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Viernes 29 de enero de 2021
"Sé que soy un tipo medio jodido": viaje al hermético mundo de Gabriel Heinze
Heinze

"Corazonada" se llama la línea de vinos que produce la bodega de Gabriel Heinze en su finca de Tupungato, Mendoza. "Es una uva joven", explica, avanza en detalles, y suena como un experto. Algunos cigarrillos y una copa de tinto acompañan la charla. Su vida social se reduce casi a nada.Devoto de la virgen de San Nicolás y de Luján, suele visitarlas, pero nadie se entera. Obsesivo, meticuloso, gruñón. También es sensible y divertido, sí. "Sonry" es su apodo de la infancia entrerriana, a no olvidarse. El Heinze público es áspero. El otro, no. Pero ninguno de los dos disimula nada.

-¿Es verdad o leyenda urbana? ¿Les pedís a los jugadores que te digan 'Mister'?

-Paaaa..., eso no sé quién lo ha dicho, nooo, no. Ningún jugador me ha llamado así, siempre Gaby o Gringo. Es una mentira, nadie me ha llamado así y tampoco me sentiría bien con ese apodo.

-¿Es cierto que evitás volar todo lo posible?

-Sí, lo evito, lo evito completamente. Ya son años que tengo que volar y no puedo acostumbrarme.

-¿Te cuesta ver a la selección?

-La veo, pero desde lejos. Me pongo lejos. Me pongo muy nervioso. Y nunca la analizo en el momento, Quizás, después de varios días, me bajo el video y ahí sí la analizo.

-¿No aceptás que alguien vea la práctica de tu equipo con las manos en los bolsillos?

-Naaaaa, otro mito. Sí quiero que todos los involucrados con el entrenamiento estén atentos por cualquier cosa. A veces se exagera de una manera...

-¿Por qué a veces respondés en neutro en las conferencias? Llegás a tratar de tu al otro.

-No, no lo pienso, no me doy cuenta, quizás me sale eso, algo raro. Pero es verdad, a veces digo algunas palabras para las que no tengo una explicación. Me salen en ese momento.

-¿Realmente pensás todo lo que decís? Por ejemplo, cuando señalaste: "Soy el peor fracasador del futbol argentino".

-Cuando digo algo, es porque creo que en ese momento es la verdad. Mi sufrimiento posterior es un problema mío.

-¿Sos prejuicioso con la prensa?

-Sí, y esa es una de las cosas en las que sigo trabajando. Muchas veces meto a todos en la misma bolsa y no está bien. Sé que hay chicos que son buenos, pero no siempre los guían bien. Pero yo tengo mi culpa, y lo asumo. Te vas a sorprender con esto: no comparto el procedimiento del VAR, y les tendríamos que preguntar a los relatores qué opinan. Hoy no pueden gritar, no pueden hacer lo que mejor hacen y más les gusta. Yo me corro, lo llevo a lo de ustedes...

-Insólito: Heinze preocupado por el periodismo...

-Claaaaro, si esta gente, que tiene tremendas ganas de relatar, de gritar un gol y no puede, imaginate el jugador, que no puede hacer lo más lindo que hay. Se tendría que modificar el procedimiento, no podés estar siete minutos esperando porque se pierde el ritmo. Esto es un juego, y hay picardía, decisiones de segundos, cosas que no se piensan porque hay un balón picando y otros tipos alrededor. Hay situaciones que ocurren sin pensar; después, sí, para cuestiones groseras lo veo bien. Pero que el VAR ayude, no que decida. El VAR se lleva 45 minutos de un programa deportivo y digo: "Pucha, se perdieron 45 minutos de analizar el juego". No estaría mal sumar al debate a ex jugadores o a entrenadores que han estado o que están adentro de la cancha porque podrían aportar otra sensibilidad.

Jura que descansó, pero en estos meses sin dirigir ha quemado algunas madrugadas diagramando una nueva rutina de ejercicios sin saber para quien. Para el futuro, que ahora tiene nombre: Atlanta United, de la Major League Soccer, en Atlanta, Estados Unidos. Curioso, siempre está decidido a discrepar y a exigir argumentos. Pero no es necio. Escucha, pide disculpas. Tiene desesperación por aprender. Lee. Lee mucho. Acaba de terminar "El poder de ser vulnerable", de la norteamericana Brené Brown. Psicología y liderazgo lo atrapan porque asume debilidades. "Siempre intento darle más herramientas a esta cabeza", resume.

-Hiciste terapia al dejar de jugar. ¿Y ahora?

-No he vuelto. La terapia mía es leer y escribir, eso hago.

-¿Qué escribís?

