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Domingo 31 de octubre de 2021
Pasos fronterizos: hay familias binacionales aún sin poder reencontrase (mención a pasos entrerrianos)
paso fronterizo concordia salto abrazo

En 1991, motivados por las propuestas y acuerdos logrados por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, para dejar conformado un acuerdo para desarrollar políticas de integración expresadas en el Mercosur, la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) decidió sumarse como institución de la sociedad civil organizada con presencia en los cuatro países desde comienzos del siglo XX y aún antes, en particular en Argentina desde 1902, al esfuerzo por alcanzar una integración convivencial plena, superando lo estrictamente económico y comercial del primer momento.

El fundamento se basó en las oportunidades para lograr concretar acciones que tuviesen centradas en aspectos que hacen a la mejor calidad de vida de quienes comparten un espacio geográfico, histórico, social y cultural común, aún cuando sean ciudadanos de países distintos.

Nació así la concepción de “espacios comunes integrados”, posibilitando la mejor utilización de los recursos instalados para beneficio de los ciudadanos, con servicios de salud, educación, laboral, turísticos y otros que se pusieron al servicio de las personas.

En la región de Salto Grande, 450 kilómetros norte de Buenos Aires y teniendo como eje la obra binacional de la represa del mismo nombre generada por Argentina y Uruguay, nace la primera asociación cristiana de jóvenes bi nacional del mundo, que cuenta con sedes en Salto, Uruguay y de Concordia, Entre Ríos.

Con orgullo decimos que fueron años de efervescencia de la integración regional, ideal al cual la YMCA adhiere y trabaja para que sea realidad. Los puentes sobre el río Uruguay y el paso por la represa de Salto Grande fueron la vía de comunicación y de integración utilizados por miles de argentinos y uruguayos que aprendieron a convivir en el sentido de la hermandad entendida como “convivencialidad real”.

Se generó el concepto de “familias binacionales”, sin importar demasiado la nacionalidad sino aquello de “la unidad en la diversidad”. El comercio local de ambos supo enfrentar las situaciones derivadas de las diferencias cambiarias, pero nunca hubo impedimentos para que concordienses cruzaran a Salto a disfrutar de una pizza con cerveza, o que los salteños pudiesen compartir un almuerzo o cena en Concordia, así como las múltiples ofertas culturales, de turismo o simplemente de diversión.

Cuando en marzo de 2019 sobrevino la pandemia, ese tránsito quedó totalmente cortado por motivos sanitarios. Hoy, ya bastante controlado el Covid-19 y sus variantes, parece que el sector comercial de Uruguay, apegado al repunte de facturación logrado por la prohibición de cruzar a Argentina quiere prolongar la situación, perjudicando a cientos de familias que lo que desean es reunirse, encontrarse y continuar con sus vidas de relacionamiento. Se confunde la necesidad básica de convivencia con lo comercial, para lo cual existen organismos específicos para su control, como por ejemplo las aduanas.

La libre circulación de bienes y personas proclamada ha quedado en eso, una simple proclama. Muertes en soledad, llantos en soledad, enfermedades que sobrevienen ante la ausencia de los seres queridos. La integración hecha trizas. Los 30 kilómetros de distancia a las ciudades de Salto y Concordia se convierten en 1.100, con un costo impresionante y beneficios económicos para unos pocos.

Testimonios impresionantes que el Grupo Puente, un colectivo de personas que supieron forjar una verdadera cultura de integración binacional a través del trabajo, del estudio, del turismo o simplemente familiar, recoge y plantea para sensibilizar a quienes tienen las decisiones políticas, hasta ahora sin resultados. Solamente trámites y más trámites ante funcionarios que no resuelven, esperan “ordenes”.

Un testimonio elocuente de lo que está pasando y que lleva al sufrimiento de familias que se conforman “binacionalmente”, fue publicado en la edición digital del diario Río Uruguay del pasado 18 de octubre, nos lleva solicitar una vez más, como institución de la sociedad civil con 119 años de presencia en Argentina y con la misión de trabajar para una sociedad más justa, solidaria y comprometida con los valores de la vida que la situación se solucione inmediatamente.

Fortalecer los lazos de la solidaridad

YMCA es la sigla de la Young Men’s Christian Association (Asociación Cristiana de Jóvenes), creada en Inglaterra a mediados del siglo XIX, y reúne más de 65 millones de miembros en 120 países.

Hace meses que esta institución le pide a las autoridades de Entre Ríos que abra el paso fronterizo entre Concordia y Salto Grande. El 19 de octubre pasado, el gobernador de esa provincia, Gustavo Bordet, firmó la reapertura de uno de los tres pasos, dejando atravesar a cuentagotas a las familias binacionales.

Pero Eduardo Rodríguez, secretario general del YMCA, dice que “todavía está muy complicado, hay mucha exigencia en los permisos de consulados de cualquiera de los dos lados para cruzar, más las trabas por los PCR, y falta de voluntad. Esperamos una nueva disposición que permita la apertura de los tres pasos fronterizos, alguna flexibilización para que todas las familias binacionales puedan reencontrase después de dos años sin poder verse”.

Gabriela Minutti es una de las hermanas protagonistas del abrazo (foto de la carta en Clarín Web) entre las vallas del puente cerrado, en Salto Grande. Es uruguaya, hace 25 años que se casó y se fue a vivir a Concordia. “Tengo dos hijos, uno nació en Salto y otro en Concordia, somos una familia muy unida y tengo a mi mamá y hermanos en Salto, los extraño muchísimo porque antes estábamos viajando de un lado a otro, pero en pandemia se hizo imposible, ya que tenés que volver por Montevideo - Buenos Aires”.

Gabriela también dijo, con mucha emoción “que todos puedan hacer lo que lo que pude lograr con mi hermana, porque las veces que fuimos a protestar nos frenaron mucho y no nos dejaron pasar”.

Quizás, ahora, que el gobernador de Entre Ríos conoce estas historias de reencuentros, se sensibilice y, con los cuidados que corresponden, pero sin dureza, pueda abrir los otros dos pasos fronterizos para que los lazos de solidaridad que el YMCA supo forjar desde hace años entre Argentina y Uruguay, se fortalezcan más que nunca.

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