos comercios. “Si no le encontrás la vuelta, tenés que cerrar”, dijo un empresario metalúrgico para graficar la delicada situación.

El empresario en cuestión es Gonzalo Benvenuto, socio presidente de Inprocil, un fabricante de tubos de GNC para autos que adaptó sus instalaciones para manufacturar cilindros de oxígeno con fines medicinales. “Es el segundo insumo más importante para los hospitales, después de los respiradores”, explicó al Económico. Radicada en Gualeguay, Entre Ríos, esta pyme tiene hoy 80 empleados, el 10% de los cuales fueron licenciados por ser considerados “grupos de riesgo”. Benvenuto cuenta que el GNC representa el 80% de su negocio. Y que su planta hoy tiene la capacidad de fabricar entre 4.000 y 5.000 cilindros de oxígeno por mes, según cómo evolucione el mercado y la demanda. Dice que su metalúrgica ya está en condiciones de arrancar a producir y que “tenemos diagramado 2 turnos de 30 operarios, con todas las garantías sanitarias”. Igual, reconoce que todas las medidas preventivas parecen insuficientes. “Gualeguay está muy sensible, porque aquí se registró uno de los primeros casos de coronavirus confirmados del país”, remarcó.

Hacia el Oeste, en Mendoza, prospera otro proyecto parecido. Es el de IMPSA, una empresa perteneciente a dos fondos de inversión y que tiene entre sus accionistas al Banco Nación, al BID y al BICE. Como tienen toda su línea de producción de turbinas y reactores paralizada por la crisis, la compañía ofreció sus instalaciones para desarrollar asistentes de respiradores y tanques criogénicos de oxígeno.

Con la lógica incertidumbre de estos tiempos, el universo empresario afronta un panorama sombrío, en especial desde la entrada en vigencia de la cuarentena obligatoria. En este contexto plagado de necesidades, surgen ideas ingeniosas, incluso en rubros muy castigados, como el turismo. La cadena hotelera francesa Accor salió a ofrecer “una tarifa solidaria” a gobiernos provinciales y municipales y “grupos de riesgo o personas de la tercera edad que necesitan aislamiento”. En el país, tiene 12 hoteles con casi todas las habitaciones desocupadas.

Sin un horizonte claro, las empresas intentan evitar la parálisis total de sus ecosistemas (proveedores, distribuidores y clientes). Una lógica que iguala a colosos como Quilmes, Natura, Volkswagen y Toyota, con pymes como la cordobesa Vitnik, la rosarina Liliana y las bonaerenses Silvana y Paolini. Rápida para reaccionar, la fueguina Newsan, por caso, empezó a producir mascarillas faciales (dotadas de un casco y un acrílico protector) y también alcohol en gel, que elabora en la bodega que pertenece al grupo.

“Hicimos una primera partida de mascarillas con la idea de escalar a la producción masiva. La demanda potencial es amplia y abarca al personal de hospitales, clínicas, supermercados y a todas las actividades consideradas esenciales y que tienen contacto estrecho con el público”, señaló el CEO de la firma, Luis Galli. El alcohol, en cambio, “es para distribuir entre nuestros 6.000 empleados y sus grupos familiares”.

Mantener la maquinaria encendida, para muchos, es vital. Quilmes, por ejemplo, usa parte de sus destilerías cerveceras para elaborar alcohol sanitizante (70% de pureza) para donar. La compañía, del grupo belga Ab Inbev, tiene 6.000 empleados y si bien hoy opera “con una dotación mínima, la operación nos permite cuidar el empleo y sostener la logística”, dice el vicepresidente local de la marca, Gonzalo Fagioli. El complejo entramado de la cervecera líder abarca unos 5.000 proveedores, 170 distribuidores y alrededor de 300.000 puntos de venta.

La continuidad de la actividad, aunque sea a ritmo muy lento, es una forma de pensar el día después de la crisis. Así, por caso, el fabricante de ropa deportiva Vitnik, arrancó con la fabricación de barbijos para abastecer a hospitales, clínicas y centros de salud. Uno de sus socios, Ramin Tovfigh, explica que esos ingresos tienen un doble objetivo: por un lado, permitirá solventar parte de los salarios del personal (unos 160), pero por otro, también abastecer de trabajo al universo de confeccionistas y costureras que trabajan para su compañía.

“Habitualmente nos brindan servicios alrededor de 20 talleres”, señaló el empresario. Según sus proyecciones, “si operamos al máximo de nuestra capacidad y si todo sale bien, podríamos cubrir entre 30 y 40% de la masa salarial”. Tovfigh subraya que sostener esa estructura tercerizada “es crucial, porque el riesgo es que la gente tenga que vender sus máquinas de coser para poder subsistir. Y eso no les sirve ni a ellos ni a nadie”, ejemplificó.

Distinto es el caso de Silvana, un fabricante de medias de nylon y ropa sin costura radicado en Villa Ballester. Su dueño, Ricardo Studer, viene desarrollando un barbijo reutilizable desde el inicio de la pandemia en China, a inicios de este año. “Con la crisis tuvimos que adaptar el proyecto original y se atrasó todo por los problemas en el abastecimiento”, se lamentó. De todos modos, “estamos esperando la habilitación para comenzar a producir”, agregó.

