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Viernes 08 de octubre de 2021
La vigencia de Perón (mención a Paraná, Entre Ríos)
juan domingo peron

Nacido el 8 de octubre de 1895 en Lobos, provincia de Buenos Aires, este personaje se transformaría en el hombre de la historia, en el estadista más importante del siglo XX, que aún hoy después de cuarenta y siete años de su paso a la inmortalidad, su doctrina permanece viva, vigente, fresca y actual para los tiempos que vivimos.

El 8 de octubre de 1895 nació en Lobos, provincia de Buenos Aires Juan Domingo Perón. Este personaje se transformaría en el hombre de la historia, en el estadista más importante del siglo XX, que aún hoy después de cuarenta y siete años de su paso a la inmortalidad, su doctrina permanece viva, vigente, fresca y actual para los tiempos que vivimos.

Mucha agua ha pasado bajo el puente, donde escritores, politólogos, historiadores, ensayistas y novelistas han intentado mostrar, a diestra y siniestra quien fue Perón, cuáles fueron sus aciertos y yerros, algunos lo canonizaron y otros lo demonizaron.

Es cierto, que a medida que se va ampliando la perspectiva histórica, se cuenta con una mayor objetividad para evitar hacer cosmética con su figura, o como suele suceder, haya quiénes lo interpretan y traducen según sus caprichosas conveniencias o antojadizas manipulaciones ideológicas.

Hace años que vengo estudiando sus orígenes, su personalidad, su vida íntima, su formación escolar, quiénes lo gravitaron y forjaron su carácter, los años adultos, el Colegio Militar, sus primeros destinos, sus romances, su pasión por el deporte, y tantas otras facetas de su riquísimo temperamento.

Contando con este bagaje, resulta más asequible suponer la importancia que revistió para la Argentina y para el mundo. Desde niño se destacó por ser una persona híper sensible, preocupado por las injusticias sociales que sufrían los peones que trabajaban en la estanzuela familiar. Así supo entender desde el vamos, qué era lo que le faltaba a la Argentina y qué le resultaba extraño, ajeno, lo que la estaba desangrando y sometiendo a los grandes imperios que desde siempre la asecharon.

De esta forma el niño Perón fue incorporando además de la lectura de los clásicos greco–latinos, las enseñanzas de sus formadores, entre las que se encuentran principalmente su abuela Dominga Dutey y sus hijas del primer matrimonio: Baldomera y Vicenta Martirena Dutey, quiénes le enclavaron la sensibilidad social y un profundo sentimiento humanista y cristiano. Luego se sumaron las instrucciones de sus maestros en la prestigiosa Escuela Internacional de Olivos, los consejos de su padre Mario Tomás, hasta que llegó a incorporarse a los 15 años a la milicia.

En los claustros del Colegio Militar asimiló una formación estratégica e histórica de la escuela prusiana fundada por Gerhard von Scharnhorst y August von Gneisenau, con el fundamento teórico de Carl von Clausewitz y el método de Helmuthvon Molke. Directa o indirectamente tuvo maestros de la talla de von Schlener, Ferdinand Foch, el conde Alfred von Schlieffen, Hans von Bellowy Wilhelm von der Goltz (autor del libro La Nación en Armas). Quién ejerció sobre él una influencia decisiva fue su gran capitán Bartolomé Descalzo.

Recibido de subteniente en diciembre de 1913, con dieciocho años de edad fue destinado a Paraná, Entre Ríos y a Santa Fe. “Allí vi, por primera vez y a conciencia –dirá Perón– las miserias fisiológicas y sociales. Ese impacto sobre mi sensibilidad de entonces estaba destinado a perdurar toda mi vida. Porque en aquel momento me dije: «Si algún día puedo, esto será lo primero que remedie». Comencé entonces a concebir el patriotismo, no como el amor a la tierra de nuestros mayores, ni a sus riquezas, ni a sus ciudades o sus pueblos, sino a nuestros hermanos argentinos, que son los que más merecen y necesitan”.

