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Jueves 11 de junio de 2020
¿Por qué la humedad del AMBA podría jugar a favor de la expansión del coronavirus? (Entre Ríos tiene más)
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Hace apenas meses que los humanos conocemos el SARS-CoV-2, y mientras hay características de este nuevo coronavirus que ya son conocidas, muchas otras no lo son tanto. Por eso hay centenares de científicos en todo el mundo investigándolo. Un grupo de ellos, acaba de publicar un estudio en el que analizaron cuánto tardan en evaporarse las gotas que trasportan el virus.

Se sabe que la enfermedad covid-19 se contagia a partir de las microgotas que una persona infectada expulsa de su boca o nariz, cuando tose, estornuda o incluso cuando habla. Apenas ese contenedor líquido desaparece, el virus muere. Por lo tanto, conocer detalles sobre esas pequeñísimas gotas tiene su importancia.

Un artículo publicado en la revista Physics of Fluids, subsidiaria de la Asociación Americana de Física, da cuenta de un análisis que se realizó en seis ciudades distintas (Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Miami, Sydney y Singapur). Los investigadores utilizaron un modelo matemático para determinar tres aspectos fundamentales para el secado de las gotas respiratorias: el tipo de superficie donde permanece la gota infectada, la temperatura y la humedad relativa del ambiente.

Un factor a tener en cuenta en la permanencia de las microgotas depositadas es la "hidrofilia" o "hidrofobia" de la superficie sobre la que están. En una superficie hidrofóbica (que repele el agua), las gotas tienden a adoptar una forma próxima a una esfera, formando un gran ángulo de contacto (el que forman la superficie con los bordes de la gota); en cambio, en una superficie hidrofílica (que atrae el agua) las gotas tienden a expandirse y achatarse, formando ángulos de contacto cerrados.

Así, mientras mayor sea la hidrofilia de una superficie, más se extenderá la gota y más rápido se evaporará. Entonces, el tiempo de evaporación será menor en un vaso (5 a 15 grados de ángulo de contacto) que en la pantalla táctil de un celular (74 a 94 grados).

Las gotas con que los científicos experimentaron tenían el diámetro de un cabello humano, y en sus pruebas hicieron foco especialmente en aquellas superficies sobre las que las personas tienen un mayor contacto, es decir, vasos, picaportes, celulares, etc..

En torno a la temperatura, se enfocaron en los 25° y los 40º, que reflejan las situaciones térmicas de una habitación con aire acondicionado y del aire libre, respectivamente, en el verano. Sometidas a condiciones especiales (30º de ángulo de contacto y 50% de humedad), en 25º de temperatura las gotas pequeñas se evaporaron en 6 segundos y las grandes en 27. En tanto, con una temperatura de 40º, el tiempo del secado de la gota se reduce en un 50%. La gota se evapora más rápido con temperaturas altas.

Los investigadores añadieron que el SARS-CoV-2 tiene una envoltura lipídica, por lo que en el aire necesita de humedades menores a 20 o 30% para permanecer más tiempo. Sobre superficies, en cambio, con un ángulo de contacto de 30º y temperatura de 25º, se determinó que el tiempo de evaporación de una gota aumenta casi 7 veces cuando se va de 10% a 90% de humedad. Más humedad implica más permanencia de la gota y, por ende, del virus.

Las gotas más grandes, en ambientes con altos índices de humedad, pueden tardar dos minutos en evaporarse. Mientras más elevado sean los valores de esta variable, más prolongada será la presencia del cuerpo líquido que transporta al virus.

Dicho esto, existe una relación y una pregunta que parecen inevitables. Teniendo en cuenta la la humedad de Buenos Aires, ¿encuentra el nuevo coronavirus aquí condiciones especialmente favorables para expandirse? Este martes, el Ministerio de Salud de la Nación confirmó 1141 nuevos casos, la cifra más alta en un día para la Argentina. Del total, 545 fueron de Provincia y 535 de Ciudad.

Desde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) le especificaron a Clarín que aunque no existe en el país un ranking de las ciudades más húmedas, sí es cierto que cuando la humedad relativa está por encima del 40% o 45% se la considera alta, y que durante el invierno, la ciudad de Buenos Aires tiene una humedad relativa que está generalmente alrededor del 70% u 80%.

En el mismo sentido, Álvaro Scardilli, presidente del Centro Argentino de Meteorólogos, explicó a este diario que casi toda la provincia de Buenos Aires, la Capital Federal, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, La Pampa y parte de la provincia de Córdoba, tienen un clima templado y húmedo (sin estación seca, lo que quiere decir que, aunque con diferencias, llueve durante todo el año). El AMBA es entonces, una zona húmeda (superada en este ítem por provincias como Corrientes y Entre Ríos) y de clima templado a lo largo de todo el año.

Sobre este estudio, el infectólogo Pedro Cahn, uno de los asesores del Gobierno, le dijo a este diario: "Es un modelo matemático que hace un análisis por aproximación. Las conclusiones a las que llega es que hay que limpiar más algunas superficies que otras. Pero de ninguna manera nos está diciendo que tenga que ver con la contagiosidad, así que yo lo tomaría más como un estudio marginal que no cambia las conductas epidemiológicas".

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