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Martes 14 de diciembre de 2021
Su hijo murió atropellado en plena pandemia y ahora recorre el país en bicicleta para exigir cambios en las leyes (ciudad entrerriana)

Maximiliano Luaces se encuentra hoy en Gualeguaychú, Entre Ríos. Allí para en un camping con su bicicleta y un carro, la carpa a cuestas y apenas un puñado de elementos indispensables. Se apresta a iniciar un largo periplo por todo el país que, según sus cálculos, le demandará “unos cuatro a cinco años”.

Lo hace para pedir justicia por su hijo mayor, Gonzalo, que murió el año pasado tras ser arrollado en la localidad de San Andrés, partido de San Martín, por el conductor de un camión que se fugó sin asistirlo.

A Luaces lo sostienen ese reclamo de justicia y el reto de visibilizar el caso de su hijo para que cambien las leyes. “Se me acabó el mundo”, jura, al inicio de la entrevista con LA NACION.

Cuenta que lleva más de 16 años realizando viajes al estilo “mochilero” por todo el planeta, casi con lo puesto, pero que luego de la tragedia de Gonzalo todo cambió.

“Esto que vivo es muy difícil, me está faltando mi gran amigo, mi compañero de vida. Hacíamos videollamadas siempre. Estoy conociendo a padres que lloran a sus hijos desde hace más de 20 años y me están enseñando a vivir”, afirma.

El hecho que trastocó la vida de Maximiliano Luaces ocurrió el 14 de mayo de 2020. Eran las 10.30 cuando Gonzalo, de 24 años, se dirigía en su bicicleta a trabajar. En Campos entre Saavedra e Italia, un camión al mando de Nelson Jesús Osan lo embistió. El joven quedó gravemente herido en el asfalto. El chofer de la mole no se detuvo.

“Él vivía en San Andrés con su compañera. Iba al trabajo por la avenida Campos. Había un auto estacionado, esquivó el coche, se reincorporó y un camión de alto porte que transportaba vidrios o metales lo chocó. Ese camión no podía conducir por esa calle, por el porte que tenía, y tampoco tenía el permiso de circulación” obligatorio en los tramos iniciales de la pandemia, expuso Luaces.

Maximiliano había regresado hacía poco de su último viaje a Brasil. Y la tragedia lo golpeó con tal dureza que se planteó no continuar con sus travesías. “Se me acabó el mundo. Me dije ‘no viajo más’. Después decidí seguir haciéndolo, pero con una misión, que es la de pedir justicia por Gonzalo. Voy a recorrer la Argentina lo más que pueda, hasta el día que se haga el juicio”, asevera.

Luaces agradece el acompañamiento que recibe de la gente y de la prensa en cada lugar al que llega. Desde la ciudad entrerriana planea fijar rumbo al norte, hacia Misiones. Allí le donará un riñón a un amigo que necesita un trasplante.

Una vez que se restablezca proyecta bajar a Corrientes y viajar por Formosa, Chaco y Salta, para luego enfilar al sur y llegar a Mar del Plata.

“Estoy viajando con este dolor muy grande. Gonza era un pibe que no se preocupaba por lo que le pasaba a él, sino a los demás, al otro. Era una excelente persona, que no molestaba a nadie. Respetuoso, ayudaba... Era tatuador, un laburante. No me gustaría ser olvidado hasta el día del juicio. Voy a recorrer Argentina, pero no voy a ir pidiendo solo justicia, sino el cambio de las leyes”, enfatiza Luaces.

Juicio retrasado

El abogado de la familia Luaces es Natalio Nicodemo, especialista legal en materia de siniestros viales y reconocido por su labor junto a organizaciones como Madres del Dolor.

En compañía de Viviam Perrone (integrante de esa asociación y madre de Kevin, quien murió atropellado por un automovilista), presentaron en el Congreso Nacional, el año pasado, un proyecto de ley para endurecer las penas por homicidios en siniestros viales, que hoy tienen penas máximas de 6 años de prisión.

“Estamos a la espera de que se fije la fecha para el debate oral. Tras los peritajes pudimos comprobar que el camión tuvo tres contactos con él, por cámaras y testigos. La defensa del conductor pidió el sobreseimiento, pero se lo denegaron. El que embistió a Lucas se fugó con el camión. Primero negó todo: la policía lo paró a los tres kilómetros del hecho y decía que no había sido él, que no había tenido ningún siniestro. Después dijo que no se había dado cuenta y que lo había rozado”, explicó Nicodemo a LA NACION.

La causa está radicada en la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N°4 de Delitos Culposos del Departamento Judicial San Martín. Tras la elevación a juicio del expediente por homicidio culposo, resta probar la agravante.

Si se da por hecho que el imputado efectivamente se fugó del lugar de los hechos tras el siniestro, encuadraría en el delito previsto en el artículo 84 bis del Código Penal, que prevé penas de entre 3 y 6 años para quien “por la conducción imprudente, negligente o antirreglamentaria de un vehículo con motor causare a otro la muerte”, agravado cuando “el conductor se diere a la fuga o no intentase socorrer a la víctima”.

“Con Viviam Perrone estamos pidiendo cambiar la ley; las condenas son bajísimas. Pedimos que ante un siniestro vial, cuando haya agravantes, las penas sean de entre 3 y 12 años, que el juez pueda evaluar y tenga la posibilidad de dictar una pena mayor a la actual, de seis años, y no tener que probar un dolo eventual. El año pasado expusimos ante la Comisión Penal del Congreso el proyecto de modificación: nunca se votó”, se lamenta el letrado.

“Es una tomada de pelo” Yamila es la hermana menor de Gonzalo, y creó el grupo en Facebook “Justicia por Gonzalo Luaces”, donde postea frecuentemente información relativa al caso y pedidos de justicia por lo sucedido.

Se lamenta por el hecho de que la Justicia “siempre está a favor de los culpables, y no la víctimas”.

“Lamentablemente, Gonza no va a ser la primera ni la última víctima, porque todos los días hay un caso nuevo. Nadie hace nada, en la Justicia no cambia nada, y esta persona que mató a mi hermano hace dos días nos enteramos de que ni siquiera la licencia de conducir le sacaron. O sea, vos cometés un error y te sacan el registro, ¿pero a alguien que mató una persona no? Es una tomada de pelo hacia mi hermano y mi familia”, dice con indignación a LA NACION.

En línea con lo expresado por su padre -que considera “increíble” el hecho de que en la Argentina no exista el juicio por jurados para resolver la responsabilidad penal en siniestros viales-, Yamila exige que la Justicia “se ponga a favor de las víctimas”.

“En este país pasa siempre lo mismo. Todas las veces que nos presentamos en la fiscalía, a la víctima la vuelven a matar. Me parece una vergüenza, además, que te ofrezcan una probation. Hay testigos que declararon que el camionero, después de atropellar a mi hermano, pasó un semáforo en rojo. Podría haber provocado otro siniestro”, protesta.

“El imputado estuvo todo el tiempo libre, pasó 20 minutos en la comisaría después de que lo demoraron aquel día, y nada más. Gracias a Dios hay varios testigos. Queremos que el juicio arranque lo antes posible; es una agonía estar esperando así. Gonza era mi único hermano”, concluyó.

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