-Trato de escribir todo lo que está relacionado con mi vida, y mi vida en sí está relacionada con el fútbol. Escribo también porque no soy una persona muy expresiva y lo saco por ese lado. Todas esas cosas que uno tiene adentro, y uno no sabe cómo sacarlas, bueno, las escribo.

-¿Te cuesta confiar en los demás?

-Primero, cuando doy confianza, doy confianza al 100%. Ahí no titubeo. Pero sí es verdad que me gusta supervisar todo, me gusta saber todo lo que está pasando, quiero que la gente que trabaja conmigo me presente qué va a hacer, pero después los dejo que desarrollen su profesión. Sí quiero saberlo y saber por qué lo hacen. Después, una vez que la confianza se pierde, es muy difícil que vuelva.

-¿No das segundas oportunidades?

-Bueno, depende de la manera. El otro día un chico, un entrenador, me decía: 'Si el colaborador falla hay que echarlo'. Y yo lo único que le dije fue: '¿Vos no fallás?'. Todos fallamos. Y yo relaciono los errores con el crecimiento. Cuando hablo de desconfianza lo llevo a otro plano, no al trabajo cotidiano. Hablo del costado humano, personal.

-¿Pudiste desprenderte del futbolista?

-No voy a dejar nunca de ser futbolista, por el tiempo que le dediqué y las cosas que viví. Pero lo que más extraño es el vestuario, el ritmo del futbolista, los momentos para compartir emociones con tus compañeros. Como jugador estás metido en un grupo de trabajo. El rol del entrenador es completamente distinto; sí, tenés a tus colaboradores, pero la soledad de la función es notoria. Siempre terminás mirando cosas y ajustando detalles, solo.

-¿La soledad del poder, de la responsabilidad, de la culpa...?

-El entrenador inmediatamente es el señalado, y está bien porque es el capitán del barco, es el que toma las decisiones. Del entrenador depende lo que pueda brindar el equipo el fin de semana. Para ser directo: es mejor, o más fácil, echar a una persona, porque a 20 o 30 no podés echar. Este juego es aceptado así.

-¿Realmente no te interesan los elogios?

-Y... uno puede caer en una trampa muy grande, ¿entendés? Uno puede no ver errores por creer que está todo bien. Hay que tener un equilibrio cuando las cosas van bien y cuando van mal. Ese equilibrio te lo da la experiencia y pasar por las dos sensaciones. Y estar atento a dos cuestiones: si las criticas sirven para aprender, y si los elogios están fundamentados y son genuinos.

-¿Y conseguiste el equilibrio?

-No, no, no. El equilibrio te lo dan las experiencias y yo todavía soy muy joven. Entre los elogios y las críticas, yo sé muy bien de qué lado me manejo mejor. En uno de esos lados me siento mejor, más preparado para afrontarlo.

-Te sentís mejor entre críticas.

-Me siento mejor preparado.

-Como futbolista fuiste atacado. ¿No sentís que como entrenador recibís un mejor trato?

-Pero acá habría que aclarar algo. Fui muy criticado por un sector, o por algunos periodistas, pero todas las veces que venía con la selección, salía a la calle y nadie me decía nada, Al contrario, siempre sentía cariño y respeto. Y lo mismo me sucedió cuando volví a Newell's. Y hoy tampoco puedo decir nada: el hincha nunca me hizo sentir que no me quería. Sí, es verdad que, del otro lado [la prensa], no compartían mi forma de ser, o cómo jugaba. Es parte de esto. Hay muchos caminos que uno debe caminar y hay que aguantarse todo lo que venga.

-¿Sabés qué caminos no debés transitar?

-Se cuál camino transito yo y reconozco qué caminos no debo caminar, pero tampoco sé si lo voy a poder sostener. Nunca se sabe. Yo trabajo mucho en eso de no apartarme nunca de mi camino. Y los otros voy a tratar de no pisarlos.

-¿Entre esos caminos aparecen los barrabravas y los representantes?

-Nunca estuve en clubes donde la barra brava se metiera en el entrenamiento. Nunca me pasó ni conocí. Por eso lo desconozco. Y sobre los representantes..., como todo, hay muy buenos tipos, que yo conozco y hacen las cosas muy bien, y hay otros tipos que las hacen muy mal. Hay que identificarlos. Como también hay entrenadores y jugadores de cada lado. Lo que uno hace es reconocerlos.

-Llevás 10 meses sin entrenar. ¿Qué aprovechaste para hacer que antes no podías?

