Domingo 15 de enero de 2012
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Interés general
18 mil personas disfrutaron de la segunda noche de carnaval
Llegaron cerca de 18 mil espectadores a Gualeguaychú para disfrutar del Carnaval del país, si bien la concurrencia para la segunda noche fue menor que la esperada. El número fue casi idéntico al del año pasado.
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Las tres comparsas desfilaron por el corsódromo.

E

n la segunda jornada del Carnaval del país de Gualeguaychú, cerca de 18 mil personas fueron las que se congregaron en el Corsódromo. El número fue casi idéntico al del año pasado y, obviamente, se descendió respecto a la velada inaugural. No obstante, la gente disfrutó del espectáculo: las tres comparsas salieron a jugar al todo o nada, expusieron sus trabajos en forma íntegra y por ende fue muy pareja la perfomance de Papelitos, O’ Bahía y Marí Marí, con un alto nivel de despliegue y puesta en escena, casi sin fisuras. Todo parece ir acomodándose lentamente, noche a noche. Por eso fue que la segunda noche del Carnaval del país tuvo un alto nivel competitivo entre las tres comparsas, como siempre se espera en Gualeguaychú. Hacía mucho tiempo que no se veía tanta paridad entre las tres comparsas (Papelitos, O’ Bahía y Marí Marí) que más campeonatos lograron en la historia carnavalera de Gualeguaychú. Si bien la intención de los organizadores fue revertir el horario de inicio -luego de que la primera jornada terminara cerca de las 6 de la madrugada-, no pudieron lograrlo. Está visto que la gente tomó como “una costumbre” llegar cerca de las 23 al Corsódromo y no incorpora la información que dice que se arranca a las 22. A ello se suma que ya no está la banda del Carnabailando de los dos últimos años, que oficiaban de lanceros para arrancar a horario el carnaval y obligaba a que la gente se apurara cuando escuchaba la música o veía que el carro arrancaba por los 500 metros de la pasarela. Exactamente a las 23 arrancó Papelitos, con su “Fogón de murga”, en homenaje al corso barrial. Nuevamente, hubo un buen trabajo de la Comisión de frente que coordina -como la puesta en escena- el creativo e incansable Rubén Rodríguez, quien al costado de los integrantes recorre el Corsódromo más veces que cuando era protagonista central. Incluso, pudieron superar sin que casi se diera cuenta el primer jurado del Corsódromo, cuando Germán Farabello bajó de su camión, tomó el micrófono para decir la parte que le corresponde y el sonido nunca funcionó. Como cada comparsa que arranca en una velada, Papelitos salió con mucho ritmo y pasión carnavalera en cada una de sus escuadras. La banda musical de Titi Pauletti tuvo algunos problemas en especial en cuanto a lo vocal (porque lo instrumental es brillante), pero lentamente se fueron acomodando. Lo más brillante de la comparsa fue nuevamente el trabajo de la batucada y la pasista Noelia Mouzo, que, más allá de los méritos de sus competidoras, hasta ahora se ha mostrado unos escalones arriba, en especial por el despliegue que hace –y al que nos tiene acostumbrado-, junto a la conducción de Martín Piaggio. A las 0.38 comenzó a desplegarse O’ Bahía, que sin dudas ha sido una grata sorpresa en esta edición, después de presentaciones de los últimos años, donde los trabajos mostrados no estuvieron al nivel de ediciones en que enamorara al público, al jurado y saliera varias veces campeona. Está visto que el trabajo dirigido por los ex Kamarr, Ruth Zárate y Jorge Rodríguez, ha sido muy pensado y trabajado para esta edición. El tema “Golpe de suerte”, relacionado a las tentaciones, debilidades y vicios con el juego en que cae gran parte de nuestra sociedad y sus derivaciones, está muy bien logrado, con una puesta en escena con mucho detalle. Hay una perfomance destacada de las cuatro personas que van atravesando, desde el arranque, las diferentes etapas del juego de azar, atravesando la usura, los banqueros, los rematadores que se terminan apropiando de los bienes de un individuo, enfermo por esa situación. Pero es importante la puesta en escena que se logra a través del desarrollo de la comparsa, siempre acompañado de un rol musical que resulta preponderante, que muestra ductilidad y que atraviesa por sones de Charleston o de tango, hasta con algunas notas que son del propio Quini 6. El error quizás sea la falta de coreografía conjunta en la puesta. Se parte con una Comisión de frente y luego se observan algunas individualidades que van apareciendo con el transcurrir de la comparsa. Pero está claro que es otra O’ Bahía con respecto a años anteriores (con carrozas muy bellas y un muy interesante diseño de la indumentaria de cada escuadra y pasista) y que hoy por hoy –en estas primeras dos noches-, seguramente está con un puntaje por el cual pelea el título que tiene Marí Marí. Tal vez la batucada no está al nivel que tiene hoy la comparsa y no alcanza con el enorme despliegue de la brasileña Yolanda Reis. Por último, exactamente a las 2 se lanzó Marí Marí, después de su baja perfomance de la noche inaugural. Como siempre sucede, los rojinegros de Central Entrerriano comenzaron a aplicar la vieja metodología: ir de menor a mayor en las noches del Carnaval del país. Marí Marí salió diferente; compacta, coordinada en cada detalle, sin fisuras ni problemas de sonido, como le pasó el sábado pasado. Titi Riciutto, el ex Fobo del año pasado, comienza a afianzarse, nuevamente, como una de las figuras principales, en eso de ser ahora “Nun, guardián de las aguas”, el tema central de la comparsa. Sigue faltándole una perfecta iluminación a su figura, al aparecer en lo alto de la carroza, porque por lo general la gente concentra su mirada en la coreografía de la Comisión de frente -sin dudas lo que mejor se ha visto en ese rubro- y se pierde las escenas de Riciutto, gesticulando todo el tiempo como un pez. Quedó claro que comenzaron a reaparecer figuras femeninas fundamentalmente –que no habían estado en el primer sábado-; volvió a incorporarse uno de los bailarines de Ideas del sur del año pasado; hubo nuevas escuadras y trajes que se completaron. La comparsa que dirige Adrián Butteri sigue demostrando que en coreografía nadie se le aproxima. Hay grupos –en especial las más jóvenes, que conducen Mariana Cabrera o Silvana Ferrari- que disfrutan como nadie el hecho de bailar; lo viven en cada metro del Corsódromo y eso es muy saliente. Pero también tiene individualidades, como el caso de la arquitecta Estefanía Rivas, quien también vive de un modo muy particular la danza, en su rol de pasista de la batucada de Mauro Andrada y la afinada banda de Martín Irigoyen. Marí Marí va logrando su brillo poco a poco. Pero lo saliente de la segunda velada fue que resultó como la noche ideal, porque cada una de las comparsas, con el nivel parejo demostrado, dejó claro por qué en Gualeguaychú se vive el Carnaval del país y no en otro lado.
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