Sábado 21 de junio de 2008
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Política
“Que la Presidenta se deje de joder con esos actos donde se arrea a los jóvenes como vacas”
Lo dijo el padre del joven tucumano muerto en la Plaza de Mayo el miércoles, cuando una farola se le cayó en la cabeza mientras esperaba el discurso de Cristina Kirchner.
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Los padres del joven que murió por ir por unos pesos al acto K

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abía viajado con amigos, convocados por punteros del PJ y a cambio de 200 pesos y promesas de empleo. Marriera recibía un plan social de 300 pesos. Quería un trabajo. Bronca, indignación e impotencia eran los sentimientos encontrados que embargaban durante la mañana de ayer a las 300 almas que se congregaron bajo un cielo plomizo en el cementerio de Lules, Tucumán, para dar el último adiós a los restos de Carlos Marriera (21), quien el último martes había viajado desde Tucumán a Buenos Aires para participar del acto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a cambio de una retribución de 200 pesos en concepto de viático y la promesa de que le iban a conseguir un trabajo. El destino, la fatalidad o la negligencia, según el punto de vista de quien lo vea, truncaron definitivamente su vida cuando una farola de 10 kilos se desplomó fortuitamente sobre su cabeza provocándole la muerte. La tragedia, que enluta al pueblo de Lules, a 25 kilómetros de la capital tucumana, sirvió para poner al descubierto la cara más nefasta del clientelismo político, donde todo vale a la hora de llevar gente para un acto o votar en una elección: “Carlos había decidido viajar al acto porque le habían prometido conseguirle un trabajo y además le iban a dar unos 200 pesitos, según me dijeron los muchachos. Yo nunca estuve de acuerdo con que hiciera el viaje, porque nunca tuve filiación política. Siempre viví de mi trabajo de canillita y de los trabajos particulares que podía hacer, pero jamás del Estado. ¿Cómo le iba a decir que no? El estaba ilusionado con poder seguir estudiando y además quería conocer Buenos Aires y la cancha de Boca. Amaba el deporte y mire cómo terminó”, sostuvo acongojado ante PERFIL Rubén Marriera, padre del joven. Según cuentan en Lules, el viaje a Buenos Aires había sido organizado por los concejales del justicialismo Roque Gaby Salazar y Ariel Sánchez. A Cambio de participar del acto habían ofrecido 200 pesos y a Carlos, según confiaron familiares y amigos, le habían prometido la posibilidad de un trabajo estable en la Municipalidad. Desde que terminó de cursar el secundario, el Gordo, como lo llamaban sus conocidos, intentaba ingresar al mercado laboral para poder tener un ingreso mensual fijo y afrontar los gastos que le demandaba la carrera de Educación Física, a donde aspiraba ingresar el año próximo, cuando terminara de rendir un par de materias que debía del secundario. Hasta diciembre del año pasado había sido beneficiario de un plan social de 300 pesos. A cambio prestaba servicios en la Dirección de Parques y Jardines. Por estos días se preparaba, ilusionado, para ingresar a trabajar en un empaque de frutillas, mientras esperaba que le saliera la designación en la Municipalidad. No fue la primera vez que jóvenes sin trabajo se embarcaron en viajes para apoyar a la presidenta Cristina de Kirchner. El mes pasado, para el acto del 25 de Mayo ya se había embarcado a Salta otro contingente, también organizado por concejales locales, sólo que aquella vez, en lugar de 200 pesos, ofrecían entre 100 y 150, porque la distancia era más corta. PERFIL intentó conectarse con los organizadores del viaje en el que perdió la vida Carlos, pero sus colaboradores los excusaron afirmando que “no están en condiciones de hacer declaraciones a la prensa”. La madre. También se quedó con ganas de explicaciones concretas Lucía Córdoba, la madre de Carlos, quien, entre el llanto y los gritos, preguntaba indignada: “¿Dónde están los que se llevaron a mi hijo? ¿Dónde están? No me importa nada ni nadie, ni la Presidenta, porque nadie me va a devolver a mi hijo”. Nadie en el Oratorio de San Antonio de Pauda, donde se realizó el velatorio, pudo darle una respuesta. “Ni siquiera tuvieron la delicadeza de traer el cuerpo en avión”, se quejó Esther Córdoba, tía de la víctima. “Tuvimos que esperar más de 24 horas para poder encontrarnos con el cuerpo de Carlos. Primero se dijo que lo iban a traer en un avión sanitario. Luego nos informaron que por convenios internacionales y por un desperfecto mecánico no lo podían hacer. Seguro que si era un político le alquilaban un avión para traerlo. No es justo que nos hayan hecho eso”, dijo. Durante gran parte del día se especuló con la posibilidad de que el gobernador, José Alperovich, visitara a la familia para darle sus condolencias, pero las horas pasaron y la visita del primer mandatario tucumano nunca se concretó. “Lo menos que podía hacer era venir y dar la cara. Carlos era afiliado al justicialismo y fue a un acto del justicialismo, ¿o acaso ya se olvidó su señora, Beatriz Rojkés, la vicepresidenta del partido?”, se quejó un familiar que prefirió no identificarse. Aunque nadie se animaba a hablar en voz alta, muchas de las miradas que ayer concurrieron al sepelio apuntaban al gobernador Alperovich y a su esposa, Beatriz Rojkés, como responsables políticos del viaje, ya que según dijeron los viajes para el acto habrían sido financiados por el justicialismo local, órgano del cual la diputada Rojkés es la presidenta. “Acá el único que se acercó a darnos una mano y a ponerse a disposición nuestra fue el intendente (PJ) Luis Kelo Dip. Después, el resto brilló por su ausencia”, señalaron los parientes más cercanos. Al sepelio no faltaron los compañeros del viaje al acto del miércoles 18 que habían compartido con Carlos las últimas horas de vida. Formaron una fila india y con caras adustas y ojos lagrimosos saludaron con un beso a los padres. “Espero que la muerte de mi hijo no haya sido en vano y que la presidenta Cristina de Kirchner se deje de joder con estos actos, en los que se arrea a los jóvenes como si fueran ganado. Ella debe dejar de prometer y dar trabajo a los jóvenes para que nunca más vuelvan a suceder estas cosas. Si la muerte de Carlos sirve para eso, quizás algún día encuentre la resignación. No sólo mataron a mi hijo, también me mataron a mí”, dijo Rubén Marriera, mientras se alejaba a paso lento del montículo de tierra donde desde ayer están enterrados los restos de su hijo. (Fuente: Perfil)
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