Viernes 22 de junio de 2007
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Política
Juan Alberto Osuna fue hallado después de 31 años de su desaparición
Halle y Germano acompañados por abogados y familiares, comentaron en una conferencia cómo fue el proceso de identificación de Beto Osuna. Es el primer caso y se pudo lograr gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense.
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or primera vez, los restos de un desaparecido en territorio entrerriano pudieron ser identificados. Ayer, en una conferencia de prensa en la sede del Registro Único de la Verdad, su titular, Guillermo Germano, anunció oficialmente que el cadáver que se halló en el Cementerio Municipal de Paraná es el de Juan Alberto Beto Osuna, quien fue muerto por fuerzas de seguridad durante la última dictadura. Los análisis genéticos realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense y comparados con los de su familia directa comprobaron la identidad de los restos. Osuna y Carlos José María Fernández (quien permanece desaparecido) fueron muertos el 25 de septiembre de 1976 en una vivienda de Rondeau al 1300, en nuestra ciudad, en el hecho que se conoce como “masacre de la tapera”, cuando se pretendió simular un enfrentamiento con efectivos policiales y militares. TRASLADO. “Nosotros estábamos convencidos que era Beto”, afirmó Rubén Osuna, hermano de la víctima, quien junto a su madre Sara y su hermana Graciela participó de la conferencia de ayer, al lado del secretario de Justicia, José Halle. “Esto nos sirve para ir a la Justicia y sepultarlo con los honores que se merece, con su nombre verdadero porque lo teníamos escondido”, consideró, flanqueado por su mamá, que no pudo contener el llanto. Luego, dio cuenta de la increíble historia sobre el hallazgo de los restos de Osuna y su posterior destino. Es que la familia del desaparecido logró contactar a un empleado municipal que fue el que sepultó los restos de Juan Alberto Osuna y de Fernández. Bajo estricto secreto, el trabajador del cementerio les indicó la tumba exacta en la que estaban los restos. “No nos permitieron sacarlo porque era un NN. Cinco o seis años después, nosotros hicimos la reducción de los restos de mi papá y los llevamos al Parque de la Paz y ahí clandestinamente sacamos el cuerpo de mi hermano. Como él tenía un paladar de platino pudimos comprobar que indudablemente era él. Hicimos todo a escondidas, clandestinamente. Llevamos los restos en un auto al Parque de la Paz y los sepultamos en la tumba de mi papá, sin que las autoridades del cementerio supieran nada”. Rubén Osuna y su familia nunca habían dejado de buscar a Beto. Habían ido a hablar Juan Carlos Ricardo Trimarco, por entonces responsable militar de la Provincia. Cuando le preguntó sobre el paradero de su hermano, el general tomó un grupo de fotos y seleccionando una, le preguntó: “¿Éste es tu hermano?”, y cuando él se lo confirmó le dijo: “Déjate de embromar porque te vamos a hacer boleta a vos también. Está muerto, déjate de joder”. También le dijo que había sido enterrado en el cementerio, sin precisarle el lugar. PRUEBAS. “Tal vez alguien pensó que podían ser consignas huecas la búsqueda de la verdad o la exigencia de justicia —remarcó Halle a su turno— pero esto demuestra lo que es la lucha, que empezó hace tiempo con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”. Luego, indicó que “la lucha de los familiares es la que nosotros hemos tomado, el Estado viene a restaurar de alguna manera el inmenso daño que le hizo a nuestro pueblo argentino. Es necesaria la reconstrucción de la verdad”. “Sabemos fehacientemente que es Alberto Osuna, que murió como consecuencia de la ferocidad de las balas del aparato militar. Vamos probando las cosas que ponemos en las dos denuncias, lo que es fundamental para el proceso penal”, remarcó Gamal Taleb, uno de los abogados querellantes. “En los huesos había restos de los impactos de bala, más allá de las lesiones en las costillas y en algunas vértebras. Con estos datos se puede reconstruir y acreditar que cada uno de los términos que se pusieron en la denuncia ante la Justicia son verdaderos”, puntualizó la doctora Marina Barbagelata, también querellante. Recordó también que en el expediente figuran testimonios que comprueban “que es mentira que haya habido un enfrentamiento” entre las víctimas y las fuerzas de seguridad. Un simulacro En el lugar conocido como La Tapera, el 25 de septiembre de 1976 aproximadamente a las 0.30, un grupo de más de 50 efectivos de fuerzas de seguridad, policiales y militares asesinaron, acribillando a balazos, a Carlos José María Fernández y a Juan Alberto Beto Osuna al abrir fuego sobre una vivienda ubicada en calle Rondeau 1396 de la ciudad de Paraná. Luego, se pretendió simular un supuesto enfrentamiento. Tanto Fernández como Osuna habrían sufrido torturas, lo que se comprobó ahora con el hallazgo de los restos del segundo, mientras permanecieron en un centro clandestino de detención. La vivienda, según los querellantes, presentaba más de 300 impactos de bala de diferentes calibres. Carlos José María Fernández había sido secuestrado el 4 de septiembre de 1976 de la fábrica Coego Hnos., en Teodolina, provincia de Santa Fe, por cuatro individuos que se identificaron como pertenecientes a la Policía Federal, hecho que fue visto por varios compañeros de trabajo. Beto Osuna trabajaba en la Dirección de Catastro de la Provincia. Su familia supo que estuvo detenido unos días en Santa Fe o en Santa Tomé, antes de ser trasladado al CCD del Escuadrón de Comunicaciones en Paraná. La esposa de Fernández, Rosario Dora Taganone, se presentó en el Comando de Ejército de Paraná donde le comunicaron que ambos cuerpos habían sido enterrados en el Cementerio Municipal de Paraná en la fosa Nº 71. En el Cementerio le informaron que no podían darle mayores datos ya que los cuerpos “no estaban identificados”.(El Diario).
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