Los seis años en la Escuela de Suboficiales en Campo de Mayo fueron: “Una escuela para mí. Allí tomé contacto con legiones de muchachos humildes que venían desde todas las latitudes de la patria. De cada uno de ellos aprendí un poco, por esas virtudes que la tierra da mediante la escuela grandiosa que es el dolor de la propia tierra y que no iguala a ninguna otra escuela de la vida. Comprendí con ellos, porque con ellos convivía día y noche; muchas veces era yo su propio enfermero”. En esa temporada es donde se va a consagrar como maestro y líder indiscutible.

El deporte fue un capítulo clave en su vida, ya sea para completar su formación humana donde se destacó como gran esgrimista, boxeador, esquiador y otros tantos deportes, como para promoverlo cada vez que pudo hacerlo. Fundó –entre tantos clubes– el primer club de box en Paraná en 1914; años más tarde en 1920 un club para chicos de la calle en el barrio de Flores (Perón vivía en la calle Lobos 3259) que llevaba su nombre; así como también en 1936 el club deportivo destinado para los canillitas y lustrabotas en Santiago de Chile.

Luego de sus misiones como agregado militar en Chile y observador en Italia, donde descolló en ambas, regresó a Buenos Aires, con una madurez intelectual más que sólida para pensar un país mejor, una patria para todos y no para unos pocos.

Mendoza fue su primer destino ni bien regresó de Europa a mediados de mayo de 1941. Allí la providencia quiso que coincidiera con Farrell y Mercante. Ese triduo que se conformó como una roca, es el que iba a idear y ponderar un cambio sustancial en la política nacional. De esa forma casi sin saberlo se constituyeron los prolegómenos del GOU, que dos años más tarde saldría a la escena pública con la Revolución del 4 de junio de 1943.

Este hecho político, marcó un punto de partida que dará nacimiento al Peronismo. Quede bien claro, que no se trató de un golpe de estado, sino de una revolución con todas las letras. Precisamente el espíritu revolucionario se enfocó en poner freno al fraude de la “Década Infame” y del sometimiento de los intereses nacionales al servicio de los imperialismos y capitalismos en boga.

La figura de Perón creció considerablemente y a partir de ese momento hasta nuestros días la oligarquía le echó y le echa la culpa de todos los trastornos que sufre nuestro país desde hace setenta y cinco. Los “males” que le achacan, son ni más ni menos que haber repartido la torta de forma más equitativa, permitir el acceso del pueblo a la educación, a la igualdad y a la dignidad. Crear miles de puestos de trabajo, generar una batería de leyes sociales y derechos, dándole prioridades básicas. Salud pública para todos, un régimen carcelario más humano, derechos a los trabajadores, el voto femenino, generar la industrialización del país, la organización del movimiento obrero, la gratuidad universitaria, la nacionalización de los ferrocarriles y servicios públicos, la ayuda social para los más necesitados, la promoción del deporte como escuela de vida y valores, la Tercera Posición, etc.

Con los planes quinquenales, Perón planteó una planificación social organizando la comunidad. Decía: “Nadie puede solucionar un problema social si antes no soluciona un problema económico, y nadie soluciona un problema económico sin antes solucionar un problema político”. La Patria es una unidad de destino, y debe reencontrarse a sí misma, con dignidad humana y justicia social. Esas ideas revolucionarias calaron muy hondo en el sentir popular y las raíces continuaron dando sus frutos: “Lo que el árbol tiene de florido –decía nuestro poeta Bernárdez en un verso– viene de lo que tiene de soterrado”.

Es evidente que tuvo la capacidad excepcional de conocer y entender la Argentina y principalmente a los argentinos. Su cuota de realismo, persuasión y sensibilidad, son los valores agregados que lo ubican por encima ampliamente.

