Opiniones
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Domingo 23 de agosto de 2020
Juan Carlos de Pablo (*): Los parecidos entre devaluar e ir al dentista

Que la tasa de inflación no depende de la emisión monetaria sino de la devaluación es una afirmación que en sentido literal es muy peligrosa, y aun dosificada resulta preocupante. En la Argentina 2020 adquiere particular importancia porque se le atribuye a varios integrantes del equipo económico. Una devaluación es una resultante, no un acto autónomo de algún funcionario que, como un día se levantó con dolor de espalda, dispuso un salto en el tipo de cambio.

Al respecto entrevisté al cubano Armando Paulino Ribas (1932-2020), quien, gracias a Fidel Castro, terminó viviendo entre nosotros. Por la misma razón, sus compatriotas George Jesús Borjas y Carlos Federico Díaz Alejandro migraron a Estados Unidos y Felipe Pazos, a Venezuela. Autodidacta en economía, disciplina que aprendió para ganarse la vida enseñándola en la Universidad de Morón, de grande cursó un máster en la Universidad de Columbia. Al igual que ocurriera con Frederick August von Hayek, Ribas es conocido entre los veteranos por sus trabajos técnicos, y por los más jóvenes por sus escritos sobre cuestiones políticas y filosóficas. Su gran hobby: cantar. 

-¿Cómo fue que, tomada la decisión de dejar tu país natal, aterrizaste en la Argentina?

-Luego de recibirme de abogado en Cuba, cursé estudios de derecho en Estados Unidos, donde fui alumno de Julio César Cueto Rúa. Regresé a La Habana en 1959, y viendo lo que estaba sucediendo, le escribí a Cueto y me vine para acá. Buenos Aires me sorprendió por su falta de modernidad, no solamente en comparación con Nueva York sino también con respecto a la propia Habana. No había aire acondicionado ni semáforos, las calles no tenían pintados los diferentes carriles. Y lo que más me llamó la atención fue que, por falta de información, a los argentinos estas carencias no les preocupaban.

-Antes de meternos en materias técnicas, me encantó Argentina, un milagro de la historia, que publicaste en 2000. ¿Por qué milagro?

-Porque la Argentina es el único país creado bajo un proceso político filosófico anglosajón o angloamericano, que fue implementado por descendientes de españoles. Cuatro hombres, en muchos casos enemistados entre sí, produjeron el milagro de la segunda mitad del siglo XIX. Me refiero a Juan Bautista Alberdi, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Justo José de Urquiza.

-En 1980, en plena vigencia de la "tablita cambiaria" aplicada por José Alfredo Martínez de Hoz, asimilaste la devaluación con ir al dentista.

-Porque en ambos casos uno resiste hasta que no da más, y la demora tiene consecuencias. En el caso del dentista pierde dientes y muelas que podría haber salvado; en el del mercado de cambios, abre tranqueras contando con muy poco margen de maniobra.

-¿Cuándo y por qué devalúan los países sus monedas?

-Cuando el Banco Central se queda sin reservas, y precisamente por eso. En un mercado de cambios liberalizado, si se quiere mantener determinado tipo de cambio, la demanda excedente de dólares del sector privado tiene que poder compensarse con la oferta excedente del sector público, y para esto último el Banco Central necesita reservas. Cuando se le terminan, hace lo mismo que un jugador que en el casino se quedó sin fichas: se retira.

-Dejame avanzar un paso más. ¿A qué se debe la demanda excedente de dólares por parte del sector privado?

-La literatura económica ofrece dos explicaciones. La del enfoque monetario de la balanza de pagos, planteada por David Hume, sistematizada en la década de 1970 por Harry Gordon Johnson y Robert Alexander Mundell, pero cuyas implicancias de política económica Federico Pinedo planteó claramente en 1962; y lo que Marcelo Diamand denominó "inflación cambiaria".

-¿Qué dice cada una de ellas?

-El enfoque monetario de la balanza de pagos dice que la población de un país se saca de encima la moneda local que supera su propia demanda, comprando dólares. Según esta explicación, un país que quiere evitar una devaluación no tiene que emitir dinero por encima de la demanda del sector privado. Está claro aquí que la relación causal va de emisión a inflación, pasando por devaluación.

-¿Y la inflación cambiaria?

-Destaca el hecho de que toda reactivación económica aumenta las importaciones, y por consiguiente, la demanda de divisas. Si las exportaciones no pueden aumentar al ritmo de las importaciones, aparece la restricción externa, cuestión ampliamente modelada por la profesión durante la década de 1960. La respuesta tradicional a la restricción externa es la devaluación, que no solamente tiene impacto inflacionario y recesivo, sino que afecta la distribución del ingreso. Al menos hace medio siglo, cuando la carne vacuna era un producto de exportación muy importante, pero también crucial como determinante del salario real. Hoy esto no ocurre, porque la soja tiene muy poca demanda local.

-Empiezo a entender. La implicancia de este último enfoque es que la lucha contra la inflación pasa por morigerar la restricción externa, para no tener que devaluar.

-Morigerarla es un fin en sí mismo, de manera que, independientemente del impacto sobre la tasa de inflación, me parece una buena idea. Claro que se da de bruces contra las críticas a la apertura de la economía, los tipos de cambio diferenciales, los impuestos a las exportaciones, la intentona de estatización del grupo Vicentin, etcétera. Lo cual vuelca la acción al otro lado, al de la compresión de las importaciones, sobre lo cual no hay mucho margen.

-¿Puede esto resultar suficiente para evitar una devaluación?

-Se trata de una cuestión empírica. Nótese que, desde el punto de vista práctico, ambos enfoques tiran para el mismo lado. Me explico: tanto la emisión monetaria como la reactivación de la economía aumentan la demanda de dólares, por lo cual, en términos de política económica, más que elegir entre una explicación y otra, hay que trabajar sobre ambas.

-¿Qué significa esto?

-Restringir la emisión monetaria al mínimo indispensable, revisar las trabas a las exportaciones, etcétera. Sin circunscribirse a las medidas, prestándole también atención a las señales que emiten los funcionarios.

-¿De qué hablás?

-Cuando los economistas hablamos de demanda de dinero, no pensamos en la demanda de dinero para gastar,sino para mantener, en efectivo o en los bancos. Esto depende de las expectativas. Cuando los fabricantes de productos de exportación afrontan los costos y los riesgos de llevar adelante sus actividades, tienen que sentirse dueños de los frutos de sus esfuerzos. Me preocupa la facilidad con la cual algunos funcionarios, y algunas personas allegadas al Gobierno lanzan como globos de ensayo propuestas que generan dudas, por no decir escalofríos. Y me preocupa por el impacto que tienen sobre las decisiones privadas.

-Recordado Armando, muchas gracias.

(*) Consultor, escritor, columnista en La Nación.

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