-Muy simple: cuando me cansaba con el ordenador, lo cerraba y buscaba otra actividad. Cuando estás trabajando, lamentablemente, aunque estés cansado, seguramente estás apretado de tiempo y necesitás hacer más cosas y no podés dejar nada para después. Y en este tiempo seguí conectado con todo porque me gusta, pero cuando me cansaba, cerraba el ordenador y hacia otra actividad.

-¿Cómo qué?

-Bueno, de todo. Me gusta mucho estar en mi casa y dedicarle tiempo. Cuando uno trabaja afuera y viene a su casa, es casi una visita, es un ente. Volví a hacer actividades con los míos; antes estaba en la cena y si bien contestaba, daba lo mismo que estuviera o no porque estaba metido en mi historia.

-Te estás yendo a los Estados Unidos. ¿Nivel de inglés?

-Estoy lejos de recordarlo y menos de poder memorizarlo. Arranqué todo de nuevo, estoy mediéndole con cursos. Me cuesta mucho. Es verdad que viví bajo esa lengua, pero en ese momento yo era un pibe y estaba cerrado a todo eso. Será otro desafío descifrar cómo trasmitir mi pasión.

-Tenés trato con Bielsa. ¿No pensaste en preguntarle cómo se las ingenia él?

-Miles de veces lo he pensado. Pero no hemos tenido esa charla por el respeto que nos tenemos los dos, pero no te voy a mentir, siempre lo pienso. Hoy él está trabajando y esas cosas se deben hablar personalmente y no por teléfono. Pero estamos hablando de un tipo fuera de serie.

-¿Te vas solo a Atlanta o con toda la familia?

-Estamos en eso, porque también tengo ganas de compartir mi profesión con ellos. Sé que soy un tipo medio jodido cuando me pongo a trabajar, pero ellos también me pueden ayudar a bajar un poco mis revoluciones. Lo que ya no quiero es que esta profesión me haga perder más cosas.

-¿Ya no querés estar lejos de la familia? Desde 2015, en Mendoza y Buenos Aires para dirigir a Godoy Cruz, Argentinos y Velez, siempre estuviste solo.

-Sí, por eso. Creo que es parte de la maduración ver si se pueden compaginar estas dos cosas. Yo sé que cuando vuelva el día a día empezará otra vez el lío, pero es muy distinto llegar a tu casa y que puedas ver a tu familia, a llegar y que no haya nadie.

-Sos exigente en el trabajo, con tus jugadores, con tus colaboradores y con quienes te contratan. ¿Y con tu familia?

-Primero, me incomoda hablar de mi familia. Pero vos podés hacer la pregunta y yo resolver qué respondo. Me incomoda hablar de mi familia porque siempre la alejé de todo esto. ¿Por qué? Para que estén más tranquilos, traté de no involucrarlos. Es cierto que muchas veces mis enanos quieren estar, para ellos es bueno ver qué hace y en qué está su papá. Eso tiene que ver con lo que uno es como papá., y a veces, digo que yo estoy lejos de cumplir esa función. Pero los valores y los principios uno se los marca y se los muestra, y después ellos verán qué caminos deben seguir.

-¿Te castigás con esa culpa?

-No me castigo, pero si lo reconozco. Hay cosas que ya no puedo volver atrás, y no me arrepiento de absolutamente nada porque en cada instante hice lo que sentía. Ahora, para adelante, trataré de modificar un par de cosas. De todos modos, ellos me conocieron así. Yo soy así. Y no voy a mostrarles a alguien que yo no soy.

Un caso extraño. Gabriel Heinze es el hombre que sufre con lo único que sabe hacer. Alguna vez dudó entre seguir siendo entrenador o cortar abruptamente su carrera. ¿Por qué dejarías de ser técnico?, se le preguntó entonces. "Porque no se disfruta. No disfruto nada", respondió. Aprendió a convivir con sus debates internos. Como puede. ¿Fueron un alivio estos meses sin trabajo, o extrañó algo? "Extraño. Extraño estar con el jugador. A mí me gusta estar con el jugador, y ayudarlo en su crecimiento. Estar con todo el lio de descubrir cómo carajo puedo ayudar a un equipo, o a un jugador. Que entienda esta profesión, volcar mis experiencias para ellos. Verlos día a día. Compartir tristezas y alegrías. Eso extraño".

-¿Qué opinás de la frase que dice que el jugador es lo más sano del fútbol?

-No, hay de todo, Hay jugadores sanos y otros no tan sanos. Yo trato de acompañar y defender al jugador noble, al que se equivocó y quiere darla vuelta. Hay de todo, como en la vida. Uno también usa esa frase porque ha sido futbolista, y sin futbolistas no habría fútbol. Pero hay jugadores buenos y jugadores malos.

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