Opiniones
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Domingo 19 de enero de 2020
Escribe: Julio Federik (*): El caso Nisman y la causa AMIA: testimonios ausentes

Unas de las impresiones que me dejó ver el Documental “Nisman, la Presidenta y el Espía”, es que el Juicio Amia no había sido de utilidad. No es así. No hubo condenas, pero la prueba rendida acreditó definitivamente cómo y de qué manera ocurrió el atentado en el que murieron los familiares de mis representados.

De ahí que las opiniones en contrario en el documental, incluso la de funcionarios estadounidenses, solo pueden explicarse en razón de intereses propios al momento en que se efectuaron.

Es cierto que la sentencia anuló la declaración de Telleldín que atribuía a Ribelli y los demás policías haber facilitado la camioneta Traffic que estalló en la sede de la Amia. Lo hizo porque se comprobó que el Juez Galeano había gestionado ante la SIDE el pago de 400.000 dólares a Telleldín.

Lo cierto es que se probó que, estando frente a la máquina de escribir en el juzgado, recibió desde Montevideo la llamada de su mujer, quien le confirmó la recepción de los primeros 200.000 dólares, y recién ahí comenzó a declarar comprometiendo falsamente a los policías. Jaime Stiuso, que intervino desde el primer momento a cargo de Contrainteligencia y reportaba parte de sus avances al juez Galeano, declaró en el juicio que le advirtió que lo estaba engañando.

La ilicitud del pago no era el obstáculo que señaló el espía, sino la inconsistencia del relato. Telleldín se vengó así de los policías que lo extorsionaban para no perseguir sus delitos, cobró los dólares al mismísimo juzgado y, lo que es peor, generó una esperanza enorme que fue un fiasco.

Quienes pensaron que la ilicitud de este pago era un costo que debía asumirse porque permitía descubrir la verdad de lo que había ocurrido, fueron burlados. Se aprovechó de la desesperación y la angustia por el estancamiento de la investigación y ejecutó una de las estafas más crueles que conocimos.

Nosotros teníamos comprobada la materialidad del hecho, pero no sabíamos a quién había entregado la camioneta y esta pista quedaba trunca. La sospecha sobre la actuación de los iraníes no era suficiente. Si bien la acusación se circunscribía a Telleldín y los policías, en las largas audiencias se buscaba saber quienes habían producido el atentado.

Este era el gran interrogante y, por cierto, el interés fundamental de mis representados, para quienes las cuestiones de política nacional o internacional o de interés institucional, quedaban en otro plano. Y estas respuestas llegaron. Vinieron de la mano del Testigo C. Abolgacin Lefvasqui, llegó por la colaboración inestimable del estado alemán. Este ex funcionario iraní, estaba bajo su protección porque permitió esclarecer el atentado en Berlín del año 1992 a la Confitería Myconos, en el que murieron entre otros, cuatro disidentes iraníes.

Lefvasqui, que había sido jefe de la Inteligencia Iraní para Occidente, cayó en desgracia y se refugió en Turquía. Además de su testimonio sobre Myconos les hizo saber a los alemanes que conocía lo que había ocurrido en Buenos Aires con el atentado a la Amia.

A partir de allí lo llevan a Mexico y declara ante el Juez Galeano como testigo de identidad protegida y se convierte en el Testigo C. Al momento del juicio oral, reclamamos su comparecencia, pero el Estado alemán solo accedió a que declarara por video conferencia.

Para esta declaración viajaron a Berlín, Stiuso, a quien los alemanes reclamaron para la seguridad de su protegido, y el Secretario del Tribunal. Así pudimos ver y escuchar a Lefvasqui en un inglés muy claro que, además, era traducido oficialmente. En esta larguísima declaración, el Tribunal lo interrogó exhaustivamente y él explicó con soltura cómo y por qué sabía lo que estaba diciendo y reveló cómo fue decidido, planeado y ejecutado el atentado de la Amia. Dijo que Rabbani, el agregado cultural de la Embajada iraní, era miembro del Hezbollah y fue quien señaló el blanco y la conveniencia política de realizar el atentado. Brindó detalles de la ejecución del hecho, de la camioneta, del detonante y de los explosivos con una claridad y verosimilitud que, así como convenció a la justicia alemana, nos convenció a la gran mayoría de los que le escuchamos.

Cada afirmación tenía su fundamento y su razonable engarce con lo que ya sabíamos. Fue así que se despejaron nuestros principales interrogantes. El nombre del joven que estrelló la camioneta no habrá de cambiar estos hechos. Nisman entendió que estaba probado que fue Berro y el Documental lo relativiza. Lefvasqui se refirió a él con respeto como “el mártir que se inmoló en el atentado” y señaló la dignidad que los iraníes le otorgan.

Nosotros tenemos otra idea. Sabemos, por este testigo, que era un hombre joven perteneciente al Hezbollah que murió llevando a cabo el peor atentado que sufrimos los argentinos. El juicio nos rebeló cómo ocurrió y, además, quiénes fueron sus reales ejecutores y responsables.

(*) Es abogado. Fue abogado querellante por los Familiares de las Víctimas en el juicio por la Causa AMIA.

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