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Sábado 02 de octubre de 2021
Los interrogantes detrás de una medida marcada por la urgencia (mención a Bordet)

Cinco gobernadores, dos ministros de área y el jefe de Gabinete del gobierno nacional. Una imagen política que, por efecto de la derrota en las PASO que sufrió el oficialismo, muy marcada sobre todo en muchas zonas con fuerte peso de la ruralidad, contrastó con el frío anticipo, en su momento vía el Boletín Oficial, que el 31 de agosto pasado se extendía el cepo a la carne hasta el 31 del actual.

Renovación de Gabinete mediante, esta vez estuvieron para la foto, tras una reunión con la Mesa de Enlace, el nuevo ministro de Agricultura, Julián Domínguez, su par de Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, el flamante jefe de Gabinete, Juan Manzur, además de los gobernadores Axel Kicillof (Buenos Aires), Omar Perotti (Santa Fe), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Sergio Ziliotto (La Pampa) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero).

De manera burocrática para anunciar una prórroga de la restricción para exportar a la postal de esta semana donde el Gobierno, necesitado de brindar buenas noticias, hizo que un error, como fue limitar las ventas al exterior, diera paso a un pomposo anuncio de flexibilización de la medida con la mayor exportación que se permitirá a China con la carne de la vaca vieja, la vaca del “geriátrico” de la cual habló la vicepresidenta Cristina Kirchner días antes de las PASO.

Sin duda, para el sector de ganados y carnes, la situación, tras el anuncio de la flexibilización del cepo es una mejora respecto del escenario anterior, aunque esta nueva etapa todavía no significa la apertura plena, irrestricta, tal como se presentaba al momento de escribirse estas líneas.

Hay también un clima distinto porque el nuevo ministro logró mayor protagonismo en el tema de la carne que el que tenía Matías Kulfas, de Desarrollo Productivo, sobre el exministro de Agricultura Luis Basterra. Además, la Mesa de Enlace valoró su rol.

En lo que queda del año se verá si finalmente se alcanzan las 779.376 toneladas res con hueso que, a los ojos de las estimaciones del Gobierno, se exportarían en 2021, un escalón abajo de las casi 900.000 toneladas vendidas en 2020.

Pero, más allá de los números, hay una serie de interrogantes ¿Por qué el Gobierno no dimensionó, allá por mayo pasado, que con el cepo no iba a lograr una baja significativa de los precios?

Si se conformaba con algo, lo único que obtuvo fue un quiebre momentáneo en la dinámica general de precios, un 2,3% de baja acumulada en julio y agosto, luego de un incremento anualizado de más del 70% por causas que van más allá de la carne en sí y rozan lo principal: la inflación.

Contra la mínima reducción de precios, o la “estabilización” que tanto pregonó el Gobierno, del otro lado los costos de la medida son altos. Al margen de los US$1000 millones que llegó a valorizar la Sociedad Rural Argentina (SRA), hay un lucro cesante intangible y otro material.

Perjuicios

Por el lado del primero, ¿Quién se va a hacer cargo de la desazón, bronca, mal clima de negocios que se generó con el cepo? ¿Quién reconstruirá una confianza dañada de proveedor confiable ante el mundo? ¿Cuántas vacas viejas se terminaron muriendo en el campo por causa de una medida que trabó su llegada a China, su comprador natural en los últimos años?

Que la impronta de Julián Domínguez en términos políticos es distinta a la de su antecesor es un pergamino importante a su favor ¿Será suficiente eso para torcer que, quizá en algún otro momento, el Gobierno o el kirchnerismo duro busquen alguna otra medida contraria al sector?

En su anterior gestión, Domínguez convivió con las restricciones de ese momento al agro. No hay que olvidar que el Gobierno está en una campaña tratando de mostrar buena letra tras el resultado de las PASO ¿Es un cambio genuino del Gobierno que seguirá más allá de los comicios legislativos de noviembre próximo o volverá a su etapa anterior pasadas las elecciones?

Es algo que por ahora no se sabe. Con el kirchnerismo nunca se sabe. Tampoco hay que olvidar que, más allá de la flexibilización del cepo, siguen vigentes otras herramientas de control, como el registro para exportar carne.

Por lo pronto, hay expectativas. Con Domínguez y el recambio en el Gabinete no solo se flexibilizó el cepo a la exportación sino que se avanzó en la dirección de mostrar una primera ley para fomentar a la agroindustria.

Falta, pero ya hay una parte sobre lo cual vino insistiendo con propuestas el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA). Gestos, señales, puesta en escena, una apertura mayor del cepo. Las oportunidades para el agro están. Falta reconstruir una confianza que trascienda una necesidad en torno de una elección.

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