Viernes 15 de junio de 2007
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Política
Kirchner planea oxigenar el gabinete
Faltan resolver los tiempos. En principio, la idea central era el desembarco de un núcleo de ministros en las sombras, sobre cada ministerio actual, apenas concluida la elección.
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O

bvio, descuentan que el oficialismo ganará, sea ella -lo más seguro por el momento- o sea él. Sin embargo, ese pronóstico temporal comenzó a revisarse en los últimos días debido al mal tiempo que afecta al gobierno: quizá fuera procedente una oxigenación previa al desenlace electoral de octubre, recomendó más de uno. La discusión pasa entonces hoy por anticipar dicha oxigenación del gabinete -demostrando continuidad entre una administración y otra- o mantener el plan original para no exhibir una presunta flaqueza. Mientras se resuelve este dilema del reloj, ya parece concluido el listado de salidas. La primera en la hilera es una mujer, la ministra de Defensa, Nilda Garré. No hay conformidad con su gestión. Otra que partirá, aunque con posible indemnización, ha de ser Felisa Miceli: se considera concluido su ciclo en la cartera y, como mantiene óptima relación con la pareja presidencial, seguramente tendrá un interesante destino (o, para ser justos, lo que la pareja presidencial considera un destino interesante). Otro que se apartará de su ministerio será Carlos Tomada. Su estrella se opacó repentinamente en los últimos dos meses. Aníbal Fernández, a su vez, es candidato al final de mandato a pesar de su publicitada insistencia por aferrarse al sillón. Se lo extradita, devaluado como ya se sabe, a Ginés González García, quien abandona medicamentos y aborto por la diputación lograda en Capital. Hay un enigma con Alberto Iribarne, ya que Justicia ha sido un ministerio que nadie sabe si existe. Con Educación podría ocurrir lo mismo, salvo que Daniel Filmus arriesgó su cuerpo en la liza electoral y, tal vez, como premio lo guarden en el frasco del Palacio Pizzurno (por otra parte, no hay que olvidar la exagerada consideración de la señora de Kirchner, quizá por lecturas divulgativas de Felipe Pigna, de imaginarlo «el mejor ministro de Educación de la historia argentina»). Otro que seguramente permanecerá es Jorge Taiana, siempre y cuando no lo desvíen para una apuesta electoral (como segundo de Daniel Scioli, por ejemplo). La condición de «sherpa» perpetuo de Cristina, sin embargo, parece anticiparle la continuidad. Van al final, como acertijos, otros dos personajes -los más clave- del gabinete: Julio De Vido y Alberto Fernández. El hombre de Infraestructura padece -además de su guerra personal- con el jefe de Gabinete -un esmerilado de lujo por problemas propios (la cuestión energética) y por otros que la Justicia difícilmente considere antes de las elecciones. Se diría que no está bien posicionado para una nueva etapa y, además, que tanto él como otros hombres de su área (Ricardo Jaime, por ejemplo) sufren cierta antipatía de la primera dama en proceso de ser mandataria. Al revés, claro, del Fernández jefe de Gabinete, quien suma simpatías en el cupo femenino patagónico, pero aparece magullado ante el resto del equipo de la Presidencia. Sobre estas dos figuras abunda incertidumbre en torno al futuro. Tienen el aliciente de que Néstor -el nombre que sólo ellos, realmente, pueden aplicar- no estará solo si su mujer gobierna la Argentina. También él requerirá de un staff atento, vigilante, castigador de las tareas que harán sus suplentes. Parece un juego entretenido este acróstico de fechas y personajes (hay que estar advertido de que los cambios se pueden modificar), pero lo es mucho más el análisis que algunos afines e íntimos del Presidente realizan sobre el balance del último año de Kirchner. Por ejemplo, ya se reconoce el desatino y la improvisación para manejar la cuestión sindical, a partir -telegráficamente- de que se empezó con un tope salarial de 12%, se pasó a 14%, luego se cerró en 16,5% y casi todos los gremios firmaron por mucho más de 20%. Un horror de fondo como de forma resultó el papelón del primer kirchnerista sindical, Omar «el Caballo» Suárez, quien no sólo paró y destrozó parte del casino del querido Cristóbal López, sino que además avergonzó a la propia Cristina -quien pidió que lo retiren- en un cóctel en Ginebra por la voz comatosa, el aliento de alcohólico de final de fiesta y expresiones tan vulgares como sus movimientos. Por este cuadro, el que paga es Tomada: la responsabilidad, sin embargo, se sabe que no es suya, ya que a Hugo Moyano a él nunca se le ocurrió sentarlo a la mesa. Error Como si alguien tuviera secretos para manejar a los medios periodísticos -cuestión cara a las preocupaciones presidenciales-, se admite como error no haber sabido conducir relaciones y, sobre todo, lograr que el gobierno no fuera tan criticado como el mismo mandatario cree. En este rubro, el jefe de Gabinete purga condena, al menos para el resto del equipo. Otra área cuestionada como nociva para el gobierno ha sido el búnker estratégico donde se diseñó la política partidaria de la Capital Federal, sede del fracaso kirchnerista con Rafael Bielsa y ahora con Filmus. Sobre la responsabilidad oficial de ese distrito nadie duda y, además, todos los balazos apuntan al mismo blanco. Su adversario en el equipo, De Vido, sin embargo padece objeciones aun de quienes están encariñados con él: léase Carlos Zannini. Pero el abismo energético, la posibilidad de un colapso general -cada vez más cercano según algunos especialistas-, lo acosan al ministro. Más la posibilidad de que el país no soporte la tasa de crecimiento de 8% sólo por falta de infraestructura. No todas éstas deben ser calamidades de De Vido (¿acaso él estaba en contra de ajustar las tarifas?), siempre hubo un responsable mayor, pero nadie se atreve a derivar acusaciones. Más cuando al funcionario le atribuyen cierta falta de realismo con segundos como Guillermo Moreno o imprevisión en transporte o proyectos anunciados sin financiación como algún tren de alta velocidad. En Economía ya se trabaja como mandato cumplido y la ministra Miceli retoza con la tranquilidad de quien ya recibió el telegrama colacionado de despido. Por otra parte, aunque sigilosamente contribuye a desarmar el acuerdo de precios -realidad que se advierte en la tasa de inflación que no reconoce el INDEC-, propende a una flexibilización, esa dura tarea le será confiada a quien ofrece un perfil menos estatizante, como Martín Redrado. Ahora faltan las llamadas del público y decidir la fecha de la salida. Gran Hermano sólo determinará si antes o después de las elecciones produce los cambios. Lo más probable es que se vayan todos juntos. (Fuente: Ambito Financiero)
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