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Domingo 26 de diciembre de 2021
Gladis Mabel Tripcevich Piovano (*): Cómo convencer a un familiar o amigo antivacuna para que se vacune

Estamos viviendo un tiempo diferente, no solo por la pandemia sino por lo que ella ha dejado al desnudo dentro de lo cual el rechazo a las vacunas es solo un epifenómeno.

Siempre existieron personas reacias a las vacunas; la epidemia de poliomielitis de los años 50 puso en evidencia a padres que se negaron a vacunar a sus niños, y otros que confiaron.

Pero nuestro tiempo presenta elementos nuevos que han contribuido a empeorar la relación humano-comunidad-vacuna, y representan déficits conceptuales más complejos.

1) La sobreinformación

Cualquiera hoy puede acceder en las redes a información muchas veces de dudosa procedencia (hay cursos para diferenciar lo confiable de aquello que no lo es). Esto ha dado lugar a pacientes que por lejos creen “saber” porque lo leyeron en Internet y discuten diagnósticos y tratamientos obturando la posibilidad de ser ayudados, que ha posibilitado:

2) El cuestionamiento del saber científico

Su análisis excede este espacio ya que tiene varias dimensiones, pero descuella una: la pandemia ha puesto en los medios la esencia del conocimiento científico: él trabajo metodológico, paso a paso, el basarse en la evidencia, la probabilidad, la prueba o el desecho de hipótesis según el caso, es decir, la ausencia de certeza que la mayoría de la gente no tolera y que antes de tanta información mediática proyectaba sobre los médicos y su saber.

La pandemia les demuestra que no eran infalibles, y la idealización devino en denigración.

Es posible entonces que dicha idealización haya sido desplazada a las redes, en un reflujo de omnipotencia hacia el yo que cree “saberlo todo” porque dispone de ellas. Menos del 20% de los niños estadounidenses de entre 5 y 11 años se han vacunado al menos una vez hasta ahora. Menos del 20% de los niños estadounidenses de entre 5 y 11 años se han vacunado al menos una vez hasta ahora.

3) Negacionismo y conspiración

“El virus no existe, nos quieren manipular y controlar con la vacuna, nos introducen un chip para ello”.

Este tipo de pensamiento inoculado y paranoide también se ha diseminado en las redes con un poder mortífero ya que su propagación está garantizada y es muy fácil inducir el miedo.

Durante la revolución francesa se extendió lo que se llamó el “gran miedo” (toda Europa venía hacia ellos a atacarlos) probablemente por la angustia que les provocó derrocar al absolutismo. En el caso que nos ocupa, podemos pensar que el miedo al virus se ha desplazado a las vacunas.

4) Opiniones deformantes en nombre de la libertad de expresión

Si algo ha desnudado la pandemia es la distorsión del concepto de libertad, poderoso deseo que atraviesa la historia y tuvo mejores destinos que oponerse a todo lo que implique la más mínima restricción u obligación.

Y la lista puede continuar, pero ya hasta acá podemos preguntarnos porqué prenden tanto estas ideas, a todas luces distorsionadas.

La respuesta es el miedo, o peor, el terror que en la mayoría de las personas promueve un estado de angustia, que por tal, desespera por una representación, cualquiera que le ofrezcan ( y vaya que las hay) para acallarla y apuntar a ese contenido que al menos tiene forma.

Porque el virus es invisible, incomprensible, inasible, pero los médicos que promueven las vacunas no. De allí el ataque al personal de salud que por hablar del virus constituye la única realidad tangible. La conclusión, entonces es evidente.

Cómo convencer a un familiar o amigo antivacuna para que se vacune

Los argumentos no sirven para dialogar con los llamados “antivacunas”; pues de argumentos y “razonamientos“ está lleno su discurso. Se trata de algo más profundo, más originario que se sirve de la racionalidad y las palabras para hablar sus contenidos, aunque la carencia de sentido consensuado resulte tan evidente. No lo es para ellos. Y este tiempo de entronización de la post verdad que es simplemente la mentira, legitima y habilita sus “verdades”.

La caída de valores como la solidaridad, el respeto por el otro, la salud pública, barreras para el todo vale como en las guerras, ha dado paso a la defensa de una supuesta libertad e independencia, que no es otra cosa que el individualismo extremo. La oposición a las vacunas y el desprecio por la salud del semejante y la propia, son apenas una punta del iceberg.

Freud decía que inexorablemente vivir en sociedad implicaba renunciar a la satisfacción pulsional directa, que podría acabar con la humanidad misma.

Aprender a tolerar el malestar resultante formaría parte de la vida en comunidad, sobre todo el que proviene de la caída de la omnipotencia.

La historia muestra que todas las grandes civilizaciones cayeron cuando la porfía pulsional se impuso (por ejemplo: nadie sabe mas que yo) y las restricciones comenzaron a relajarse. Es decir, no es la primera vez que sucede, pero sí es nuevo que hoy comprometa a todo el mundo.

(*) Magister en Psicoanálisis por Universidad CAECE y Asociación Psicoanalítica Argentina. Doctora en Psicología por la Universidad del Salvador. Buenos Aires. Miembro Titular en Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)y la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA). Secretaria del Departamento de Psicoanálisis y Sociedad. Asociación Psicoanalítica Argentina. Presidenta del Comité Ejecutivo del  Foro de Catedráticos Independientes de Ecobioética. UNESCO. Univ. Haifa. Miembro del IFT International Forum Teachers.

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