Tres veces fue elegido presidente constitucional. Un golpe cívico–militar en 1955 lo derrocó, teniendo que exiliarse durante largos años. Los que lo destituyeron por las armas a sí como los que gobernaron con posterioridad no hicieron mejor las cosas, no dieron pie con bola, más bien fueron un gran fracaso. Tras dieciocho años de exilio, Perón retornó a su patria y volvió a ser elegido presidente de manera aplastante en las urnas. El principal objetivo fue la fidelidad a su doctrina y a su historia. Para él, la reconstrucción del país continuaba teniendo como columna vertebral al movimiento obrero organizado, formado y capacitado. El medio para alcanzarlo era la Unidad Nacional y la reconstrucción del hombre argentino a través del pacto social, el diálogo plural con las fuerzas políticas y la puesta en marcha de un Plan Trienal.

Dos meses antes de morir en pleno ejercicio de su tercer mandato presidencial, entregaba a nuestro pueblo con enorme generosidad y sacrificio su legado doctrinario: el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. Presentado el 1 de mayo de 1974, este documento –última actualización político doctrinaria de la Comunidad Organizada– representa al día de hoy además de la última oportunidad en que la Argentina pensó un Proyecto Nacional integral, una impugnación contundente de los puntos de vista políticos, ideológicos, económicos y sociales del liberalismo.

Allí, Perón señaló que la Argentina necesitaba conformar, dilucidar e institucionalizar un “Proyecto Nacional”. Para alcanzarlo propuso un “Modelo Argentino”, porque el mundo estaba atravesando una “época de cambio revolucionario y de reacomodamientos”, y la Argentina debía iniciar su “Reconstrucción Nacional” a través de la convocatoria amplia a todos los actores de la vida comunitaria y a todo el arco de los partidos políticos. Es por eso que aseveró que si fracasaba esta convocatoria, el año 2000 nos podría encontrar “sometidos a cualquier imperialismo”. La opción era y sigue siendo, entre el “neocolonialismo o la liberación”. Palabras proféticas las del general, pues desde el golpe militar de marzo de 1976 contra Isabel Perón donde se instauró la dictadura más sangrienta de nuestra historia cuyo objetivo fue hacer desaparecer de la faz de la tierra al Peronismo, ese Proyecto Nacional quedó trunco. A partir de entonces e instaurada la etapa democrática, la Argentina viene sufriendo un derrotero de frustraciones con algunos ensayos de un “Peronismo” sin la doctrina de Perón, con un desmedido endeudamiento, grandes devaluaciones a nuestra moneda, aumento inusitado de la pobreza, desocupación, y una severa decadencia con la pérdida de los valores eternos, tal cual nos viene imponiendo la agenda de los imperialismos.

Como decíamos más arriba, hay quienes le achacan al peronismo ser el padre del populismo y la pobreza. Todo lo contrario. Para Perón, gobernar es crear trabajo, que dignifica al hombre. En modo alguno hizo asistencialismo, ni pensó jamás en planes sociales. Estas medidas precisamente son la antítesis a sus políticas revolucionarias y visionarias. Resulta atinada y muy apropiada la reflexión de Hilaire Belloc: “Los hombres son grandes de acuerdo a la grandeza de la función que desempeñan. Se hacen grandes si la función es grande, pero engrandecen a ésta aún más con su propia grandeza. Así ocurre con todos los artífices y así ocurrió con este hombre en el desempeño de su función regia”.

Fue un hombre extraordinario de una gran capacidad política como estratega y pragmático. Su ideario inspirado en la Doctrina Social Cristiana y en el Sermón de la Montaña, hoy permanece vigente y goza de una gran actualidad para dar soluciones a los problemas que nos aquejan, a pesar de los esfuerzos que pretenden imponer tanto las oligarquías como el progresismo, que insiste en argumentar que se puede hacer cualquier cosa en su nombre. Perón está presente en el sentir de su único heredero: el pueblo,­ que en un nuevo aniversario de su natalicio, celebra a su líder y sigue manteniendo inquebrantable su figura.

Ignacio Cloppet. Miembro de la Academia Argentina de la Historia.

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