Como nunca antes, muchas cámaras empresariales mantienen intensas reuniones para analizar posibles desahogos en la crisis. En ese sentido, Juan Pablo Maizonave, presidente de la Cámara Textil de Mar del Plata, explica que consensuaron entre varias industrias y gremios de la zona para producir barbijos. “Más adelante veremos cómo nos reconvertimos y hacia adónde”, dijo.

Las estrategias empresarias son múltiples, pero también incipientes. Algunas de ellas son reveladoras del carácter emprendedor y flexible del empresario argentino promedio, forjado en las periódicas crisis del país. El fabricante de electrodomésticos Liliana reaccionó en tiempo récord y comienza hoy a producir mascarillas faciales en su planta de Granadero Baigorria, cerquita de Rosario. “Registramos la necesidad de una barrera adicional al barbijo”, relata Leonardo Jacobson, socio de la firma.

El empresario cuenta que transitaron todo el proceso a paso veloz, desde el diseño de los prototipos y la matricería en impresoras 3D hasta el montaje de una línea de producción, que debutó este fin de semana. Liliana ensambla 2 millones de electrodomésticos al año y por la pandemia “desarrollamos un modelo de mascarilla, que ya tiene aprobación oficial”, remarca Jacobson. Proyecta que podrán abastecer inicialmente una demanda de entre 6.000 y 30.000 unidades. Y que la cifra podría escalar a 50.000 semanales, según cómo evolucione el coronavirus.

Las automotrices también se mueven. Toyota estudia la factibilidad de fabricar asistentes de respiradores y Volkswagen desarrolla mascarillas en impresoras 3D.

Consumo y comercio, bajo el estrés de la cuarentena

“CompraFuturaParaSalvarAPymes”. Esta es una de las novedosas iniciativas que surgieron en la crisis del coronavirus, agravada desde que comenzó a regir la cuarentena obligatoria, el 20 de marzo. La modalidad consiste en efectuar compras anticipadas a comercios y tiendas de todo tipo, para acreditarlas una vez que se normalice la situación. “A cambio, le damos de regalo una cerveza extra y una lata edición especial”, dice Martín Gianella, socio de Tacuara, un fabricante de cervezas artesanales de San Fernando.

La parálisis de la actividad puso en riesgo a muchos comercios y negocios, imposibilitados de operar en estas circunstancias. Tacuara elabora cervezas y las distribuye en su propia cadena (2 locales propios y 5 franquiciados) y en más de 100 cervecerías multicanilla. “Se nos ocurrió esa salida para pagar los sueldos. Teníamos una caja para 15 días parados y por eso largamos con la venta a futuro”, recordó Gianella.

El esquema se basa en apelar a la solidaridad de la clientela. Es un contrato implícito que garantiza (por medios digitales) la entrega posterior de la mercadería con algún incentivo. Un producto extra o algún privilegio adicional. En el caso de Tacuara, la empresa produjo una edición limitada envasada en una lata que lleva la leyenda “Quedate en casa”.

¿La crisis es un criadero de nuevas ideas? Los memoriosos recuerdan las innovaciones y los grandes cambios en los hábitos de consumo que produjo el colapso de 2001. Del terremoto económico surgieron las aguas saborizadas, por ejemplo, una categoría que se comió una parte importante del mercado de las gaseosas. Esa crisis, coinciden los especialistas, también modificó los hábitos de compra, el ascenso de las tiendas de cercanía y el auge paulatino de las segundas marcas.

La venta a futuro, algo así como “pague ahora y consuma después”, no tiene perspectivas de largo plazo, según admiten los propios comerciantes. “Desde que lo lanzamos, concretamos 1.000 operaciones. Con esto cubrimos la nómina salarial de marzo”, subraya Gianella, pero agrega que “si bien fue algo exitoso, es muy complicado sostenerlo en el tiempo”. En el fondo se trata de captar solidaridades entre los clientes habituales de un negocio.

De todos modos, la movida se inició entre los cerveceros artesanales y es copia fiel de lo ocurrido en España, uno de los países más afectados por el coronavirus y en el que también rige la cuarentena obligatoria. Al igual que muchos negocios, muchas cervecerías adoptan la modalidad del delivery como alternativa para facturar.

“La entrega a domicilio la activamos como parte de las medidas que tomamos para afrontar la crisis”, introduce Federico Peduran, uno de los socios de Tropel. Ubicada en la localidad bonaerense de Luján, la empresa elabora cervezas para abastecer a su propio bar de comidas y bebidas. “También vendemos pintas a futuro con una extra de regalo de una edición limitada, premios y sorteos”, añade Peduran.

La cerveza artesanal representa el 2% del mercado. Sin embargo, “el 95% de la producción se distribuye entre bares y apenas el 5% se envasa en lata”, aclara Federico Villa, titular de la Cámara de Cerveceros Artesanales. Eso explica el gran impacto que tuvo en la actividad la aplicación de la cuarentena. La prioridad, hoy, es resguardar el negocio a toda costa.

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