Martes 15 de febrero de 2011
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Interés general
Se redujo a la mitad la cantidad de casamientos
En 2010, 4.038 parejas entrerrianas fueron al Registro Civil para celebrar su matrimonio. Pero a fines del siglo pasado, entre 1995 y 1999, la cantidad de casamientos fue siempre más del doble.
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En diez años bajó a la mitad las parejas que se casan.

A

lgún romántico dirá que su amor no se sujeta a imposiciones estatales o eclesiásticas. Una mujer explicará que su pareja se consolidó en su devenir, que ya hay dos hijos, que casarse o no ya no cambia nada. En algunos se entrevé una postura política ideológica en su amor sin rúbricas; en otros, simplemente, un estado de cosas que dio casi sin planificarlo. Causas al margen, hay un dato contundente: en 2010 hubo 4.038 casamientos en Entre Ríos, menos de la mitad de los matrimonios que se sellaron una década atrás. La merma se sostiene casi invariable desde el año 2000 a la fecha si se la compara con los datos de la década de los 90. Impiadoso con la mirada romántica, o considerándola una excepción, el psicólogo Francisco Rodríguez plantea otra explicación posible a la caída en la clientela del Registro Civil: “Esto tiene que ver con una necesidad de pocos compromisos. No estamos dispuestos a asumir compromisos a largo plazo”, dice el profesional que afirma que el matrimonio “está asociado a la idea de eternidad, idea que la posmodernidad vino a destruir”. Es en este marco que “todo es relativo y asusta mucho hacer compromisos para toda la vida”. Para Rodríguez, se adapta más a estos tiempos la idea de la convivencia en un plan de “ensayo previo”. “Por ahí se casan después, pero ya están los hijos y las leyes casi igualan la situación del casado con la de la pareja que convive cinco años. Y entonces ¿para qué te vas a casar?”, interpreta. Entiende que una legislación que fue igualando de a poco situaciones dispares y una sociedad que ya no condena como antes el concubinato aportaron a la merma en la opción por el casamiento. El romántico Damián lleva diez años de convivencia y su romanticismo está intacto. “Yo no me caso porque no creo en Dios y porque no creo que tenga que dar cuentas ante el Estado de mi situación sentimental”, enfatiza y defiende los compromisos que Rodríguez no encuentra en la situación de concubinato: “El casamiento es un contrato. Pero en mi caso se asumen responsabilidades que son mucho más firmes incluso como el hecho de construir juntos una casa. Emprender este tipo de proyectos es mucho más comprometedor que el contrato que supone la unión en lo civil”, dice Damián que aclara que, en rigor, la decisión de no casarse estaba presente, en un principio, en su mujer: “Ella no quería casarse. No tuvo ningún interés cuando se planteó la conveniencia administrativa. Ella lo descartó siempre de plano”. Damián sintetiza su postura con una frase: “El casamiento sólo es un peso. Decís que te casás para toda la vida pero, en realidad, en la vida tomás decisiones de mucho más peso que el casamiento”. Sólo por hoy El psicólogo completa su perspectiva respecto del compromiso que falta para ir al altar. “Está instalado lo de la relación ‘sólo por hoy’ que se constituye en una experiencia de sostén. Llevarnos bien por hoy”, entiende Rodríguez que es la propuesta en vínculos “muy circunstanciales” según los cuales “los jóvenes se juntan, se separan y esas relaciones no alcanzan a madurar nunca lo suficiente”. Añade Rodríguez que “evidentemente en nuestras poblaciones la gente se sigue juntando” aunque con reglas nuevas que habilitan “el intercambio erótico, la infidelidad”. “El matrimonio secaría todo eso, impondría sólo la culpa, etcétera”, añade como explicación a la decrepitud de la opción matrimonial en estos tiempos. Marga convivió, tuvo una hija, se separó. Tras esa experiencia, surge para ella una verdad incontrastable: “El matrimonio está para sellar una unión que no es natural. No es la relación que te une con un hijo, de acá a la eternidad, un compromiso que asumís naturalmente”. “Cuando con tu pareja decidís casarte haces una ratificación ante la sociedad, ante el otro, pero sobre todo ante vos mismo de sostener una relación, que no digo que sea antinatural que dure toda la vida. Pero que es muy distinto a la que se entabla con un hijo”, concluye. FAMILIA. Rodríguez vincula el poco quórum de parejas en el Registro Civil con otra realidad social: la crisis de la familia. “El matrimonio es el núcleo unificador de la familia. El grupo familiar es tradicionalmente sostén, refugio. Hoy, en cambio, es un lugar de pasaje, los padres no están, están trabajando, van y vienen, los chicos pasan por la casa y se van”, diagnostica Rodríguez. Para alguna gente que optó por casarse, en efecto, el casamiento va atado pura y exclusivamente a la decisión de “consolidar una familia”. “¿Por qué decidí casarme?”, piensa Santiago y se demora en la respuesta, a dos meses de haberse separado. “Pensé que estaba enamorado y consideraba que era el momento de asumir la responsabilidad de conformar una familia después de 14 años de noviazgo”. Desde su perspectiva de abogado, fundamenta su sentir: “La familia se construye sólo a través del matrimonio. Es así que se asume la obligación plasmada en la ley para la sociedad conyugal. Si bien, por jurisprudencia hay casi una equiparación entre el matrimonio y el concubinato, hay derechos y obligaciones que sólo se asumen con el acto del matrimonio”, enfatiza. Su paso por el altar se explica de otro modo: “Soy católico practicante y me casé por iglesia para garantizar que mi familia se construiría desde el punto de vista de la Iglesia”. Su separación no le hace cambiar de postura. “Sigo pensando lo mismo. Con la sola excepción de que antes no pensaba que el concubinato previo era necesario. Hoy pienso que sí”. Mientras tanto, toma sus recaudos y asegura que “antes de volver a ponerme una alianza, voy a probar un piercing”. Año tras año Según datos del Departamento de Informática del Registro Civil de la provincia, en 1980 se casaron 8.663 parejas. La tendencia se mantuvo con altibajos en la década de los 90 y cambió considerablemente con el siglo XXI. Por ejemplo, en 1995 se casaron 9.000 parejas; en 1996, 8551; en 1997, hubo 8.910 matrimonios; en 1998, 9.014; y en 1999, 9.555 casamientos en Entre Ríos. Llegó el nuevo siglo y se inició la caída que persiste hoy. En 2000 hubo 5.031 casamientos. Con la recordada crisis de los primeros años de la centuria, la merma en el Registro Civil fue aún mayor: hubo 3.997 matrimonios en 2001; 3.346 en 2002; 3.781 en 2003. La lenta salida de la crisis le dio una chance al amor: en 2004 hubo 4.157 parejas que firmaron contrato matrimonial; en 2005, 4.178; en 2006, 4.293; en 2007, 4.571 bodas; en 2008, 4.203; y en 2009 volvió a la caída con 3.978 matrimonios. El año 2010 fue un poco mejor con 4.038 casamientos, aunque bien lejos de los datos del siglo pasado. (Luz Alcain. El Diario)
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