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Lunes 08 de noviembre de 2021
Sergio Suppo (*): Elecciones 2021: el gol en contra de Alberto Fernández en Córdoba, la tierra que nunca aceptó al kirchnerismo

Por si hubiera hecho falta, Alberto Fernández anotó el domingo un gol en contra de sus propios candidatos frente al equipo más antikirchnerista del país: la provincia de Córdoba. El Presidente, al igual que su mentora, la vicepresidenta Cristina Kirchner, habían sido expresamente excluidos del plantel para enfrentar la elección en el segundo distrito electoral del país, donde los intentos del oficialismo resultan crecientemente frustrantes según pasan las elecciones. Pero Fernández se las ingenió para entrar a la cancha y meter la pelota en su arco.

El comentario del Presidente en el que presentó a Córdoba como fuera de la Argentina había sido hecho durante una reunión con candidatos del Frente de Todos y 65 intendentes cordobeses, el miércoles pasado, en el CCK. Es un ritual que se repite cada dos años en todas las campañas: el kirchnerismo lleva intendentes cordobeses a cambio de fondos para obras. El domingo, un video de esa reunión estalló en las redes sociales con un par de frases a medida de los deseos opositores.

“Hace falta de muchos cordobeses y cordobesas como ustedes (por sus visitantes) para que Córdoba de una vez por todas se integre al país. Para que de una vez y para siempre (Córdoba) sea parte de la Argentina y no esta necesidad de siempre parecer algo distinto”.

Advertido de que Córdoba es una provincia perdida de antemano, el kirchnerismo eligió “peronizar” las listas y poner en un segundo plano a los dirigentes más ligados a Cristina. Por eso el Frente de Todos es representado por los peronistas Carlos Caserio, como candidato a senador, y por el secretario de Obras Públicas, Martín Gill.

El también intendente de Villa María (con licencia) tiene chances concretas de sumar la única banca para el oficialismo en Córdoba. Para asumir, tendría que renunciar a los dos cargos que acumula.

Aunque varios ministros nacionales pasaron por Córdoba en los últimos tres meses, ni Alberto ni Cristina han tenido contacto directo con el electorado mediterráneo, alertados de que sus niveles de popularidad ocupan los lugares más bajos en las listas de dirigentes políticos.

Una historia de distanciamiento

La dimensión del distanciamiento político de los votantes cordobeses con el kirchnerismo se remonta a la elección en la que Néstor Kirchner ocupó el segundo lugar detrás de Carlos Menem, para luego asumir la presidencia por la renuncia de éste a competir en la segunda vuelta.

En 2003, Kirchner quedó quinto en la provincia de Córdoba con un 10,81%. Dieciocho años después, Caserio registró cinco décimas porcentuales más en las últimas elecciones primarias al sumar 10,87%.

El encono de los cordobeses con el kirchnerismo es anterior al nacimiento de Cambiemos, fuerza a través de la que se canalizó el intento de frenarlo en las últimas dos elecciones presidenciales, todo a pesar de que el peronismo gobierna Córdoba desde 1999 en forma ininterrumpida gracias a reelecciones sucesivas de José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti.

El peronismo local terminó operando con una lógica de partido provincial, cada vez más ajeno al alineamiento del PJ al liderazgo de Cristina Kirchner. El conflicto con el campo, en 2008, y el abandono del gobierno de Cristina Kirchner durante una huelga policial seguida de violentos saqueos en la ciudad de Córdoba, en diciembre de 2013, son dos hechos que dejaron una herida abierta en el electorado cordobés.

A esto se agrega que tanto el peronismo mediterráneo como sus opositores, el radicalismo y el Frente Cívico, de Luis Juez, han marcado siempre claras diferencias con el oficialismo nacional.

Entre los cordobeses de a pie, en todas las franjas sociales, se mezcla un ancestral rechazo tanto al centralismo como a someterse al matrimonio Kirchner. Con razón o sin ella, Néstor y Cristina han representado para los cordobeses a los gobernantes centrales que se llevan en impuestos y retenciones gran parte del esfuerzo productivo que realizan.

Es así que, a caballo de un conservadorismo que también viene de lejos, los votantes cordobeses votaron sucesivamente por Carlos Menem, Roberto Lavagna y Mauricio Macri para expresar su rechazo a los Kirchner y sus candidatos.

Una lección para Macri

Los últimos capítulos del rechazo cordobés al kirchnerismo se inscriben en esa misma línea. Hasta Macri pagó un precio alto en las últimas PASO al tratar de imponer como candidato al exministro de Turismo Gustavo Santos, que se postuló para primer postulante a diputado nacional con el radical Mario Negri al frente de la boleta para el Senado.

Esa lista fue derrotada por una diferencia abrumadora por Luis Juez y Rodrigo De Loredo (57% a 35% dentro de la competencia de Juntos por el Cambio). El motivo: el histriónico exintendente capitalino y el extitular del Arsat se presentaron con consigna como “la versión más fuerte de Cambiemos” y “un Juez para Cristina”.

Aunque en 2015 y 2019 recibió porcentajes extraordinarios a sus candidaturas presidenciales (70% en la segunda vuelta contra Daniel Scioli y 63% en la primera vuelta hace dos años), de nada valió que Macri apareciera pidiendo el voto para Santos y Negri en una provincia que considera su “casa” y a la que analizó mudarse.

La escasa adhesión al Frente de Todos en las últimas PASO lo sacó de la competencia, cuyos protagonistas son Juntos por el Cambio y el oficialismo local liderado por el gobernador Schiaretti, Hacemos por Córdoba.

El propio Schiaretti asumió el protagonismo de la campaña para tratar de mejorar las chances de sus listas, que en las elecciones primarias arañaron el 25 por ciento, muy lejos de Juntos por el Cambio, que sumó casi 48 por ciento.

Los sondeos de opinión conocidos hasta el momento ubican a Juez y De Loredo varios puntos por arriba del 50 por ciento, con posibilidades ciertas de ganar seis de las nueve bancas de diputados, además de tener aseguradas las dos bancas de senadores por la mayoría.

La banca por la minoría, se descuenta, será para la actual diputada Alejandra Vigo, esposa de Schiaretti.

El gobernador, que instruyó a sus legisladores a votar según las necesidades de su administración en los últimos dos años, tiene ahora un discurso fuertemente critico de lo que considera una “discriminación” del Gobierno, en especial respecto de los subsidios a la energía y los servicios de transporte en el AMBA.

Durante el año, el cepo a las exportaciones de carne y las limitaciones a la producción de biodiesel produjeron sonoros rechazos de los sectores productivos, al que se plegaron los dirigentes políticos. No solo la política es reacia al kirchnerismo.

Desde Córdoba se viene fogoneando hace meses que las entidades empresariales se pronuncien en favor de la producción privada y de un plan de saneamiento fiscal y antinflacionario.

Es lo que llevó a documentos conjuntos de más de 130 cámaras de Córdoba, Entre Ríos, Mendoza y San Juan. Si Juntos por el Cambio esquivó entrar en los cruces, llamativamente varios funcionarios kirchneristas respondieron a las críticas de Schiaretti, con la lógica de que es mejor tratar de limitar la cantidad de legisladores que pueda sumar la coalición opositora.

Son, apenas, juegos menores sobre una realidad consumada. Más que quebrada, la relación entre los cordobeses y el kirchnerismo nunca existió.

(*) Periodista cordobés, especializado en política (para La Nación).

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